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Gauchos judíos: la argentinidad entre mates y varenikes

La AMIA digitalizó su información sobre la inmigración judía. Imágenes que permiten ver cómo era la vida de quienes, atraídos por la promesa de paz y trabajo, se volvieron gauchos en su nueva tierra.

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Foto:Cedoc Perfil

“Paz y administración”, fue el lema de Julio Argentino Roca en 1880, cuando buscaba consolidar el Estado, finalizar la obra “civilizadora” e insertar el país en el mundio a través del modelo agroexportador que dominó hasta el Centenario.
La inmigración masiva para lograrlo fue un proceso fomentado por el gobierno. Eran tiempos en que muchos judíos europeos buscaban otros destinos donde instalarse a causa de los pogromos, expulsiones y discriminación en sus países de origen. Querían un lugar donde pudieran ejercer su fe libremente. Llegaron seducidos por la propaganda y por las promesas de tierras.
En 1889, llegó un barco con 824 personas que fundarían la primera colonia agrícola judía: Moisés Ville. “El primer grupo de colonos se encontró con los avatares propios de quien abre un camino. Sufrieron los desencajes entre lo prometido y lo que consiguieron. La Alianza Israelita Universal –una organización política establecida en Francia en 1860 con el fin de asistir a judíos– los había ayudado a generar el contacto para comprar tierras y, a partir de ese dato, viajaron a Buenos Aires. Cuando llegaron al Hotel de Inmigrantes, el grupo se dio cuenta de que las parcelas no estaban disponibles y así se encontraron con la primera desilusión”, explica Ana Weinstein, directora del Centro de Documentación e Información sobre Judaísmo Argentino Marc Turkow. Finalmente, fueron ayudados por judíos que ya vivían en el país y en 1891 obtuvieron las tierras en la provincia de Santa Fe.
Enseguida, el barón Mauricio de Hirsch, un célebre filántropo judeoalemán que estaba dispuesto a ayudar a sus correligionarios, creó la Jewish Colonization Association (JCA), con un plan de financiamiento que posibilitó que se sentaran las bases de la colonización judía.

Los gauchos. El intercambio de costumbres con la población local fue ineludible. “Los colonos aprendieron a arar la tierra a partir del contacto con los gauchos que buscaban trabajo en la zona. Además, comenzaron a vestirse igual que la gente de campo, por lo que recibieron la denominación de gauchos judíos. Por otro lado, los hijos de los nativos asistían a las escuelas de la comunidad y aprendían el ídish”, cuenta Weinstein.
Se creó un compromiso comunitario dentro de las colonias contenido en ciertas instituciones como la escuela, el hospital, la biblioteca y la sinagoga. Los judíos marroquíes de habla española se convirtieron en los educadores porque podían transmitir el contenido judaico en castellano. De este modo, también hubo un intercambio entre judíos de diferentes nacionalidades.
En la década del 30, el país cambió el modelo económico. Los hijos de los colonos empezaron a tomar distancia de las zonas rurales porque querían que sus hijos recibieran una educación mejor.
En la colonia Mauricio, la tierra empezó a cotizarse muchísimo y resultó más rentable la venta del terreno que producir en él. Los colonos preferían obtener el dinero y mudarse a Buenos Aires. Mientras que muchas colonias entraban en la etapa de decadencia, en Entre Ríos se fundaba una nueva: Avigdor, integrada por judíos alemanes que habían escapado del nazismo.  
Jaime Jruz es presidente de la comunidad de Villa Domínguez, que forma parte del Circuito Histórico de las Colonias Judías de Entre Ríos. Cuenta  que “acá tenemos un museo muy importante donde están todos los archivos y toda la historia completa de la colonización judía. De las sinagogas, quedan algunas fachadas, y los cementerios todavía están en actividad”.
Según Weinstein, las colonias se convirtieron en punto atractivo de visita: “desde AMIA, apoyamos mucho que se cuiden estos espacios. Si bien quedan algunos lugares con vida judía organizada, la mayoría creó infraestructura de recepción para mostrar el lugar como punto
histórico del país. Viajar a las colonias permite reconstruir cómo era la vida allí”.



Florencia Tuchin