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Obama en Chicago: un mensaje sobre la democracia

   Desde la ciudad en la que se inició en política, el ahora ex presidente formuló un mensaje en el que desde los gestos y las palabras mostró cuál es sueño sobre Estados Unidos.

Llanto. En su discurso de despedida habló de una democracia al servicio del bien común.
Llanto. En su discurso de despedida habló de una democracia al servicio del bien común. Foto:afp

Comencemos con la puesta en escena. Chicago tiene el centro de convenciones más grande de Estados Unidos. Barack Obama lo eligió para dar su discurso de despedida, el 10 de enero pasado. Días antes había dicho: “Todo empezó allí”, en Chicago.

Es que los primeros pasos de Obama a favor del bien común comenzaron en esta gran ciudad: como “organizador comunitario” (una suerte de coach social) en los barrios pobres, cuando tenía 24 años de edad. También allí tuvo su primer trabajo como abogado, conoció a Michelle, se casó con ella, fue padre, se hizo de grandes amigos, compró su actual casa y fue profesor universitario de Derecho Constitucional. Además, desde Chicago, logró ser senador nacional. Y para sus dos campañas presidenciales, aquí estableció sus respectivos búnkeres. ¡Su adiós como presidente no podía ser en otro lugar! Aunque la tradición presidencial es despedirse desde Washington, bajo la comodidad de la Casa Blanca, Obama también se diferenció en esto de la clase política. Por otra parte, dada su brillante oratoria, no se iba a perder la oportunidad de estar cara a cara con sus seguidores –siempre se sintió muy cómodo en esa situación– y de poder recibir las ovaciones que tanto disfruta.

Al liberarse del formalismo de la avenida Pensilvania 1600, Obama pudo diseñar “una puesta” a su manera. En un “finale abierto” a todo el público que pudiera acercarse (fueron casi 20 mil personas). Con himno nacional incluido, cantado en vivo a capela. Y con tomas televisivas desde todos los ángulos posibles. La convocatoria atrajo a 24 millones de televidentes y un número indeterminado de personas vio la transmisión online.

Treinta segundos después del himno –bajo las luces apagadas y con la gente todavía de pie–, los parlantes emitieron los primeros acordes de “la canción de campaña” (perteneciente a la banda U2). El público empezó a aplaudir y a lanzar gritos de alegría. Instantes después, el volumen bajó y una cálida voz femenina pidió la bienvenida para “el cuadragésimo cuarto presidente de los Estados Unidos: Barack Obama”. Vestido con un elegante traje de alpaca azul y con el tono de estrella internacional de pop, Obama saludó con un entusiasta: “¡Hola Chicago!”. Y tras prolongadas ovaciones del fervoroso público –aún de pie–, el presidente abrió con: “Mis compatriotas…”, para ofrecer su discurso –o más bien dar su punto de vista–, a la comunidad de personas allí congregadas durante cincuenta incisivos pero inspiradores minutos.

Mucho de lo que comunicó aludió al impredecible Trump y, por lo tanto, se podría pensar que esa pieza oratoria sólo fue para los estadounidenses. Sin embargo, podemos encontrar varios puntos que nos atañen a quienes anhelamos una democracia madura en nuestros respectivos países. Una democracia donde la política esté al servicio del bien común y no del enriquecimiento de quienes llegan al poder del Estado (en cualquiera de sus tres ramas).

Trascendiendo las fronteras. Entre otras cosas, Obama dijo: “El cambio sólo tiene lugar cuando la gente común y corriente se involucra, se compromete y se junta para exigirlo”. “Nuestra democracia está amenazada cada vez que la demos por sentada”. “Cuando la confianza en nuestras instituciones es baja, debemos reducir la corrosiva influencia del dinero en la política e insistir en los principios de transparencia y ética en el servicio público”. “Pero recuerden, nada de esto ocurre por sí solo. Todo esto depende de su participación; de cada uno de nosotros aceptando la responsabilidad de ciudadanía, independientemente de hacia qué lado se esté moviendo el péndulo del poder”. Y en otro pasaje se refirió a que debemos ser “celosos guardianes de la democracia”, y a que la democracia nos necesita: “No sólo cuando hay elecciones, no sólo cuando nuestro estrecho interés está en juego, sino durante todo el alcance de la vida”.

