ELOBSERVADOR UNA DE SUS FACETAS MENOS EXPLORADAS

Perón, el apasionado por la escritura

El General fue uno de los pocos presidentes argentinos –con Mitre, Sarmiento, Frondizi y Alfonsín– que dejó libros propios publicados. Empezó muy joven, en la Escuela Militar, y el exilio lo potenció. Sus obras.

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Foto:Cedoc

Si de estadísticas se trata, Juan Domingo Perón se cuenta entre los pocos presidentes argentinos (Mitre, Sarmiento, Frondizi, Alfonsín) que han escrito libros, además de la irrefrenable afición a dar discursos políticos y doctrinarios en cada ocasión propicia. Según parece, su vocación por la palabra se despertó tempranamente. En el primer destino, el Regimiento 12 de Infantería de Paraná, entre 1914 y 1915, el subteniente Perón escribió y llevó a escena dos obras teatrales para entretenimiento de los soldados, que se titulaban El detective de la máscara negra y Silvino Abrojo. Entre 1920 y 1925, destinado a la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral de Campo de Mayo, Perón se mostró como un oficial dotado de cualidades pedagógicas y, de acuerdo con Joseph A. Page en Perón, una biografía, ya en 1919 sus superiores lo consideraban “un instructor excelente”. Durante este período adaptó el “Reglamento de gimnasia alemán para el ejército y la armada” que se publicó en 1923 y comenzó a escribir sobre temas militares. Por empezar, redactó un capítulo del manual de Moral militar (1925), prologado por el director de la Escuela Sargento Cabral.

Un año después fue destinado a la Escuela Superior de Guerra para realizar el curso para capitanes, donde permaneció hasta 1929, cuando pasó a revistar en el Estado Mayor General del Ejército. Durante esos años se formó con especialistas europeos, como el teniente general Von Schwardz –oficial del ejército imperial ruso y héroe de la guerra ruso-japonesa y de la Primera Guerra Mundial–, quien lo eligió como su ayudante en la materia que dictaba, y Karl Litzmann, conocido por su victoria en la Batalla de Lódz (1914) y director de la Escuela de Guerra de Berlín. En 1928 Perón publicó un estudio en la Revista Militar,  “Las Campañas en el Alto Perú (1810-14)”, correspondiente al Curso 110 de Historia Militar. En diciembre de 1930 fue designado profesor de esta materia en la Escuela Superior de Guerra, cargo en el que continuó con algunas interrupciones hasta 1936. En 1931, con el grado de mayor, la Biblioteca del Oficial, que editaba el Círculo Militar, publicó El frente oriental de la guerra mundial en 1914, su primer libro.

Incorporado a la cátedra de Historia Militar como ayudante del coronel Enrique Rottjer –un militar que en noviembre de 1930 publicó en La Nación un artículo muy interrogativo sobre el golpe del 6 de septiembre–, a quien después sustituyó, y mientras se desempeñaba como ayudante de campo del ministro de Guerra, la Biblioteca del Oficial dio a conocer en 1932 quizá el estudio militar de Perón más notable (y más consultado en los años del ascenso de Montoneros): Apuntes de historia militar. En este libro, Perón describía en un fogoso lenguaje las hazañas de los grandes “conductores” militares de la historia –Ciro, Epaminondas, Alejandro, Aníbal, César, Gustavo Adolfo, Federico II, Napoleón, San Martín– , presentaba los conceptos fundamentales de las teorías de la guerra de Clausewitz y Von der Goltz (el autor de La nación en armas) y citaba a muchos otros sin decirlo, por ejemplo Dragomirow, el mariscal Foch, Lloyd, Begeaud, Moltke, Verdy DuVernois, Spengler (el de La decadencia de Occidente), Mordacq, Von Bernhardi, Von Kuhl. Se considera que la obra tiene un capítulo clave, el H en la primera edición, acerca de la batalla, en el cual Perón empleaba nociones como “centro de gravedad” y “economía de fuerza” en las que insistió en sus prolongados años al frente del movimiento peronista.

