ELOBSERVADOR SEGUN UN ESTUDIO PRESENTADO POR CIPPEC

Más jóvenes tienen empleo, pero no las mismas oportunidades

En los últimos años, 700 mil jóvenes de entre 15 y 29 años se incorporaron al mercado, pero duran poco y ganan menos. Alta deserción escolar, embarazo y falta de acceso a vivienda, deudas pendientes.

PERFIL COMPLETO

Foto:Cedoc Perfil

A diferencia de otras épocas en las que tenían la palabra limitada, el relato que da cuenta de la “década ganada” usa como caballo de batalla la idea de que los jóvenes de la Argentina recobraron un lugar importante en espacios políticos y sociales. Aparecen en medios de comunicación donde se generan intensos debates que los tienen como protagonistas con funcionarios y dirigentes. Luchan por sus derechos, se movilizan, se manifiestan y pelean por lo que les corresponde en materia educativa, por ejemplo.
Sin embargo, todavía falta generar avances en materia de inclusión educativa, empleo y vivienda para garantizar que el ciento% de los jóvenes tenga las mismas posibilidades. Al menos ésa es una de las conclusiones a las que arribó el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) a través de un estudio dedicado a conocer cómo se encuentran “las juventudes argentinas”, que contó con la participación de investigadores, de funcionarios del Ministerio de Trabajo y de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Con el foco puesto en los proyectos que deberían comenzar a tratarse e implementarse para mejorar la calidad de vida de los jóvenes de la Argentina, la investigación de Cippec sirve, además, para entender cuáles son las condiciones de vida de una gran cantidad de hombres y mujeres de entre 15 y 29 años. En este sentido, la coordinadora del estudio, Gala Díaz Langou, enumeró algunas de las dificultades que tiene este sector poblacional para desarrollarse tanto a nivel personal como educativo y laboral. Hoy en día, este segmento representa el 25% de la población total del país, y cerca del 40% vive en la provincia de Buenos Aires.

El tema más urgente. La educación es uno de los pilares fundamentales para tener acceso a mayores y mejores posibilidades en el mundo laboral. Según arroja Cippec basado en datos del Indec, el 62% de quienes tienen entre 20 y 29 años no finalizó la secundaria. Para Fernando Filgueira, investigador principal del Programa de Protección Social de Cippec, “la situación educativa mejoró para los jóvenes en relación con lo que ocurría hace algunos años”. De todos modos, el experto evalúa que nuestro país muestra un desempeño “modesto” respecto de las tasas de egreso y matriculación en países como Chile y Brasil, que, según Filgueira, desarrollaron “programas interesantes, como la reforma educativa chilena, que busca incrementar la retención estudiantil principalmente a través de la capacitación técnica, y la reforma territorial y educativa brasileña, que logró redistribuir los recursos, que eran mucho menores para zonas pobres que para las zonas ricas”.
Desde Cippec analizan que uno de los principales obstáculos para lograr la mejora  educativa tiene que ver con que hoy en día la escuela secundaria “no garantiza los saberes relevantes y está desconectada del mercado laboral”, lo que deriva en la deserción y la repetición: el 40% de los alumnos del nivel secundario tiene una edad superior a la que debería tener. “La mitad de los jóvenes de 15 años no accede a los aprendizajes prioritarios para la inserción social plena”, sostiene Díaz Langou.

