ELOBSERVADOR

La importancia del método

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Corría 1983 y me reuní con Italo Luder, el candidato a presidente por el Partido Justicialista. Mi consultora había comenzado a funcionar en 1982, justo con la guerra de Malvinas, y al poco tiempo empezó la apertura democrática. Alfonsín había pasado al frente en las encuestas entre julio y agosto del ’83 y le planteé a Luder un enfoque de campaña sistemático para recuperar terreno. Su respuesta fue: “Esas cosas son muy para la cultura norteamericana”.
El seguimiento de esa campaña electoral fue muy impresionante. Nuestra herramienta provenía de la vida académica y la fuimos adaptando para aplicarla a las campañas electorales. El triunfo de Alfonsín instaló el relevamiento del Estado de la opinión pública, la encuesta, como un método válido. En el gobierno de Alfonsín se utilizaron ampliamente. Antonio Cafiero, quien ya tenía experiencia en relevamientos de estados de opinión, confiaba en ellas. Años después, Menem también lo hizo.

Desde entonces mucho cambió. Aquellas primeras encuestas eran todas presenciales, luego aparecieron las telefónicas –con algunos errores memorables–. El avance desde lo técnico fue enorme y se creó un gran mercado.
Hoy es inconcebible que se haga una campaña política sin encuestas. Todos las usan: los políticos, los partidos, si alguien empieza a pensar que quiere ser candidato y empieza a armar equipos de campaña y necesita conseguir fondos, necesita tener números y para presentarse se precisa trabajar con mucho tiempo de anticipación.
En los 80 llevaba semanas procesar una encuesta completa. Hoy se las espera en 24 horas. Por eso es inevitable que algunas tengan a veces más error. Seleccionar las muestras, la supervisión de campo, tener en cuenta todos los perfiles demográficos: no es la tecnología el problema, son errores de muestreo y humanos, no error
estadístico.  

Además, está cambiando la realidad misma: hay más volatilidad en los votantes. En los 80, el 76% de la población se sentía cerca da algún partido político: era gente que definía su voto antes de la campaña. Hoy menos del 20% de la gente tiene afinidad con algún partido. Entonces, ¿por qué tendrían que saber hoy por quién van a votar en octubre? Las encuestas tienen dificultades para captar esa volatilidad.

*Sociólogo.



Manuel Mora y Araujo