ELOBSERVADOR DESPUES DE LAS ELECCIONES


Perú, otro país dividido por una grieta profunda

Los últimos comicios se definieron por un puñado de votos y confirmaron que la sociedad peruana sufre una discriminación en ambos sentidos: pobres contra ricos y ricos contra pobres.

PERFIL COMPLETO

“Al fondo hay sitio” es un fenómeno televisivo que desde hace ocho años lidera el prime time con un rating que sólo podría compararse con el de un partido de fútbol de la selección peruana. ¿Cuál es el éxito de esta serie para permanecer tanto tiempo al aire? ¿La gente no se cansa de seguir sus historias, que para muchos resultan repetitivas?
Charo es una madre divorciada, con dos hijos, que lucha por salir adelante vendiendo chifones, una variedad de torta esponjosa y muy sabrosa típica. Su hija Grace se enamora de un joven adinerado que vive justo frente a su casa y tienen una hija. Por otro lado, su hermano, Joel, maneja una mototaxi, un vehículo utilizado en distritos populares donde los cerros son parte de la geografía y es el único medio que tienen muchas personas humildes para llegar a lo alto de sus viviendas.
En la serie también están los ricos, los muy ricos, y los muy muy ricos, personas que ostentan su dinero con lujosos autos y resultan dueños de empresas prestigiosas. Todos tienen su personal doméstico, que suelen representar al migrante provinciano que llega a Lima en busca de una vida mejor. Están las huachafas y las pitucas, versión peruana de las rochas y las chetas.
La explicación de su éxito es clara: muestra la realidad de un país que históricamente ha vivido dividido en una grieta permanente que lo ha partido en dos mitades iguales, entre los que tienen y los que no tienen mente nada.
Es un reflejo fiel de un país que muchas veces vive con indiferencia y resignación la pobreza, la desigualdad, la corrupción y que encuentra una vez cada cinco años el modo de manifestarse contra el sistema a través del voto. Es fue lo que pasó con Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynzki.

Sendero. Esta grieta podría tener su explicación con el nacimiento de Sendero Luminoso en los años 80. Quienes han vivido la época del terrorismo, aseguran que la indiferencia era una estrategia valida y segura contra estos grupos violentos que comenzaron como un movimiento contra la burguesía y terminaron atacando a los campesinos, robándole sus tierras, a dirigentes sindicales, políticos, y cualquier otra persona que no se uniera a sus filas.
Fueron largos y duros años en donde las empresas se quitaban del país y las inversiones se perdían producto de los atentados. La inflación comía los bolsillos de la gente que amanecía con billetes devaluados que no servían para nada. Lo que un día compraban con un sol, a las horas podía costar el doble o más. En ese contexto de violencia y corrupción, los peruanos se las ingeniaban, con desesperación, por salir adelante, cueste lo que cueste.
Los efectos del terrorismo fueron devastadores. La violencia fue creciendo desde el interior del país hasta llegar al mismísimo corazón de Miraflores con un atentado que dejó varios muertos y heridos, y un coche bomba que explotó en la puerta de el canal de televisión más importante por esos tiempos. Fue entonces cuando, en los 90, apareció figura del ex Presidente Alberto Fujimori.
El recorrió cada rincón del país, al igual que a lo largo de estos últimos diez años lo hizo su hija Keiko, escuchando a aquellas personas abandonadas por el Estado, y realizando entregas de dinero o electrodomésticos. Si uno visita, por ejemplo, las regiones selváticas, no faltarán quienes exalten la figura del ex Presidente, ya que para ellos significó un hombre que los hizo visibles ante tanta indiferencia y luchó contra el avance del terrorismo. Son precisamente ellos quienes perdonan los errores del pasado y se convirtieron a lo largo de los años en este fujimorismo duro que acompaña cada elección a su hija Keiko.
Así como llegó a ese Perú profundo y terminó con el terrorismo, los actos obscenos de corrupción donde su mano derecha Vladimiro Montesinos aparecía en videos caseros contando millones y millones de dólares producto de la corrupción, o pagándole a dueños y figuras de la televisión para que exalten las “bondades” de su gobierno, propio de lo que se vive hoy en Argentina, resultaron determinantes para que el otro cincuenta por ciento de los peruanos no desee nunca más un Presidente con apellido Fujimori.
Hay quienes afirman que Keiko representa “el pueblo”, esto que contábamos lineas arriba. Una persona que ha sabido llegar a esos rincones abandonados de un país que de por si no muestra desarrollo en sus regiones. Son los mismos que aseguran que el Presidente electo PPK se ve reflejado en esa otra mitad de clase media, y alta.
Ser rico o ser pobre es el punto de ruptura más grande de la sociedad peruana. Los que tienen dinero pueden acceder a una educación de nivel, pagar las costosas universidades, algunos de ellos hipotecando algún bien o sacando un crédito personal. Por ejemplo, para ingresar a un colegio de los más reconocidos no se les toman pruebas de aptitud o el pago de una cuota inicial, sino que algunos piden entre los requisitos la cantidad de cuentas bancarias y los saldos, si pertenecen a un club, si están casados y una especie de matrícula, que no garantiza el ingreso sino la reserva de la plaza, que podría ascender a mas de diez mil dólares. Una cosa que en Argentina resultaría impensada.
El último índice de Progreso Social, realizado a comienzo de 2016, y que refleja la calidad social de la población, ya sea nutrición, saneamiento, educación y seguridad, ha arrojado un resultado alarmante. Allí se pudo advertir que aún ninguna región del país, en general, a alcanzado un nivel alto de progreso, y más bien las puntuaciones son bajas y preocupantes. Para dar un ejemplo, en Perú, casi la mitad de la población no cuenta con agua potable y el gas es distribuido en garrafa indistintamente en hogares de clases altas y bajas por faltas de obras de gasoductos.
Esta grieta no sólo expone de manera cruel todos los días los beneficios de los que mas tienen frente a las necesidades de los que no tienen nada, sino que también enfrenta a las clases sociales, con una discriminación que va en ambos sentidos: pobres contra ricos y ricos contra pobres.
Es en este contexto de divisiones ideológicas, políticas, de clases, deberá asumir su cargo Pedro Pablo Kuczynzki el Presidente electo del Perú. El 28 de julio asumirá el mando y no sólo deberá lidiar con un pueblo dividido sino también con la otra grieta, la del Congreso, en donde la mayoría fujimorista no dará tregua y aseguran que tomarán revancha por la ajustada victoria frente a su lideresa Keiko Fujimori.



Carolina Salvatore