ELOBSERVADOR LACAN EN VERSION K

Psicoanálisis: polémica por su uso en política

Más allá de la noticia desmentida sobre el rol de Jorge Alemán en el entorno de Cristina, las teorías del lacanismo político son parte del ideario populista. Opinan especialistas con miradas opuestas.

La vida por Laclau. Jacques Lacan habló del
La vida por Laclau. Jacques Lacan habló del "discurso capitalista", Cristina tomó el pensamiento de Ernesto Laclau, valorado por Alemán. Foto:temes

“Se puede manipular”

Sergio Zabalza

Sergio Zabalza es psicoanalista, magíster en Clínica Psicoanalítica (Unsam), Licenciado en Psicología (UBA) y actual doctorando en la Universidad de Buenos Aires. Es de esos analistas que no duda expresar en distintos medios su opinión sobre los temas de actualidad.

—¿Qué le puede decir el psicoanálisis –en su momento actual– a la política?

—El analista incide en la vida de la polis porque su intervención cuestiona el efecto de las significaciones comunes de una comunidad sobre un cuerpo de deseo, más allá de quién ocupe un gobierno. Por ejemplo, el sólo hecho de interrogar la frase “me comí un pibe” en un sujeto anoréxico hace que los imperativos de goce de una época –culto a la estética, rechazo a la finitud, degradación amorosa a cambio de satisfacción inmediata, etc;– sean de por sí cuestionados. El analista necesita conocer los trazos gruesos de la subjetividad en que realiza su práctica porque la singularidad de quien consulta habita en lo que hace diferencia respecto a esos determinantes sociales. El culto al individualismo propio de la subjetividad neoliberal que hoy impera en el mundo occidental está presente en el sufrimiento de los pacientes que consultan. Los ataques de pánico, el aislamiento, las adicciones, la depresión o la medicalización indiscriminada testimonian el deterioro de la palabra como medio privilegiado para tramitar los avatares anímicos. La meritocracia alimenta la ilusión de un sujeto autosuficiente cuya nefasta impronta se traduce en la estigmatización del semejante. Una miseria erótica que Mauricio Kartun denuncia en su genial Terrenal cuando el Tatita Dios le dice a Caín: “Amarás más a los inmuebles que a los hombres. Y llevarás adentro el peor de los castigos que alguien puede llevar. Pero el peor de todos: no querrás que te vaya mejor. Querrás que a los otros les vaya peor”.

—¿Es recomendable la participación de psicólogos en los equipos de los políticos?

—La “psicología” contiene múltiples escuelas con puntos de vista muy diferentes sobre el abordaje de la psique. De manera que, si se trata de facilitar la interpretación de las necesidades de los ciudadanos en los asuntos de la polis, todo dependerá de la ética con que un psicólogo sugiere determinados rumbos a un político.

—¿Cómo ve el acercamiento de Jorge Alemán a Cristina? ¿Qué opinión tiene de su obra? ¿En qué puede asesorarla a Cristina?

—A partir de algunas elaboraciones teóricas de Lacan, con sumo rigor conceptual Jorge Alemán ha facilitado el abordaje de la política mediante herramientas psicoanalíticas. Por lo demás, tengo entendido que sus diálogos con la ex presidenta han sido circunstanciales y no obedecen a ningún trabajo de colaboración estable.

—Desde el mundo más afín a lo que fue el Frente para la Victoria existen algunas explicaciones "psicológicas" sobre el voto a Cambiemos. ¿Qué opina sobre tales juicios? ¿Hay algún vínculo entre abuso y macrismo? ¿Cómo se da a su juicio?

—No estoy en contacto con miembros de esa fuerza política por lo que desconozco si en ese ámbito se recurre a ese tipo de explicaciones. Más allá de esto, la historia universal testimonia que no son pocas las veces que las capas vulnerables de una sociedad optan por vías contrarias a sus propios intereses. Para elucidar este complejo mecanismo psíquico conviene tomar nota que, si de mandatos inconscientes se trata, lo determinante es el reconocimiento del ser admirado. Freud se sirve de un personaje de la Antigüedad para ilustrar el punto. Decía: “Cayo es un mísero plebeyo agobiado por los tributos y las prestaciones personales, pero es también un romano, y participa como tal en la magna empresa de dominar a otras naciones e imponerles leyes. Esta identificación de los oprimidos con la clase que los oprime y los explota no es, sin embargo, más que un fragmento de una más amplia totalidad, pues, además, los oprimidos pueden sentirse afectivamente ligados a los opresores y, a pesar de su hostilidad, ver en sus amos su ideal”.  

—¿Se puede desde la psicología manipular a los votantes? ¿Alguno lo hizo en la campaña?

—Sí, a través de la manipulación emocional que redunda en esa suerte de abismo entre las palabras y las cosas que hoy llaman posverdad. La misma termina por resultar en un cinismo que enferma y socava la capacidad referencial del lenguaje, por lo que el interlocutor comienza por quedar descolocado para terminar descreyendo de sí mismo. No se trata de la ironía propia de la mayéutica socrática que propicia la novedad y quiebra los estereotipos, sino de la maniobra que sustrae al interlocutor su capacidad de discernir. Al consultorio suelen llegar muchas personas atormentadas por este ejercicio de poder enloquecedor. El cinismo corrompe el lenguaje, que es la trama del lazo social. Si los totalitarismos de antaño te prohibían hablar, hoy el neototalitarismo liberal te ordena hablar para que no digas nada. Pareciera que el cuerpo se ha de-sanudado de los problemas del alma.


