ELOBSERVADOR CRONICA DE UNA SEMANA EN EL VATICANO


Francisco: una agenda global que resuena en Argentina

Los autores, con un vínculo personal con el Papa, compartieron con el Pontífice los días en que volvió a tener un cortocircuito con el gobierno. Aquí, relatan su impresión sobre un líder global.


Foto:Presidencia

En la semana que permanecimos en la Ciudad del Vaticano intuimos que el “Recen por mí” que suele reiterar el papa Francisco es mucho más que una simple muletilla de despedida: expresa un anhelo profundísimo de quien se siente necesitado de ese apoyo espiritual por parte de todas las personas del mundo, sin importar su signo confesional.
Al llegar a Roma, se comenzaba a entender el enorme significado del encuentro convocado por Francisco sobre el drama mundial de la trata de personas, el crimen organizado, las esclavitudes modernas y el tráfico de órganos humanos, con la asistencia de 150 juristas destacados y especialistas provenientes de todo el mundo. Resonaba aún en el aire su memorable discurso, en el que expresó con firmeza y claridad: “Estos son crímenes de lesa humanidad (…) que requieren una delicada conjunción entre la justicia y la misericordia (…) para una reinserción que vale tanto para los responsables como para las víctimas”.  El documento final incluye diez objetivos que recogen legislación y jurisprudencia de varios países que profundizaron en estos temas y que tiene puntos históricos, como por ejemplo: “La sanción de los clientes de servicios sexuales debe constituir parte integral de la legislación…”.  

Reformas en la curia. En esos días nos nutrimos del contenido de sus misas en Santa Marta: las reflexiones sobre “el navegador” de las bienaventuranzas y “los cuatro lamentos” de las ayes evangélicas. Otro día alertaba sobre “la espiritualidad del espejo que no alimenta su luz con la batería de la oración”. Además, en sus dos audiencias públicas, miércoles y sábado, presenciamos que decenas de miles de personas llegadas de los más variados países escuchaban conmovidas sus palabras. El Angelus del domingo dio lugar a una misa por y con los discapacitados en el marco del jubileo de los enfermos. Impactó hasta las lágrimas que la lectura del Evangelio fuera hecha por un joven con capacidades diferentes. Miles de personas bajo el sol colmaban San Pedro.
Conocimos de sus extensas jornadas de reuniones con el grupo de cardenales “G9”, que hace tiempo trabajan en las reformas de la curia. Mantuvimos reuniones con los directores de L’Osservatore Romano, Giovanni Vian y Silvina Pérez, y con el prefecto para la Secretaría de Comunicaciones Vaticanas, monseñor Darío Viganó. Pudimos conocer la profesionalidad de estos medios oficiales papales, la profundidad y el alcance de las reformas en todo el sistema de comunicación de la Santa Sede, encargadas y seguidas muy de cerca por Francisco.
En esos pocos días nos enteramos de que Bergoglio estaba trabajando en los detalles de su decimosegundo viaje apostólico que en días realizaría a Armenia, con toda su problemática de historias de genocidios étnicos. También trabaja en la preparación de sus mensajes, discursos y homilías y enfoques misioneros para su próximo viaje a Polonia por las Jornadas Mundiales para la Juventud. Y, aprovechando la cercanía, en un evento que será su conmovedora y muy significativa visita al campo de exterminio nazi en Auschwitz.
Prácticamente todo un día dedicó a un tema central en su papado, el diálogo ecuménico. Se reunió con una delegación mundial de Iglesias Reformadas que vienen elaborando documentos juntamente con el Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos. A muy pocas horas, recibió una nutrida delegación de representantes de Iglesias Evangélicas de Estados Unidos en el marco del encuentro carismático pentecostal ecuménico.
Agotadora nos pareció su agenda de audiencias oficiales con representantes diplomáticos de Qatar, Chile, Bélgica, Malasia, Israel, Polonia y otros tantos delegados eclesiales y sociales.

Encuentro privado. Nos enteramos de que el lunes siguiente le esperaba una visita de enorme significado en el marco del Programa Mundial de Alimentos, organismo dependiente de las Naciones Unidas. Hoy ya conocemos su discurso intenso, profundo y muy aplaudido. Sin que le pasasen por alto las noticias trágicas que llegaban de Orlando, no dudó en decir: “Mientras las ayudas y los planes de desarrollo se ven obstaculizados por intrincadas e incomprensibles decisiones políticas, por sesgadas visiones ideológicas o por infranqueables barreras aduaneras, las armas no lo están”.
Francisco ya es considerado por no pocos analistas de todo el mundo la persona más influyente en los aspectos moral y espiritual del planeta en la actualidad. Los mismos no vacilan en considerar que será una de las tres o cuatro personas más relevantes y referentes en la historia de la humanidad. No será difícil deducir que para los argentinos, a pocos días de celebrar el bicentenario patrio, es la persona más importante y trascendente de nuestra historia nacional.
Tuvimos el honor de mantener con Francisco una hora de reunión privada. Con plena conciencia de estar ante la persona descripta en el párrafo anterior, una vez más se mostró amable, sencillo, cercano y espiritual. La amistad de años de uno y el sentido trascendente de su trayectoria en los medios del otro participante, nos impelen a respetar el contenido y los detalles de ese encuentro privado. No porque lo dialogado sea secreto, sino por la investidura de Su Santidad y por la percepción de que alardear sobre la misma con frases o fotos, de alguna manera banalizaría innecesariamente un momento tan alto en lo espiritual y lo humano.

