ELOBSERVADOR TEL AVIV, LA SILICON VALLEY DE MEDIO ORIENTE

Israel: la formación militar, secreto del éxito económico

Tiene 3.850 start-ups, una cada 1.844 israelíes, la mayor cantidad de compañías per cápita del mundo. Los emprendedores dicen que el servicio obligatorio les enseña a trabajar en equipo y responder bajo presión. Los argentinos de la “Start-up Nation”.

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Foto:Cedoc / Gentileza Brian Goldfarb

Desde Tel Aviv

Pese a vivir en guerra permanente, no contar con recursos naturales y tener una población de tan sólo 7,1 millones de habitantes, Israel es el país con mayor cantidad de start-ups en todo el mundo, después de Estados Unidos. El milagro económico de esa nación, que cumplió 66 años, está basado en la innovación, la ciencia y la tecnología. Pero la receta de su éxito subyace en la identidad cultural, social y política de la sociedad israelí. La gran mayoría de los emprendedores pasaron por el servicio militar obligatorio, donde aprendieron a trabajar en equipo y a forjar liderazgos bajo presión. Allí fueron entrenados para superar riesgos, adversidades y desafiar el statu quo.

Ese espíritu es el que llevó a Israel a ser definida como la “Start-up Nation”, que supo atraer 10 mil millones de dólares de inversiones de capital de riesgo desde 1993 y tiene 134 empresas cotizando en el Nasdaq –sólo superado por los Estados Unidos, China y Canadá–. Con un producto bruto interno (PBI) per cápita de 35 mil dólares, Israel cuenta con 3.850 start-ups, lo que totaliza una cada 1.844 israelíes, la mayor cantidad de compañías per cápita del mundo. La mayoría de esas compañías están localizadas en Tel Aviv, la “Silicon Valley de Medio Oriente”, donde también hicieron pie empresas del tamaño de Intel, Google, IBM y Microsoft.

De alto riesgo y recompensa, y vinculadas a la innovación y al desarrollo de nuevas tecnologías, las start-ups israelíes están formadas por emprendedores que cuentan con una experiencia de vida diferente a la de cualquier otro país del mundo. Son hombres y mujeres que hicieron el servicio militar obligatorio en las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) y se caracterizan por experimentar, no temer al fracaso y tener una gran persistencia.

Invitado por la ONG Fuente Latina, PERFIL recorrió varias compañías tecnológicas en ese país. Uri Adoni, socio de JVP Media Labs y ex CEO de Microsoft en Israel, cree que el secreto del milagro económico israelí está en la experiencia militar de sus ciudadanos. “El ejército te entrena para que cumplas una misión. Hacé lo que tengas que hacer. Improvisá. Cuando sos el comandante en el campo de combate tienes que tomar decisiones. Tenés 20 años y hay centenares de personas bajo tu mando. A una edad muy temprana estás educado para cumplir misiones, y eso aplica también para las start-ups”, confió a PERFIL quien fue comandante de una unidad de combate.

Según el libro Start-up Nation, de Dan Senor y Saul Singer, las fuerzas armadas israelíes reclutan para sus unidades de élite a los jóvenes con mejor promedio de todos los colegios secundarios del país. “El equivalente nacional a Harvard, Princeton o Yale son las unidades de élite de las IDF. Los jefes de personal de las empresas se fijan en qué unidad militar sirvió el candidato a un puesto de trabajo; con esa información saben qué tipo de proceso de selección atravesó, cuáles son sus habilidades y qué experiencia relevante puede tener”, sostienen los autores del libro incluido en la lista de best-sellers del New York Times. El periodista norteamericano Singer agregó en diálogo con este diario: “Israel tuvo que sobreponerse a muchas adversidades: es un país pequeño, rodeado de enemigos, sin recursos y sin mercado regional. Israel tuvo que ser innovador para poder sobrevivir”.
Sin ir más lejos, para el reciente Operativo Margen Protector en Gaza, que dejó más de 2 mil muertos, fueron llamados 65 mil reservistas al Ejército, muchos de ellos emprendedores que crearon recientemente una start-up.

“Chutzpah”. Aunque en treinta países hay servicio militar obligatorio, el modelo de desarrollo tecnológico israelí, que tiene a la industria bélica en su epicentro no se replica en otros puntos del globo. Por eso también hay que buscar la receta del éxito en las raíces culturales de aquel país. Según el académico Leo Rosten, “chutzpah” –término que viene del yidis– significa “insolencia, descaro, frescura, coraje, atrevimiento y arrogancia”. Ese concepto se observa en la manera en que los sargentos cuestionan a sus generales o los empleados se dirigen a sus jefes en Israel.
“Somos informales. En Israel se busca la discusión para encontrar la verdad, es un principio que está en el Talmud”, explica a este diario Eduardo Shoval, un argentino emprendedor que vive allí desde los 18 años. El “atrevimiento” lleva a los emprendedores a buscar soluciones creativas en el terreno empresarial para desafiar obstáculos al desarrollo. Una de esas innovaciones fue el riego por goteo, que posibilitó la agricultura y la vitivinicultura en un terreno desértico.

Los rasgos socioculturales de la sociedad israelí están acompañados por una política gubernamental que alienta la innovación. “Un buen emprendedor debe tener pasión para cambiar el mundo, desafiar el statu quo creando algo que no existe. Pero para tener éxito es necesario que haya un ecosistema, no sólo capital y experiencia. Se necesita gente talentosa, multinacionales y capital para crear las empresas”, agrega Adoni. El argentino Brian Goldfarb, que trabaja en FtbPro, comparte el mismo diagnóstico: “En Israel hay una cultura emprendedora muy fuerte, difícil de encontrar en otros lugares, y gente interesada en respaldar económicamente este tipo de proyectos”.