Cuando partió a Europa en misión especial, en 1939, el teniente coronel Perón era profesor de Operaciones Combinadas en la Escuela Naval (fue destinado a la División Operaciones del Estado Mayor en 1938) y había publicado La guerra ruso-japonesa de 1904 a 1905 (1933), Memoria geográfica sintética del territorio nacional del Neuquén (1934), Toponimia patagónica de etimología araucana –por entregas, entre 1935 y 1936, en el Almanaque del Ministerio de Agricultura–, La idea estratégica y la idea operativa de San Martín en la Campaña de los Andes (1938) –comunicación presentada en el II Congreso Internacional de Historia de América, celebrado en Buenos Aires en julio de 1936– y Las operaciones en 1870 (1939), en colaboración con Rottjer, sobre la guerra franco-prusiana de 1870. En particular en este último libro, se intentaba una distinción entre política y estrategia a partir del concepto que el gran teórico militar y periodista británico B.H. Liddell Hart (reconocido como maestro por Rommel y Guderian, y asesor personal de Churchill en la Segunda Guerra Mundial) había introducido en Escipión el Africano (1926), publicado en 1935 por la Biblioteca del Oficial, donde diferenciaba la estrategia militar de la “gran estrategia” como el arte supremo de la conducción política y diplomática, que luego Perón desarrolló en forma autónoma.

De regreso de Europa, como se dice, los acontecimientos se precipitaron. Entre 1941 y 1943 el coronel Perón publicó en la Revista Militar algunos artículos sobre la especialidad estudiada durante el período europeo, Infantería de Montaña, y escribió Antecedentes de la Campaña Libertadora del General San Martín desde 1814 a 1817, pero este trabajo quedó inconcluso y recién se publicó en 2007. Desde 1944 a 1955 es muy difícil precisar qué textos escribió efectivamente Perón entre la gran cantidad de folletos propagandísticos y libros políticos que se le adjudican, como el Libro Azul y Blanco –un informe sobre espionaje estadounidense en Argentina– y ¿Dónde estuvo? (ambos de 1946), que no fueron en realidad escritos por él. De lo que no hay duda es de que escribió Política y estrategia (No ataco, critico), que recopilaba una serie de artículos aparecidos en el diario oficialista Democracia a partir de enero de 1951 firmados con el seudónimo Descartes, publicado en 1952 por la Subsecretaría de Informaciones de la Presidencia. Del mismo modo, Conducción política (1952) recopiló las clases que dictó desde marzo de 1951 en la Escuela Superior Peronista ubicada en San Martín 655.

En el exilio, Perón recuperó el hábito de escribir diferentes textos, y también libros, la mayor parte de las veces para defenderse de la campaña de desprestigio en su contra y criticar a sus enemigos. La fuerza es el derecho de las bestias (1956) fue la primera obra que publicó durante su largo exilio, cuyo título alude a una frase de Cicerón (de este libro hubo ediciones en Panamá, Perú, Chile y España). Luego escribió Los vendepatria (Caracas, 1957), donde denunciaba los negociados de la “canalla dictatorial” y hacía un análisis socioeconómico de la historia argentina, y Del poder al exilio (1958), una serie de artículos que fueron publicados en Italia por la revista Tempo (del grupo Mondadori), en Elite de Venezuela, en el diario Pueblo de Madrid (propiedad de la Organización Sindical Española, la única organización obrera legal durante el franquismo) y en el periódico La Dernière Heure de Bruselas. En España publicó Tres revoluciones militares (1963), que contenía testimonios escritos en distintas épocas (el más antiguo de 1944), y La hora de los pueblos (1968) –compuesto en su mayor parte por textos publicados en Montevideo en 1967 con el título Latinoamérica: ahora o nunca–, en el cual Perón proponía reemplazar la “democracia demoliberal” por un “socialismo nacional
cristiano”.

De cualquier manera, ésta no fue la última palabra del General.  Lamentablemente no existe una edición definitiva de Modelo argentino para el proyecto nacional, el último libro que concibió antes de su muerte, en 1974, ya que no fue publicado en vida de su autor sino después y en distintas ediciones que difieren entre sí, a veces de modo sustancial.



Rubén H. Ríos