Argentina. Mientras seguíamos reflexionando en estos conocimientos públicos y privados con el papa Francisco en el marco de la búsqueda de una oración inteligente, algunas noticias nos llegaban de nuestro país: el amplio debate sobre la publicación de una foto y su misteriosa semiótica de la reunión privada mantenida con un juez argentino, jurista que entre otros compatriotas expondrían en las jornadas citadas; la continuidad del debate de la recepción de Hebe de Bonafini sin siquiera rozar el costado pastoral de la misma; su pedido a Scholas de renuncia a una donación, interpretada como un desplante, cuando para nosotros no significó nada más que un gesto coherente con su historia y quizá su gran obsesión, “los esfuerzos deben ser destinados a los más necesitados” y la interminable exégesis de la cara de Francisco sobre su último encuentro con Mauricio Macri.
A los coterráneos apóstoles de Jesús y a muchos de sus discípulos les costó mucho saber cómo manejar ese fenómeno y comprender su lógica argumental y de vida. Por ello, a muchos les resultó un camino más fácil intentar manejarlo y etiquetar al mismísimo Jesús. Llevarlo a sus propias cosmovisiones políticas, sus ambiciones de figuración temporal, las exégesis de su misión revolucionaria o sus intentos de hablar o actuar en su nombre y representación.
Salvando las distancias: ¿no será que estamos haciendo algo parecido con el papa argentino? ¿Será que al no poder “manejar” como pueblo el enorme significado histórico de uno de los nuestros, queremos “manejar” su vida, su palabra y hasta su agenda? ¿Será que una vez más citaremos con Jesús el proverbio popular “nadie es profeta en su tierra?

Convulsiones políticas. A pocas horas de arribar a Buenos Aires, y pese a todo lo que habíamos vivido y experimentado en escasos días, nos llegaban noticias de un nuevo capítulo en el que se cuestionaba al Papa en asuntos locales ya comentados. Agotados por esos días de dedicarnos a conocer más sobre las comunicaciones del Papa, llegamos a reírnos pensando si todos los que escriben y editorializan se interesan de verdad por conocer su agenda, su incansable tarea pastoral, su compromiso diario con su pontificado, con cuántas personas toma contacto cada día. Sus llamados oficiales e íntimos, las notas, documentos y cartas personales que lee y responde, las almas que anima y acompaña espiritualmente.
Elegimos elevarnos sobre el nivel de la rutina, salir de la pequeñez del enfoque local, para no perdernos la oportunidad de conocer el verdadero valor de su presencia en este tiempo, como un faro de esperanza, sabiduría y ejemplo de servicio para todos los seres de la humanidad, cualquiera sea su creencia, sin distinción de raza o cultura.  Decidimos no perdernos la oportunidad de celebrar cada día que el papa Francisco, un hombre salido de nuestra tierra, admirado y querido en el mundo entero, está entre nosotros trabajando por un mundo mejor, por la justicia, el cuidado del planeta, la vida, los más necesitados, por los pobres de espíritu, por la paz y el amor.  Llevando el mensaje hasta los confines del mundo, incluso a donde él mencionó pertenecer en su primer saludo apostólico, “el fin del mundo”, Argentina.

 

Federico Lombardi, hombre clave en la curia

Fue para nosotros un verdadero gozo y honor poder grabar un programa de radio en el ciclo Diálogos para el encuentro, de FM Milenium con Federico Lombardi, vocero de los tres últimos papas. Sin duda, sus palabras sobre la fuente de referencia de Francisco fueron muy reveladoras: “Todos tenemos la necesidad de entender la verdadera voz del Papa, de lo que habla, de lo que dice. Y no estar tan disponibles a creer lo que dice uno, el otro. Tener el gusto de la fuente. De ir a las palabras mismas del Papa. Es importante ir a la fuente y entender el mensaje pastoral, religioso, de amor del hombre, de misericordia. No es un mensaje de intereses particulares, de discusiones políticas”.
Nos quedamos reflexionando de una manera nueva, amplia y profunda de lo que verdaderamente significa rezar por Francisco, el papa argentino. Pero también nos quedó un interrogante. ¿No será que también, o mejor dicho antes,  deberemos orar por nosotros, los argentinos? ¿Será quizá un buen tema de oración buscar en el alma personal y de nuestro pueblo la sabiduría de comprender, discernir y aprehender el valor de Francisco en toda su dimensión temporal y universal?
Pensamientos, preguntas, reflexiones, tristezas, y la convicción de que esa frase “recen por mí” es un ejercicio complejo pero necesario, una oportunidad de acompañamiento pero también de conocimiento, una moneda de dos caras y un espejo donde mirar nuestras grandezas o descubrir nuestras mezquindades.

 

*Biblista protestante.
**Comunicador, director de FM Milenium. Católico practicante.



Redacción de Perfil.com