ELOBSERVADOR DIMITRI VLASSIS

Hay que estudiar en cada país la ‘cadena de la corrupción’

El titular del departamento de la ONU que combate prácticas corruptas pide medidas concretas y recomienda evitar la “resignación social”.

cambios. “La comprensión de que es un estilo de vida es otra. Es necesario menos tolerancia y más exigencia para mejorar políticas de servicios y funcionarios”.
cambios. “La comprensión de que es un estilo de vida es otra. Es necesario menos tolerancia y más exigencia para mejorar políticas de servicios y funcionarios”. Foto:temes

Jefe del Departamento de Corrupción y Crímenes Económicos de la Oficina contra la Droga y el Delito de la ONU, el griego Dimitri Vlassis deja en claro en una entrevista con PERFIL que la corrupción es un fenómeno complejo, del que participan el gobierno, el sector privado y la sociedad, mediante políticas ineficientes que debilitan los mecanismos de control y establecen conductas de resignación por las cuales se aceptan reglas no claras. Que son crímenes transnacionales, pero que se gestan a nivel nacional, con otros países y organizaciones internacionales. Y que la corrupción no debe ser un estilo de vida, que es necesario exigir más acciones, un cambio de mentalidad y no disfrazar esfuerzos.

—Si una empresa administra altos porcentajes de obra pública, ¿es corrupción?

—No necesariamente. Si los procedimientos de los contratos son correctos, transparentes y limpios, en el sentido legal, no hay corrupción. ¿Por qué debería ser corrupción tener un alto porcentaje del mercado? Corrupción es algo más, y no tiene que ver con ser exitoso.

—¿Y si la empresa es cercana a algún funcionario público?

—Eso es un problema diferente. Debería prestar atención a si hay un conflicto de intereses, lo que requiere ser establecido. Hasta que no tengamos evidencia, en sentido de “ilegalidad”, debemos ser muy cuidadosos.

—¿Qué es la corrupción?

—¡Es una pregunta filosófica! “Corrupción” pueden ser diferentes cosas y diferentes personas. Creo que solemos usar definiciones clásicas, pero hay distintos modos que puede adoptar la corrupción, lo cual hace que el fenómeno sea complejo. En la Convención de las Naciones Unidas Contra la Corrupción hubo muchas discusiones sobre este punto y ha decidido no establecer una definición legal. Pero sí hay un minimum que dice: “Corrupción son crímenes identificados en la Convención”. Ante lo cual la Convención indaga en lo que hayan establecido los países como “delitos” en sus leyes nacionales, también en (la regulación de la tarea de) sus funcionarios públicos y las organizaciones internacionales. Luego se evalúa el alcance de los daños, los intentos de obstrucción de la Justicia, el lavado de dinero, etc. Además hay cláusulas sobre abuso de poder y abuso de posición. Por lo tanto, los países son llamados a revisar si están en condiciones de incluirlos en su legislación, y por eso hemos descripto tópicos de análisis. Esa es la razón por la cual aún no hay una comprensión estandarizada y exhaustiva de la definición de “corrupción”. Primero es necesario acercar a los países a la complejidad del fenómeno que afecta a todas las sociedades y a todos los países, desarrollados o en vías de desarrollo. Aún necesitamos apreciar cuán complejo es el tema, en cuanto a la capacidad para prevenir, controlar y luchar contra la corrupción.

—¿Esa limitación de comprensión es un problema cultural?

—Ningún país considera la corrupción como algo “bueno”, se trata más bien de diferencias a la hora de poner en práctica. Por eso prefiero hablar de “tema social”. Hay una resignación. “Este es el modo en que crecí y ésa es la forma en que van a crecer mis hijos”, pero eso mismo anula nuestras habilidades para hacer algo al respecto, por ejemplo: pedir gobiernos más limpios, transparentes y políticas más eficientes.

—¿El impacto de la corrupción en las economías pobres o en vías de desarrollo es mayor que en los países desarrollados?

