ELOBSERVADOR MAXIMA SEGURIDAD PARA GUZMAN, EL NARCO MEXICANO

Guantánamo en Manhattan: la cárcel del Chapo en Nueva York

Las condiciones del Metropolitan Correctional Center son consideradas aún más duras que las del penal de la base militar en Cuba. Ahí, cerca del Empire State y el Central Park, espera el juicio el ex líder del cartel de Sinaloa.

No detenerse. Pese a que es casi inexpugnable, el presidio es vecino a las zonas comerciales y económicas más importantes de la ciudad, en plena isla de Manhattan.
No detenerse. Pese a que es casi inexpugnable, el presidio es vecino a las zonas comerciales y económicas más importantes de la ciudad, en plena isla de Manhattan. Foto:cedoc

El Chapo Guzmán está preso en el Centro Correccional Metropolitano de Manhattan, una cárcel de máxima seguridad en Estados Unidos. Y decir “cárcel de máxima seguridad” lleva a imaginar una mole densa de ladrillos y rejas en los confines mismos de la civilización. Sin embargo, en una calle cercana al City Hall hay un cartel. “No detenerse en ningún momento”. Alrededor de esa indicación, la gente pasa. Un hombre hace footing. Una mujer lleva una bolsa de supermercado. Pasa una bicicleta, pasa un auto, un colectivo. Hay una plaza. Se escuchan voces de niños, bocinas y pájaros. Alguien habla otros idiomas. Es Nueva York. Es la ciudad donde se construyeron los primeros rascacielos del sueño de ese nuevo mundo. Es la calle 150 en Row Park y se puede llegar cruzando la vereda a la salida del subterráneo. El Metropolitan Correctional Center (MCC) forma parte de la Agencia Federal de Prisiones y tiene 12 pisos y muchas ventanas con vidrios esmerilados color turquesa claro, que llaman la atención sobre el beige de los ladrillos en la fachada. Por dentro, hay 795 prisioneros mafiosos, estafadores, traficantes y terroristas. Ahí está Joaquín “Chapo” Guzmán Loera, jefe narco líder del Cartel de Sinaloa, extraditado desde la ciudad de Juárez, al norte de México, el 19 enero de 2017 por 17 delitos imputados en el Tribunal Federal de Brooklin. Guzmán rechazó las acusaciones. Hace unos días hubo una audiencia judicial para evaluar si el detenido estaba conforme con la defensa legal. El juicio será en 2018. Mientras tanto, debe esperar aislado en una celda como el resto de los detenidos. Ese es el punto del conflicto: las condiciones de reclusión. El reo tiene una serie de “beneficios” que generan batallas argumentales entre quienes están a favor o en contra. La fiscalía se opone a la flexibilidad, la defensa exige nuevas reglas y Amnistía Internacional pide analizar la situación que atraviesa Guzmán. De los 11 pedidos que hizo, siete fueron total o parcialmente concedidos. Este artículo muestra cómo es el nuevo hogar del Chapo, el conflicto entre ambas posturas y el detalle más metropolitano del contraste: asignaron una cárcel de alto riesgo en pleno centro neoyorquino a un delincuente popular con experiencia de prófugo.

Calle Row. A unas cuadras de la estación City Hall, subiendo por la calle Row, está el Row Park Building; uno de los primeros rascacielos, construido en 1912 como símbolo de una nueva era. Y a 135 metros de ahí, sesenta y tres años después, el gobierno erigió otro emblema de las “supermax” o cárceles de máxima seguridad: el MCC; uno de los correccionales más temidos. Según Ahmed Ghailani, preso en Cuba y EE.UU. por terrorismo, estar ahí es peor que Guantánamo, donde las condiciones son “más placenteras” y “más relajadas”, habría dicho el delincuente a su psiquiatra, de acuerdo con información difundida por el New York Daily News. Incluso David Patton, director ejecutivo de la Oficina de Defensores Federales, declaró que el lugar estaba “diseñado para volver loca a la gente de manera intencional”. También Vincent Basciano, jefe criminal de la banda de los Bonanno, condenado a cadena perpetua por extorsión, descalificó la prisión. Es “una cámara de tortura que el gobierno usa para tratar de hacer que un acusado coopere”, dijo a través de su abogado, Mathew Mari. Más tarde fue trasladado al correccional de mayor seguridad en el país, en Florencia, Colorado, y no perdió oportunidad para decir que ese lugar era “un hotel cinco estrellas en comparación con el 10 South” del MCC.

