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Un hecho habitual de intensidad infrecuente

Hay causas que explican lo sucedido, más allá de las negligencias, como el aumento de las precipitaciones, el tipo de explotación ganadera y la falta de prevención.

Cenizas. Más de un millón de hectáreas quedaron afectadas por un fuego que durante días no pudo ser controlado. Las consecuencias aún se están determinando.
Cenizas. Más de un millón de hectáreas quedaron afectadas por un fuego que durante días no pudo ser controlado. Las consecuencias aún se están determinando. Foto:Cedoc Perfil
Los recurrentes incendios que tuvieron su epicentro en la zona donde convergen las provincias de La Pampa, Río Negro y Buenos Aires han devastado miles de hectáreas de monte natural y campos productivos. Estos disturbios, si bien son un fenómeno frecuente para la región y forman parte de su dinámica ecológica, constituyeron un hecho excepcional por su intensidad (la densidad de vegetación que el fuego elimina) y magnitud (la extensión espacial del impacto del fuego).
En el sector afectado coexisten ecosistemas semiáridos donde la vegetación puede variar, con algunas zonas en las que dominan los pastos junto con los arbustos bajos y dispersos y otras con dominio de especies leñosas, tanto árboles como arbustos. El clima, el nivel de pastoreo del ganado, el fuego y la intensidad del desmonte son factores que, según particulares combinaciones, determinarán qué vegetación dominará en cada caso y, como correlato, definirán la probabilidad y la magnitud de los incendios. En este caso, los grandes incendios podrían explicarse por los siguientes factores.
 
Precipitaciones. Entre la década del 90 y la actualidad, el promedio anual de lluvias se incrementó. Además, en esta zona se registran oscilaciones extremas entre períodos húmedos, en los cuales se acumula una cantidad excepcional de biomasa herbácea, y períodos secos posteriores, con mucho mayor riesgo de incendios.
Explotación ganadera. Otro factor a tener en cuenta es el uso de la tierra, que, en interacción con el clima, también genera cambios en el régimen de disturbio por fuego. La ganadería es la principal actividad económica de la zona. La carga animal que defina cada productor (cantidad de ganado por hectárea) a la larga determinará si dominan plantas herbáceas o leñosas. Si la carga animal es elevada, aumentará la cantidad y cobertura de plantas leñosas y se reducirá la de los pastos. Como consecuencia, los incendios serán menos frecuentes, pero cuando se combinan condiciones de baja humedad y altas temperaturas (como viene ocurriendo desde noviembre), los incendios serán mucho más intensos y difíciles de controlar.

Pocas prácticas de prevención. Para identificar y prevenir posibles focos de incendio es clave el monitoreo de la vegetación, del cambio de uso de la tierra y de las variables climáticas. También la implementación de prácticas de manejo acordes a la dinámica de estos ecosistemas que incluyan incendios controlados, el uso y mantenimiento de cortafuegos (zonas amplias despejadas de vegetación para que el fuego no encuentre más combustible y así no se propague), el trazado y el mantenimiento de caminos vecinales para que puedan ingresar bomberos y máquinas viales, y campañas de educación ambiental que ayuden a prevenir incendios accidentales. Poco de todo esto pudo concretarse.
Miles de hectáreas quemadas, pérdida de ecosistemas naturales, deterioro en tierras productivas, muerte del ganado y desastre económico para los productores y empleados rurales constituyen algunas de las consecuencias de estos incendios. Está visto que no hubo aquí una fatalidad inevitable que llevara a un camino en el que lo único que quedaba era rezar.
Con prácticas sustentables de explotación agropecuaria, prevención y fuerte estímulo estatal que permita la acción coordinada de diferentes organismos municipales, provinciales y nacionales, los desastres de esta magnitud son mayoritariamente evitables, o al menos pasibles de ser controlados con facilidad. Es deseable que la asistencia a los damnificados no demore en llegar y, con financiamiento estatal y conocimiento gestado en los organismos nacionales de ciencia y técnica, se acerquen soluciones para la remediación de las áreas afectadas.

*Docente. Investigadora UNRN.
**Docente. Investigador UNRN. Becario del Conicet.

Silvia Torres Robles* / Juan Manuel Zeberio**