Empezar a trabajar. Otra de las dimensiones que abarca la problemática de la juventud tiene que ver con la dificultad a la hora de insertarse laboralmente. El secretario de Empleo del Ministerio de Trabajo, Matías Barroetaveña, asegura a PERFIL que el desempleo joven se redujo en los últimos años del 31 al 17%. “Se incorporaron 700 mil jóvenes al mercado laboral en el sector privado”, agrega el funcionario. De todos modos, la problemática laboral también incluye a quienes tienen trabajo: para Cippec, el 23% de los jóvenes trabaja más horas de las que están legalmente permitidas (48 por semana).  Además, el 19% sufre inestabilidad laboral y el 25 percibe una remuneración inferior al salario mínimo vital y móvil. “En épocas de crisis, los jóvenes son los primeros en salir del empleo y los últimos en regresar”, sintetiza el informe de Cippec.
Para la OIT, la problemática del empleo juvenil es una de las prioridades a atender. El oficial a cargo de la organización en Argentina, Fabio Bertranou, explica que es importante promover un plan integral tendiente a mejorar las condiciones de trabajo decente. “A través de distintos organismos públicos y privados hay que acordar políticas que mejoren las condiciones. Hay que tratar la problemática en forma integral, buscando generar mayor inserción laboral y facilitando la transición de la escuela al trabajo”, analiza Bertranou, y agrega que es importante fortalecer la formación profesional no sólo a través de la educación formal, sino con instancias de formación laboral.
En este contexto, el secretario de Empleo sostiene que la problemática laboral juvenil es internacional. “La OIT destaca muchas de las políticas llevadas a cabo en la Argentina –explica Barroetaveña–. Hay países europeos donde los números de desempleo juvenil son tremendos. En general, el desempleo juvenil duplica dos o tres veces las cifras del desempleo del conjunto de la población”. El funcionario además ejemplifica que uno de los programas que tienden a beneficiar a la juventud es la asignación universal por hijo, ya que “el 30% de las mujeres de entre 18 y 24 años son madres”.
Las cifras de maternidad juvenil también son alarmantes en nuestro país. En 2012, el 12,3% de las mujeres de entre 15 y 19 años tenían un hijo o estaban embarazadas. En este punto, Filgueira diferencia que hoy en día, “en mujeres menores de 21 años pertenecientes a sectores bajos el 30% ya son madres, mientras que en la misma franja etaria en estratos sociales medios o altos las cifras se reducen al 6 o 7%”. En el informe, Cippec analiza que la maternidad joven está ligada en muchos casos a déficits en la educación sexual y reproductiva. “En las mujeres de clase media y alta, la maternidad se posterga en pos de un mayor desarrollo en el mundo del estudio y el trabajo”, agrega el informe.
Los expertos enfatizan en que no se trata de imitar a los países que llevan adelante un trabajo en materia de trabajo y educación juvenil, pero sí destacan determinados programas que deberían implementarse en la Argentina. Filgueira indica que en América Latina la mayoría de los proyectos son “modestos en su impacto”, y prefiere tener como ejemplo las iniciativas de los países nórdicos de Europa, como Noruega, Dinamarca y Suecia, ya que en esos casos se apuesta a una fuerte continuidad educativa, combinada con experiencias laborales que no retraen a los individuos de la educación. “Allí el entrenamiento y la capacitación son muy relevantes. En estos modelos hay una fuerte inversión temprana en infancia, y además tienen políticas de vivienda que permiten la emancipación de jóvenes, así como el fomento de créditos”. Por su parte, Bertranou asegura a PERFIL que no hay un país ejemplar, y que es importante importar proyectos específicos que tiendan a mejorar la calidad educativa y laboral de los jóvenes. “No todas las experiencias son adaptables a todos los países”, destaca.
La situación habitacional es otra de las grandes dificultades que tienen los jóvenes. Para lograr independizarse de sus padres, se requieren ingresos superiores a los $ 6.500 para satisfacer todas las necesidades básicas, mientras que el salario mínimo se ubica en el orden de los 3.600 pesos. Según calculó el Indec en 2010, el 28,5% de los jóvenes de entre 15 y 29 años habitan en viviendas deficitarias (que presentan al menos una deficiencia estructural). Por esta razón, una de las propuestas de los especialistas consiste en fomentar créditos para la vivienda, como ocurre en algunos países europeos.

Planes que ayudan pero no incluyen
En la actualidad existen 42 programas dependientes del gobierno nacional dirigidos a mejorar la calidad de vida de los jóvenes. En su mayoría están orientados al plano laboral, aunque el Ejecutivo también tiene proyectos en materia de salud, trabajo y vivienda, entre otras iniciativas.
El más reciente de los programas es el Progresar, que apunta a terminar con la visión de los jóvenes “ni ni” (ni estudian ni trabajan). El proyecto, que fue anunciado hace seis meses por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, persigue el interés de que los jóvenes concluyan sus estudios secundarios, pero también busca avanzar en la formación profesional.
Para Filgueira, aún es imposible medir el impacto de esta iniciativa, aunque destaca que este tipo de proyectos suelen tener un efecto de moderado a positivo. “Depende mucho de cómo se focaliza y cuáles son el nivel de la prestación y las edades a las que está orientado”, dice a PERFIL. Y agrega que “son efectivos los dispositivos que favorezcan a los sectores medios y bajos”.
Desde la OIT, Bertranou asegura que iniciativas como el Progresar, la AUH o el plan Conectar Igualdad (entrega de netbooks a estudiantes de primaria y secundaria) “son muy importantes porque tratan de garantizar la seguridad económica y buscar dispositivos que permitan terminar los estudios y mejorar la transición de la escuela al trabajo”. Además, dice que son proyectos que están en línea con las sugerencias de la OIT, y pidió “ampliarlos y perfeccionarlos”.
El Poder Legislativo también trabaja en iniciativas para favorecer a los jóvenes. Entre el año pasado y lo que va de 2014 se presentaron 28 proyectos de ley por parte de todo el arco político. La mayoría están orientados a generar empleo, pero también relacionados con vivienda, salud, educación y justicia. Entre los más importantes se destaca la presentación de una ley nacional de juventud que garantice el acceso a salud, educación, vivienda, capacitación y empleo.



Agustin Gulman