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Pueblos en resistencia

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La provincia de Córdoba forma parte, junto a Buenos Aires y Santa Fe, del núcleo de la primera expansión de la soja. La provincia tenía una gran diversidad de producciones agrícolas y ganaderas que fue desapareciendo; asimismo, el desmonte de bosques nativos es una constante a pesar de la legislación, siempre inacabada y escasamente aplicada.

Córdoba, por otro lado, tiene una significativa trayectoria de lucha de sectores urbanos y semiurbanos. Por todo esto, no es de extrañar que su población haya reaccionado velozmente al percibir las consecuencias sociales, en la salud y en el ambiente del modelo sojero. Lo hacen los habitantes de ciudades intermedias (fenómeno que caracteriza la protesta del interior del país desde los 90).

Quienes comienzan la resistencia con visibilidad nacional son mujeres del barrio Ituzaingó Anexo, que ya son un símbolo internacional. Córdoba se convierte así en el centro de la resistencia al agronegocio y logra posicionarse en el nivel del espacio público nacional.

La cuestión de entregar los recursos naturales a las necesidades del mercado internacional (soja para alimentar cerdos en China) supone una gestión gubernamental fácil de manejar: produce ingresos por gravámenes de exportación, algún nivel de trabajo directo e indirecto y enriquecimiento de una porción de la población; sus ingresos fiscales habilitan las políticas sociales que mantienen cierto nivel de distribución y, además, control social sobre los sectores populares. Las poblaciones en resistencia no tienen significación numérica electoral; las ciudades, en cambio, la tienen y es la preocupación actual del agronegocio frente al tremendo impacto del libro Malcomidos, de Soledad Barruti, donde se devela esta matriz productiva desde el simple acto de comer (o malcomer).

 

*Socióloga. Titular de Sociología Rural.



Norma Giarraca