ELOBSERVADOR PROBLEMA GLOBAL

La esclavitud crece en el mundo a un ritmo superior a la natalidad

PERFIL entrevistó a Klara Skrivankova, una de las mayores especialistas mundiales en la temática. Nuevos datos reveladores y una señal de alerta. Cómo revertirlo.

Africa y Asia. En ambos continentes, la problemática de los niños que trabajan está ligada a la producción económica. En América del Sur, se da, pero ligada al ámbito doméstico.
Africa y Asia. En ambos continentes, la problemática de los niños que trabajan está ligada a la producción económica. En América del Sur, se da, pero ligada al ámbito doméstico. Foto:AFP
Klara Skrivankova dirige el programa Europeo contra el tráfico y la explotación de personas en Anti-Slavery International, asesora en Derechos Humanos y declara como testigo ante expertos en el tribunal del Reino Unido, Hong Kong e Irlanda. Una labor clave, cuando la población mundial sometida a explotación aumenta con una tendencia superior a la de natalidad. El dato surge al comparar el crecimiento en ambos indicadores y su progresión en los últimos años. Según Naciones Unidas, en el mundo hay 7.300 millones de habitantes y esperan mil millones más para 2030. En promedio, son 5,5 millones de personas por año. Pero al mirar la tabla de esclavitud, el número es relativamente mayor. En un año creció casi dos millones (menos de la mitad del aumento de la población), con una tendencia creciente. El índice global de Esclavitud pasó de 40,3 millones a 42 millones.  
 “Esclavitud significa tomar pertenencia sobre una persona como una cosa”, definió Klara Skrivankova a la esclavitud de la modernidad. Se trata, para ella, de un problema multidimensional como la pobreza, pero su origen es social. Señaló que los prejuicios confunden trabajo con explotación y desarrollo con sometimiento. Ahí empiezan las trampas en la cadena de corrupción. La gente pasa a ser mercancía para ganar dinero, en el tráfico de drogas y de poder. Lo que ocurre en Oriente se repite en Occidente. Algo similar había dicho en enero de este año, Dimitri Svlassis, jefe del Departamento contra la Corrupción y Crímenes Económicos de la ONU, señaló: “la corrupción es transnacional y no es un estilo de vida”.
—Legalmente, según la convención de Naciones Unidas firmada a inicios del siglo XX –explica la especialista–, esclavitud significa tomar pertenencia sobre una persona, como si fuera una cosa; y deriva de cuando se  pensaba que uno podía ser dueño, de cosas o personas, apropiarse legal y materialmente de alguien. Hoy estamos buscando modificar esa visión, a partir de herramientas disponibles. Hoy no es posible legalmente tener propiedad sobre alguien. Muchos “creen” que otros les pertenecen, “como si” fueran una cosa. En Libia las mujeres son llevadas a las subastas. Venden, compran. En la trata, buscan incluir a una persona a un esquema de explotación. Hay secuestro o “reclutamiento” enmascarado en una oferta laboral que se “brinda” a una joven. Y el drooming es cuando buscan cooptar a su pareja para que la “convenza” y la entregue; le pagan para eso. A veces hay tema de drogas. Algunos caen por pobres, otros por niños, jóvenes, inmigrantes, adictos, por discapacidades, porque creen que no pueden o por una imposición social. Son personas vulneradas socialmente por diferentes formas de explotación, de abuso sexual, laboral o para que cometan delitos. Muchos niños de Vietnam son forzados a trabajar en fábricas de cannabis en el Reino Unido.
—Semanas atrás se estrenó un documental sobre el tema. Mujeres empleadas en prostitución se justificaban al considerarlo “un trabajo”, la posibilidad de ascenso social.
—La pregunta es por qué sienten así. En las prácticas modernas, las personas aceptan explotación y esclavitud porque así fue con otros y con ellos. Vi gente trabajando en talleres clandestinos por poco dinero que juntaban, una parte le devolvían a sus explotadores para pagar deudas y el resto lo giraban a sus familiares. No ven oportunidades diferentes. Ese es el desafío. Vemos habitualmente que la clave también está en una falta de acceso a un salario decente, a un trabajo mejor que les permita salir de eso.

Registros. Hay varios registros alrededor de temas multidisciplinarios, como es el caso de la esclavitud. En 2015 las estadísticas decían que en el mundo había 27 millones de esclavos y un año después, 49 millones. “La OIT (Organizacion Internacional del Trabajo) identifica 42 millones de esclavos. A medida que se incluyen variables para desglosar y conocer el problema, el número aumenta –dice la especialista–. Está mejorando el estudio del tema. Los tribunales están mejorando su tarea. La gente denuncia. Hay métodos eficaces. Ya no hay miedo a trabajar para entender mejor el concepto, y desglosarlo.
—¿La esclavitud es cultural?
—A veces sí. Otras veces tiene que ver con una subestimación. En la India, la gente está convencida de que las diferencias de castas justifican la explotación. Son socialmente vistos como inferiores, entonces, eso justifica cualquier acción. Es una cuestión cultural y social. Las poblaciones indígenas e inmigrantes son los segmentos en mayor riesgo porque su esquema de valoración social aceptado es menospreciado en el trato cotidiano y no lo ven como algo ilegal. Incluso cuando emigran de una provincia a la otra o van a la ciudad. Ese es el típico caso, y se extiende a todo el mundo.
—¿Terminan entrando a los suburbios de la pobreza?
—Es lo más frecuente. La concentración de personas vulnerables es un imán para todo tipo de crímenes, ya sea traficantes o explotación. Hay refugios informales preparados para recibirlos y distribuirlos con fines delictivos.
—¿La explotación es consecuencia de la pobreza y la pobreza necesita explotación?
—No es lineal. Incluso gente bien educada termina en los mismos círculos. Es mucho más complejo el fenómeno y debemos ver las múltiples dimensiones que lo atraviesan; por ejemplo: exclusión, discriminación, falta de Estado de derecho, falta de políticas públicas adecuadas al país.

Políticas. El programa Internacional que impulsa Anti-Slavery lleva más de 17 años. “Aumenta la concientización y al haber acordado leyes firmadas en conjunto, fue posible plantear herramientas para identificar el problema todavía vigente en el siglo XXI”, agregó. “Se necesitan políticas en prevención y protección a las víctimas”, dijo Skrivankova en su visita a Argentina. n

Cecilia Moncalvo


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