Zapato. Ambos, Basciano y Guzmán, conocen El Zapato: el ala de máximo riesgo en el famoso piso 10 de la Unidad Especial de Viviendas, donde está el Chapo desde enero. Es un sector con seis celdas confinadas al aislamiento y el silencio. Una red de cámaras monitorea la fortaleza por dentro y por fuera, con una potencia capaz de leer un periódico a la distancia. Por corredores internos llegan a los tribunales, pero Guzmán debe ser trasladado a Brooklin para el juicio; cosa que representa una alerta para el servicio de seguridad. Su celda es una de las más grandes, con 6 x 3,6 metros. Las luces fluorescentes deben permanecer encendidas 23 horas diarias, recibe la comida por una ranura de la puerta y no cuenta con una visión nítida desde su cubículo hacia afuera; aspecto que habría causado trastornos oculares a varios presos, según declaraciones de Uzair Paracha, recluido ahí durante dos años por haber dado apoyo material a Al-Qaeda.

Días atrás, Joaquín “Chapo” Guzmán se presentó en el tribunal de Brooklin y solicitó una revisión de las condiciones de habitabilidad a las que está sometido, por considerar que se estaría debilitando física y psicológicamente. El caso despertó una batalla. La defensa pelea por mejores condiciones de vivienda y la fiscalía ve amenazas a la seguridad en la cárcel, considerando los dos antecedentes del prófugo en prisiones de máxima seguridad en México.

En medio del conflicto, la organización Amnistía Internacional criticó que “las medidas administrativas especiales” deban ser aprobadas por el fiscal y pidió analizar las condiciones del mexicano. Paralelamente, en los 121 días que lleva encerrado, Chapo Guzmán presentó 11 reclamos de excepciones y obtuvo prácticamente siete (63%); entre ellos: una radio, un reloj, recibir seis aguas embotelladas cada 15 días porque el agua le irritaba la garganta, y contar con la visita diaria de sus abogados, con quienes mantiene reuniones de hasta cinco horas. También exige permisos para recibir visitas, establecer contacto por carta con su esposa, Ema Coronel, sin los controles pautados por la fiscalía y sin intervenciones que vulneren la defensa de los abogados.


Preso, pero con privilegios

La fiscalía considera que Guzmán tiene privilegios inusuales para un preso del 10 South. Argumentan que recibe un “ejército de abogados, asistentes legales, investigadores e intérpretes”, según informaron medios norteamericanos la semana de la audiencia. Los fiscales apuntan a controlar a asesores legales no estadounidenses ante un eventual espía infiltrado del cartel y a frenar autorizaciones que escapen de los procesos definidos. Solicitaron al juez Brian Cogan, al frente de la causa, que rechazara el pedido de Amnistía Internacional por no ser una “autoridad de supervisión” en la cárcel y no formar parte de la acusación.

Lo llamativo es un dato que circuló en un medio local luego de la audiencia de mayo. “No hay registro alguno de dónde está preso (Guzmán) en el directorio” del Buró Federal de Prisiones. El otro punto son los antecedentes del MCC. Aunque es conocida por sus medidas de seguridad, hubo varios casos de fuga. Uno de ellos fue el de Anthony Boyd, un ladrón de bancos que en 2009 escapó del correccional de la manera más simple: salió por la puerta principal.

¿La causa? Un error administrativo.


Terroristas, mafiosos y el Lobo de Wall Street

Aunque la Oficina de Prisiones no identificó a los presos que residen en el piso 10 donde está el Chapo Guzmán, según el New York Times, las entrevistas con abogados y una revisión de documentos judiciales permitirían identificar que Guzmán comparte su hogar con distintos delincuentes.

Muhanad Mahmoud al Farekh. Fue acusado con nueve cargos por conspiración, provisión de material terrorista, uso de armas de exterminio masivo, ataques, y asesinatos en EE.UU. y en Pakistán.

Ahmed Khalfan Ghalani. Africano nacido en Tanzania. Condenado a cadena perpetua por colaborar en la organización terrorista Al-Qaeda. Fue responsable de las bombas en las embajadas norteamericanas de Kenya y Tanzania, donde murieron 224 personas.

Ross William Ulbricht. Condenado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad bajo fianza por hackeo, conspiración por tráfico de drogas y lavado de dinero. Desarrolló un mercado paralelo con una ruta digital pirata conocida como “Silk Road” o “Ruta de la seda”.

Bernard Madoff. El Lobo de Wall Street fue condenado a 150 años de prisión por una estafa de 50 millones de dólares. Le decomisaron 17.179 millones de dólares.

Yankel y Yani Rosenthal.  Empresarios hondureños acusados por lavado de dólares, narcotráfico internacional y sus organizaciones criminales.



Cecilia Moncalvo