La ciencia y la tecnología son claves en la política presupuestaria de Israel, que invierte un 4,5% de su producto bruto interno (PBI) en investigación y desarrollo, más que EE.UU., China, Japón y Alemania. El país de Medio Oriente también tiene el número más alto de ingenieros per cápita del mundo. Sus seis universidades conforman un semillero de técnicos que nutren a las multinacionales que tienen oficinas en el país, al tiempo que crean sus propias empresas. Estudiar una carrera de grado o posgrado cuesta 4 mil dólares por año. “No hay estudiantes que no puedan estudiar en Israel por no tener dinero”, explica el argentino Alon Hoffman, decano de la Facultad de Química de Technion, una de las casas de estudio más prestigiosas.

Cifras. Israel tiene un PBI de 288 mil millones de dólares. Sus indicadores sociales son envidiables: tan sólo un 5,6% de desempleo y un 1,3% de inflación anual. Las exportaciones de productos de alta tecnología se cuadriplicaron desde 1991. Muchas de ellas tienen como destino Estados Unidos, Europa y China –no el mundo árabe, con el cual vive en permanente tensión–. “Israel se vio forzado a enfocar sus exportaciones a mercados muy lejanos, por lo que los emprendedores israelíes desarrollaron animadversión hacia las grandes manufacturas, identificables y caras de transportar; a su vez, empezaron a sentirse atraídos por el software y los componentes pequeños y anónimos. Esto fue lo que situó a Israel en una posición de privilegio ante el giro de la economía hacia el conocimiento y la innovación”, sostienen Senor y Singer.

Desde empresas de salud hasta compañías de software de seguridad para bancos –pasando por el famoso Iron Dome, el escudo antimisiles que neutraliza los cohetes lanzados por Hamas y Hezbollah–, el universo de las start-ups es omnipresente en la sociedad israelí. Y, al parecer, llegó para quedarse.

 

Guerra, imán para invertir

Las continuas guerras que protagoniza Israel no son un obstáculo para que las multinacionales, los capitales de riesgo y los ángeles inversores financien e inviertan en las start-ups israelíes. Entre 2000 y 2006, cuando los atentados suicidas eran moneda corriente en Israel y cuando tuvo lugar la segunda guerra del Líbano, el porcentaje israelí del mercado de capital de riesgo global subió del 15 al 31%. La Bolsa de Tel Aviv, en tanto, subió en 2009, durante las tres semanas que duró la Operación Plomo Fundido en Gaza.
La sucesión de conflictos bélicos, lejos de desalentar el éxito de las start-ups, constituye el motor que garantiza su florecimiento. “Para nosotros, tener un servicio militar obligatorio es una cuestión de supervivencia”, admitió el químico argentino-israelí Alon Hoffman, de Technion. Según el académico, muchas investigaciones de docentes y alumnos atraen la atención –y financiación–de las fuerzas armadas y del Ministerio de Defensa.

 

Argentinos que desarrollan e investigan

El éxito económico israelí está protagonizado por miles de argentinos, que llegaron en distintas oleadas inmigratorias y se insertaron inmediatamente en el ecosistema tecnológico que emplea a más de 200 mil personas. Eduardo Shoval es un caso paradigmático. Porteño, de 56 años, llegó a Israel en 1973 tras cursar el secundario en el Carlos Pellegrini. Allí fundó siete empresas, cinco de las cuales vendió por 400 millones de dólares. “De tecnología no entendía nada. Pero conocía personas y sabía sobre el mundo de los negocios”, explicó a PERFIL el emprendedor, que en 1989 le ofreció a un amigo del ejército israelí tecnología para comprimir imágenes. Esa empresa, llamada Optibase, fue su primer éxito en el mundo hi-tech. Ahora trabaja en OurCrowd, un fondo de riesgo que organiza el financiamiento de nuevas start-ups.

Brian Goldfarb, al igual que Eduardo, inmigró a Israel junto a su familia tras un paso por España, sin soñar siquiera con el universo 2.0. Sin embargo, conoció a los fundadores de FtbPro, una web que produce contenido periodístico sobre once ligas de fútbol en todo el mundo. “Prefiero trabajar en un proyecto propio que cubrir Independiente para un medio de comunicación tradicional”, cuenta el joven, simpatizante del Rojo.
En el campo educativo, científicos argentinos también nutren a la Start-up Nation. En el Instituto Weizmann, la bióloga cordobesa Karina Yaniv investiga la formación de vasos sanguíneos en los peces cebra, para indagar cómo tratar problemas circulatorios y cómo evitar que crezcan tumores en los individuos. En Technion –el equivalente israelí del MIT de los Estados Unidos–, el argentino Alon Hoffman dirige la Facultad de Química. En esa universidad estudian 12 mil jóvenes y se gradúan por año dos mil científicos. “Intentamos tener a los mejores promedios del país. Y las empresas tecnológicas reclutan a muchos de nuestros estudiantes”, sostiene.

Aunque no nació en la Argentina, Uri Adoni, de JVP Media Labs, viajó al país y dio charlas sobre el mundo de las start-ups. “Vi mucha pasión y creatividad. Pero necesitan un ecosistema para que haya innovación”, afirmó, al dar una clave sobre cómo replicar el exitoso modelo de desarrollo tecnológico de Israel.



Leandro Dario