—No. En todas las sociedades pasa lo mismo, lo que varía es que algunas son más sofisticadas que otras. La comprensión de que la corrupción es un estilo de vida está cambiando. Es necesario que haya menos tolerancia y más exigencia contra la corrupción, lo cual es un gran paso para mejorar políticas de servicios, perfiles profesionales y capacidades de funcionarios. Estos son los verdaderos motores para que un país funcione mejor. Es igual en todos lados. Y si quiere una distinción, le diría que la situación podría ser un mayor desafío para los países con recursos limitados y dificultades al definir prioridades; pero hay mecanismos contra la corrupción que intervienen en la generación de recursos. La corrupción es un tema transnacional.

—De acuerdo con el Indice de Percepción Social (IPS), Argentina está en el grupo de “los malos” (definido así por el estudio de la ONG Transparencia Internacional), ¿qué piensa de eso?

—El índice es información disponible para los medios, con muchas conclusiones y publicidad. Hay que analizar la intención del índice de percepción.

—¿La “asociación ilegal” es corrupción?

—Es un tema diferente. Hay distintas formas en esa área, con grupos y conspiraciones. Creo que es necesario entender lo que realmente son. Debería ser mirado desde una perspectiva diferente y no desde la perspectiva de la corrupción.

—¿Cuál es esa perspectiva?

—El crimen organizado.

—Usted habló de “medidas” contra la corrupción, ¿podría decirnos cuáles son las principales?

—Hay distintos rangos de medidas: preventivas y represivas. Las primeras comienzan con el establecimiento y la implementación de estudios nacionales de la “cadena de corrupción”, a cargo de un organismo autónomo con suficientes recursos y desafíos para representar la demanda. Debemos preparar a las generaciones futuras para ser menos tolerantes a la corrupción, paraa tener una mentalidad diferente y un acercamiento diferente al tema, porque cuando hablamos de prevención hablamos de una sola cosa: educación. Y del lado represivo, leyes claras y efectivas, reglas y regulación estrictas. Sin esfuerzos disfrazados.


‘Antimitos’ para un combate efectivo

La oficina de Vlassis ha elaborado una serie de “antimitos” para combatir algunos lugares comunes falsos que rodean a los escenarios de corrupción generalizada.

Mito 1: la corrupción lubrica la rueda de un país para que funcione mejor y más rápido. Antimito: el crecimiento se logra con trabajo bien hecho y desarrollo ético de mejores condiciones sociales, económicas y políticas. Toda conducta que tienda a “acelerar” negocios es obstructiva. La rueda se empantana.

Mito 2: no hay nada que podamos hacer para cambiar. Antimito: todos podemos hacer algo. Analice las ideas o prácticas que impidan generar cambios hacia la transparencia y la eficiencia.

Mito 3: negocios son negocios. Antimito: los negocios deben trabajar contra la corrupción. La competitividad baja si la corrupción sube. Los precios bajan si la corrupción baja. La inversión sube si la corrupción baja.

“Las alianzas proactivas se pueden incluir como parte de las capacidades de la empresa, mediante la capacitación, las reglas claras, mejorando los máximos rendimientos y asegurándonos de que todos entiendan que la corrupción no es tolerada. Tampoco se aceptarán los comportamientos corruptos, y eso se capitaliza dentro de la cadena de suministro de productos o servicios, de las grandes y pequeñas empresas, a través de los precios porque ya no tendrán las cáscaras que los recubren o sostienen. Son alianzas diferentes que pasan a formar parte de un nuevo modo de inversión, entonces trabajar con el gobierno también será un buen negocio y sin condicionante, para enfrentar los desafíos de los mercados, para desarrollar un mejor camino”, dijo Vlassis, parafraseando el léxico empresarial, en su reciente intervención en la Maestría Latinoamericana en Derecho Penal y Justicia Internacional de la Universidad Kennedy. Y explicó que Argentina integra la Convención contra la Corrupción como parte del Business 20 (B20) del G20.