“A veces terminan aliados con la ultraderecha rancia”

Alejandro Vainer

El codirector de la revista Topía tiene una mirada distinta: previene contra el psicoanálisis como cosmovisión.

—¿Cuál es su visión acerca de la teoría de Jorge Alemán?

—Mi mirada es desde otro lugar. Jorge Alemán, como discípulo de Ernesto Laclau, a partir de las ideas del lacanismo, llevando a algo que no está muy dicho, que es transformar el psicoanálisis en una cosmovisión: tratar todos los fenómenos, sociales, políticos, generales de la vida desde un marco conceptual lacaneano. Esto afirma, como dice el mismo Alemán en un libro, que la izquierda marxista debe elaborar un duelo, el del fin del marxismo, vía Lacan. Esto implica pensar que el capitalismo no es una forma de relaciones sociales, sino que se transforma en un discurso, lo que podríamos llamar al día del hoy, relato. Lo que importa son los relatos, lo que se dice, no los hechos. La mía es otra tradición, desde la izquierda freudeana, analistas que no coincidían con la posición política de derecha de Freud y que eran marxistas y psicoanalistas, interesados en la praxis. Personajes como Wilheim Reich. Muchas de sus sugerencias políticas, al día de hoy, siguen teniendo validez. Los que hacemos la revista Topía consideramos que la subjetividad es compleja, que no se puede considerar todo desde una cosmovisión.

—El psicoanálisis como una filosofía.

—Aceptar que todo es relato es lo que lleva a pensar que directamente es imposible el todo de la revolución, entonces hay que apoyar a movimientos como Podemos o el kirchnerismo en la Argentina. Eso sería lo posible, mientras lo otro es una ilusión.

—Para el neófito, las teorías de Lacan parecen más vinculadas a lo individual que a lo social...

—Es una lectura que hacen algunos psicoanalistas lacaneanos. Lacan, en alguno de sus Seminarios, comenzó a tratar al capitalismo como uno de los discursos. Todos serían fenómenos de palabra. A partir de ahí, se puede tirar del hilo, como hace Laclau. Pero la base es algo que ya estaba en Lacan, que pensaba que iba a armar una teoría con la cual se pueden entender todos los fenómenos humanos.

—¿Los psicólogos tienen una misión en las campañas políticas? Más allá de Alemán asesorando a Cristina, ¿Cuál sería ese rol?

—Wilheim Reich trabajaba con laboratorios sociales en el Partido Comunista. Después lo echaron. Pero fue un camino que incluyó lo que se llamó el Sex Pol, en relación a lo que era la sexualidad, la sexualidad proletaria. El riesgo es psicologizar la política. Porque de algún modo, si vos ves lo que es la teoría de la propaganda, todo el trabajo sobre los fenómenos inconscientes fue trabajado por la publicidad. Hay cuadros técnicos publicistas en todos los partidos políticos. Es un hecho, no es que me parezca ni bien ni mal. Otra cosa son las interpretaciones seudopsicológicas o seudopsicoanalíticos sobre lo social, como el artículo de Página/12 sobre el masoquismo anal: las traspolaciones, que son barbaridades que incluyan el paso de situaciones clínicas a inferir que todo eso es lo de los votantes de tal partido, eso es seudopsicoanálisis o seudopsicología. Es una manera en la que se utiliza el psicoanálisis.

—Sería como correr el eje...

—Le voy a dar un ejemplo que no es de la Argentina, quizás no tan conocido. En Francia, los lacaneanos, participaron de un debate sobre el matrimonio igualitario. Muchos de ellos estaban en contra sobre la adopción de parejas del mismo sexo, usando el concepto que era renegar la diferencia que tenía que haber entre padre y madre.

—En Argentina no faltan quienes piensan así.

—Lo cierto es que estos lacaneanos estuvieron junto a lo más rancio de la derecha francesa. Nosotros publicamos investigaciones en Topía que demuestra que no es así, sino más bien todo lo contrario. Si se hacen estudios de casos longitudinales, se llega a la conclusión de que no afecta en absoluto haber tenido padres del mismo sexo. Es más, los que salen mejor posicionados son los hijos de parejas de lesbianas, luego los hijos de padres gays, y finalmente los heterosexuales. Es el resultado de usar políticamente ideas, de actuar con prejuicios, y además, haciendo política: decir cosas que se suponen como válidas porque las dice un psicoanalista. Me parece que hay que hablar con rigurosidad y no llegar al extremo de decir que todos los votantes de Macri tienen masoquismo anal, lo cual es una generalización que no tiene nada que ver. Y con la cual, Freud no estaría para nada de acuerdo. Es más, Freud estaba totalmente en contra de la postura en general: no creía para nada que el psicoanálisis fuera una cosmovisión. Quienes lo hacen transforman a un saber en una religión. Creer que todo pasa por el deseo, por cierto erotismo es achicar la perspectiva. Pasan muchas más cosas en la vida.