Estos conceptos han sido un sello de Obama. Desde que empezó a ser un servidor público, los ha mencionado reiteradamente. Por ejemplo, en otro discurso importante como el del Estado de la Unión en enero de 2016 (el acostumbrado discurso anual en el Congreso) dijo, dirigiéndose por un instante directamente a la sociedad y no a todos los legisladores allí reunidos: “Pero si queremos que la política sea mejor, me dirijo ahora al pueblo estadounidense, no es suficiente sólo cambiar un diputado o un senador, o incluso cambiar al presidente. Debemos cambiar el sistema para que refleje lo mejor de nosotros mismos”. Visionario lo de Obama, ya que por entonces ¡nadie creía seriamente que Donald Trump ganaría las elecciones!

La estrategia fue –y será– el mensaje.

Sobre la puesta en escena referida al principio, cabe mencionar ahora las banderas de fondo: diez mástiles con la insignia nacional y otros diez con la presidencial (la del escudo nacional sobre el paño azul marino), flanqueando el escudo de la nación (de considerable dimensión). Y la infaltable bandera nacional en gran tamaño, montada en forma plana sobre un bastidor de fondo que las cámaras de televisión supieron mostrar en diversas tomas del excelso orador.

Casi todos los mandatarios del mundo entero suelen acompañarse –en determinadas ocasiones– por la bandera de su respectivo país. Pero en las puestas en escena obamanianas, particularmente en eventos de campaña y sobre todo en este último encuentro –que de hecho fue “un acto de campaña” especial, en respuesta al ataque a su legado que le infligirá Trump por un lado y ante el renovado ataque del Partido Republicano por el otro–, las banderas cumplen un rol simbólico de máxima expresión. Es que Obama suele mencionar en sus discursos más importantes a los fundadores de su patria (los creadores de la Constitución, pero también otros referentes históricos así como personas anónimas que ofrendaron su vida para que Estados Unidos sea lo que es). De manera estratégica, la marca (o el branding) Obama siempre tuvo su fuerza principal en los símbolos y en el diseño: no en las redes sociales, como erróneamente creyeron muchos.

¡Símbolos! Como el antiguo capitolio de Springfield desde donde Abraham Lincoln dio su famoso discurso y donde, al lado de su escalinata y columnas del frente, un casi desconocido Obama hizo el lanzamiento de su primera y magistral campaña presidencial en 2007.

Pero lo esencial y singular del mensaje de Obama fue –es– la estrategia de lo comunitario, de la unión entre muchos para darle forma al futuro colectivo. Una comunidad activa para cambiar el statu quo, comprometida con un propósito en común (o proyecto de país) y que cuida la democracia.

La historia dirá. El gobierno de Obama sacó a EE.UU. de la Gran Recesión: un logro gigantesco e indiscutible. Sin embargo, no pudo revertir las varias –importa destacar el plural– décadas de declinación económica de la clase media (parte de ésta rechazó entonces al Partido Demócrata y a su candidata presidencial, prefiriendo en vez a Trump). Obama tampoco logró su marcado propósito de unir a la sociedad estadounidense, políticamente polarizada cuando él asumió y alcanzando niveles francamente tóxicos en los últimos meses… Y menos pudo cambiar la cultura política en Washington D.C. Sí hizo la mayor inversión en energía limpia de toda la historia americana, así como redujo las importaciones de petróleo casi en un 60%. Pudo dar un seguro médico a 20 millones de estadounidenses más y garantizar el chequeo de salud gratuito para mujeres (incluidas las mamografías). También salvó de la quiebra a dos emblemáticas automotrices y protegió más de un millón de puestos de trabajo en dicha industria.

La historia dirá cuánto marcó de diferencia este humanista revolucionario, líder del cambio y estadista. En estos días, se está yendo del poder, con el 57% de aprobación nacional sobre su desempeño como gobernante (fuente: Gallup, al 17/1). Posiblemente, ese muy favorable índice se deba en parte al mensaje obamaniano y tal vez se eleve aun más, cuando el Obama escritor publique sus memorias.

En definitiva, desde Chicago, “el mensaje de Obama” fue para el mundo… que cree vivir en una democracia plena.


*Consultor y capacitador.

Para ver el evento: https://www.youtube.com/watch?v=R2Zo8vHOgaM



Pio Gimenez Gowland