ELOBSERVADOR UN PARALELO EN EUROPA CON LA DICTADURA

Inmigrantes, los nuevos “desaparecidos”

Enrico Calamai, el “Schindler italiano”, junto a Lita Boitano, de Familiares, protagonizaron en Italia una nueva serie de denuncias sobre la situación de quienes quieren llegar a Europa en condiciones infrahumanas y de mucho riesgo.

PERFIL COMPLETO

Foto:AFP

Desde Roma
Milán, Ventimiglia y Roma son en estos días la trágica pantalla en la que se proyecta el drama de la inmigración en Europa, donde los países del sur, y en especial Italia, se encuentran bajo fuerte presión con el arribo constante de personas provenientes de las costas africanas.Estaciones de tren de las dos principales ciudades italianas, Milano Centrale y Roma Tiburtina, y las costas de Ventimiglia se convirtieron en dormitorio de quienes buscan trabajo y mejor calidad de vida en el viejo continente.
Según las normas vigentes en los protocolos de Dublín de la Unión Europea (UE), los recién llegados deben gestionar asilo en el primer país de arribo, pero en éste el flujo permanente que llega de Africa y Cercano Oriente, la meta soñada es el norte del bloque.
La magnitud del problema, que no es inesperado ni nuevo, creó tensiones en el seno de la UE, en particular entre los gobiernos de Francia e Italia. La primera blinda sus controles en la frontera y afirma que la segunda debe encargarse de cuantos, arriesgando sus vidas, llegaron a suelo italiano. E Italia pide modificar las normativas. El premier Matteo Renzi fue duro al respecto: acusó a la UE de cerrar los ojos.
Este drama de quienes sobrevivieron a la odisea terrestre en el desierto, a la travesía marítima del Mediterráneo y que ya están en tierras europeas  va en paralelo con el de los llamados “Nuevos desaparecidos”, es decir, los miles de personas muertas durante el viaje y aquellas de las que nada se sabe tras la partida. Enrico Calamai, que en los 70  del siglo pasado fue vicecónsul y cónsul de Italia en Argentina y que también se desempeñó en Chile luego del golpe de Estado ayudando a quienes se refugiaban en la embajada de su país en Santiago, ahora es portavoz del Comité “Verdad y justicia para los nuevos desaparecidos. Justicia para los crímenes en el Mediterráneo”.  Y, en conferencia de prensa, reunió en Roma a Angela “Lita” Boitano, cuyos hijos fueron secuestrados en Buenos Aires durante la dictadura cívico-militar (1976-1983), y a Samir Raouafi, tunecino, que nada sabe de su hijo desde 2011, cuando se embarcó hacia Europa.
Lita, italoargentina, presidenta de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas en Argentina, y Samir tenían poco o nada en común hasta que la desaparición de sus respectivos hijos, Miguel Angel y Adriana Silvia, los de ella, y Mohamed, el de él, los reunió en una misma angustia, una misma lucha, un mismo reclamo: ¿Dónde están?
Se conocieron en la sede de la Prensa Extranjera de Roma, invitados por Calamai. Para Lita era una más de las incontables conferencias de prensa en las que ha participado desde el secuestro de sus dos únicos hijos en Buenos Aires, Miguel Angel en 1976 y Adriana Silvia en 1977. Ella, una mujer que jamás había salido de Argentina, salvo para una breve estadía en Uruguay, lleva ya casi cuarenta años recorriendo su país, Europa y América Latina, primero con la consigna “Con vida se los llevaron, con vida los queremos”, y ahora exigiendo “Memoria, verdad y justicia”.
Para Samir, el doloroso camino comenzó el 14 de marzo de 2011, cuando su hijo Mohamed, de 19 años, salió de su casa en Túnez para tratar de embarcarse hacia la esperanza de un futuro mejor “en Italia o tal vez en Francia”, dice.
Así como los Familiares argentinos, lleva una foto de su hijo colgada sobre el pecho y denuncia “¡Está vivo! ¡Mi hijo está vivo!”. Ha pedido información a las autoridades italianas y de Túnez, pero todos dicen ignorar el destino del joven.
Sin embargo, Samir tiene un video en el que distingue a su hijo en un autobús en Lampedusa, junto a otros inmigrantes, tras haber desembarcado en las costas sicilianas.
Calamai ya no es el joven diplomático que habilitó en Buenos Aires una habitación en la sede consular para salvar a muchos perseguidos. Ahora, con los cabellos blancos, sale a la cancha con su pequeño comité sobre la tragedia del Mediterráneo, creado para “iniciar los procedimientos formales para una causa ante el Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP)”, dice. Dicha causa buscará “establecer las responsabilidades individuales y políticas de las matanzas en curso en el mar Mediterráneo.
El TPP, un tribunal de opinión cuya acción se basa en la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos, analiza la realidad y el complejo de causas históricas, políticas y económicas que llevan a violar dichos derechos, y luego emite sentencia. En 1980, en ese marco, el TPP realizó una sesión dedicada a la Argentina, y a la fecha ya ha tratado otros 39 casos, entre ellos el Derecho de Asilo en Europa (Berlín, 1994).
Argentina, según las cifras que Lita reitera en la conferencia de prensa, padeció la desaparición de treinta mil personas y otras diez mil sufrieron cárcel. En el Mediterráneo, sólo en lo que va del 2015, han muerto más de 1.770 personas, 3.279 durante el 2014, y desde el 2000 hasta ahora, los decesos comprobados son 25 mil, denuncia el comité de Calamai.
“Es una estrategia concretada en el cono de sombra de una información mediática que presenta la sucesión de muertes de quienes piden asilo y de los migrantes como casos similares a las convulsiones climáticas, que los boletines meteorológicos describen después que se producen, como algo inevitable, sin causa o explicación, como si no hubiera nada para impedirlos, ni tuviesen nada que ver con decisiones políticas”, subraya el ex cónsul.
Y profundiza las analogías entre esta situación en curso en Europa con el Terrorismo de Estado y el Plan Cóndor en Latinoamérica durante las dictaduras militares del siglo pasado.
“Con una estrategia similar, la de la ‘desaparición’, los militares argentinos mataron a la generación que ahora debería administrar el país”,
reflexiona.

