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PISA: la prueba de la polémica también tiene que ser evaluada

La discusión acerca de por qué Argentina quedó fuera de los resultados de la medición de calidad educativa internacional instala una alarma sobre el nivel de nuestras aulas y marca también un reprobado en cuanto a cómo se debate sobre escuela y docentes.

Antes y despues. Alberto Sileone y Esteban Bullrich también enfrentados en la polémica acerca de cómo se tomó la muestra que llevó a que el país fuese retirado de la prueba internacional.
Antes y despues. Alberto Sileone y Esteban Bullrich también enfrentados en la polémica acerca de cómo se tomó la muestra que llevó a que el país fuese retirado de la prueba internacional. Foto:Telam
¿Por qué la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) excluyó a la República Argentina de los rankings de las pruebas PISA? ¿Fue un error técnico en la construcción de la muestra? ¿Hubo manipulación de los datos con intención de modificar los resultados? La polémica quedó instalada.
Quizás muchos se pregunten para qué sirve PISA, en qué se diferencia de otras pruebas de evaluación como, por ejemplo, el Operativo Aprender (que, recordemos, hace poco tiempo también generó un debate interesante en los medios de comunicación). Y aún más… ¿para qué necesitamos evaluar? ¿No podríamos concebir un proceso educativo sin instancias de evaluación?
Bueno, vayamos por partes…
En primer lugar, acordemos que toda acción intencional requiere, por su naturaleza, ser evaluada. La consideración del resultado de las acciones deliberadas es parte integrante de la propia acción, en la medida en que posibilita valorar el grado de eficacia del proceso realizado y permite la toma de decisiones fundamentadas para orientarlo. ¿Estamos avanzando en la dirección correcta? ¿En qué medida lo estamos logrando? ¿Qué deberíamos hacer distinto para mejorar el proceso?

Enseñanza y aprendizaje. Tanto desde el punto de vista del maestro como desde el del alumno es necesario tener algún conocimiento acerca de la pertinencia, la eficacia o el éxito de las actividades desarrolladas. El maestro necesita esta información para diagnosticar, organizar sus intervenciones, corregir rumbos, orientar procesos, certificar, etc. El alumno, por su parte, requiere recibir retroalimentación sobre su trabajo para poder valorar la dirección y adecuación del esfuerzo que llevó a cabo y determinar los pasos a seguir.
En síntesis, el proceso de evaluación es consustancial tanto al proceso de enseñanza como al de aprendizaje. Se necesita evaluar para actuar con eficacia y eficiencia.
Pues bien, como el propósito de la evaluación es tomar decisiones de distinto nivel, la información que se necesite recoger, los instrumentos para obtenerla, los criterios y las pautas de valoración dependen de la decisión que se quiera tomar. Al mismo tiempo, los juicios que se elaboran se fundamentan en el análisis de los datos disponible en función de un estado posible o esperado, de un propósito trazado o de un principio de acción (objetivos, pautas de desarrollo, modelos, reglas de procedimiento, principios).
Ahora sí estamos en condiciones de dar un paso más…

¿Qué es PISA? El nombre se corresponde con las siglas del programa: Programme for International Student Assessment (Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos). Se trata de una prueba de dos horas de duración que desde 2000 se aplica cada tres años a estudiantes de 15 años para medir competencias en tres áreas: lectura, matemáticas y ciencias, y de acuerdo con los años se pone el énfasis en una de las disciplinas. Se considera que a esa edad están próximos a concluir la educación establecida como obligatoria en la mayoría de los países y, por lo tanto, tendrán la posibilidad de integrarse a la vida laboral o de iniciar la educación postsecundaria.

A diferencia del Operativo Aprender, que mide el conocimiento escolar como tal y está ligado a un currículo o plan de estudio específico, PISA se focaliza en la comprensión de los conceptos, el manejo de la información, el dominio de los procesos y la habilidad para resolver problemas a partir de la aplicación de conocimientos de cada disciplina. Es decir, evalúa las competencias que muchos atribuyen como propias del siglo XXI porque las consideran relevantes para el bienestar personal, social y económico (OCDE, 1999).
Cada instrumento es una combinación de preguntas con una única respuesta correcta (que sólo admite una palabra o frase breves o exige elegir entre distintas opciones posibles) e ítems que requieren que los estudiantes elaboren sus propias respuestas por medio de la redacción de textos o construcción de diagramas. Los estudiantes y los directores de las escuelas también deben responder un cuestionario en el que se los interroga acerca de sí mismos y de las condiciones económicas, sociales y culturales de su entorno. Este elemento es clave para poder explorar los antecedentes y las circunstancias de los alumnos que realizan la evaluación (hábitos escolares, actitud hacia el aprendizaje, estrategias de estudio, ambiente familiar, calidad de los recursos materiales y humanos de la escuela, financiamiento, tamaño de los grupos, prácticas de gestión, etc.) y comprender los resultados en relación con un contexto.

Para que las muestras resulten representativas y puedan ser comparables se evalúan entre 4.500 y 10 mil estudiantes por país. Cada nación se postula de manera voluntaria para ser partícipe de la evaluación; también puede solicitar una exploración de las diferencias regionales. Resulta fundamental, para poder compararse con sí mismo, mantener idéntica muestra a lo largo de los años.

El carácter cíclico, trienal, de la evaluación permite tener indicadores sobre las tendencias en cada país y en el conjunto de los países que participan del programa. Los resultados describen el grado en que se presentan las competencias evaluadas y posibilitan comparar cada país en relación con el contexto internacional. Es esperable que la calidad y la riqueza de los datos recogidos permitan diseñar políticas públicas que den respuesta a los problemas descubiertos y sirvan para emprender acciones orientadas a mejorar la calidad de los sistemas educativos.

¿Cuánto pesa PISA? Los riesgos que existen son:
◆ Transformar PISA en la expectativa de logro del sistema educativo y buscar soluciones a corto plazo en función de mejorar la posición en el ranking internacional.
 ◆ Quedarse con una visión simplificada y reduccionista de la educación y olvidarse de que existen otros espacios, como el arte, la educación física, la filosofía, la ética, la sociología, la construcción de ciudadanía… u otras aproximaciones relacionadas con el disfrute o la importancia de aprender con otros.
 ◆ Convertir PISA en una narrativa de cómo funciona la escuela que explique, por ejemplo, por qué algunos alumnos triunfan y otros fracasan e ignorar la importancia de otros factores, como la desigualdad económica, que también impactan sobre el rendimiento académico.
 ◆ Atribuirle el poder de moldear la propuesta educativa y poner en peligro la celebración de las diferencias que nos dignifican.
En mi opinión, PISA, como cualquier otra medición estandarizada, aporta información que puede enriquecer nuestra mirada para ayudarnos a valorar nuestros logros y a descubrir los desafíos aún pendientes. Me gustaría que fuera una oportunidad para revisar y debatir acerca de qué necesita saber un joven en este nuevo siglo que comienza. Una oportunidad para asumir el compromiso de gestar una propuesta educativa significativa y de calidad que incluya a todos.n

*Profesora de la Escuela de Educación de la Universidad Austral.

Andrea Samper