Lita y Samir. Fueron convocados por Calamai para sensibilizar a la opinión pública sobre el sufrimiento que provoca la desaparición de los seres queridos. Boitano acaba de finalizar una gira de dos meses por Italia y puntualiza que pese a los avances realizados por el Equipo de Antropología Forense “aún no hemos encontrado los cadáveres de muchos desaparecidos, aún buscamos los restos para poder sepultarlos”.
También su voz se escuchó en la monumental EXPO 2015 de Milán, donde en la tarde del 2 de junio, en el pabellón argentino –cuyo lema es “Argentina te alimenta” y tiene forma de silo y exhibe un video sobre el “granero del mundo” y las actividades industriales y científicas del país– donde conmovió a periodistas y público. Porque Lita, con palabras simples y pasando de una sonrisa al llanto, exige lo mínimo: “juicio a los responsables de los crímenes y memoria para que no se repitan en ninguna parte del mundo”. Por eso presentó asimismo, en la Casa Argentina de Roma y en la EXPO de Milán el libro de poesías de presos políticos de la dictadura “Cielo libre, imaginar la libertad”, una nueva edición realizada en Italia. Libro que entregó al “padre Jorge”, como llama al Papa, y que el 7 de junio, en el elegante hotel romano “Edén”, regaló a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Su mensaje es claro: “Este libro es un homenaje a nuestros presos y presas por razones políticas y a los que en otros países padecen situaciones similares”.

Situaciones similares. Vuelos de la muerte en el Río de la Plata, una fosa común para tantos secuestrados cuatro décadas atrás. El Mediterráneo, una fosa común “donde todos los días se consuma un naufragio”, con muertes y desapariciones.
La semana pasada, en la Embajada argentina, Lita cerró su gira por Italia cortando la cinta de inauguración de una muestra dedicada a Eva Perón.
En un aparte de la reunión, tras saludar a monseñor Giuseppe Laterza, de la Secretaría de Estado vaticana, con quien se había entrevistado el 24 de abril, recordó palabras que había dicho en esa cita: “Los militares de la dictadura están viejos y mueren, pero nosotros, los familiares, las madres… también nos estamos muriendo, quedamos poquitos… por eso es urgente la apertura de los archivos”, que pueden ayudar en la búsqueda de Verdad y la Justicia. Heridas abiertas en el siglo pasado que siguen abiertas y heridas nuevas en pleno  siglo XXI. Desapariciones forzadas, muertos y refugios políticos que se demoran o parecen inalcanzables. El Nunca más espera, como Lita y Samir.



Dora Salas