ELOBSERVADOR GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

Un recuerdo infantil sobre el ‘Guernica’

Ochenta años después, las raíces del Guernica de Picasso salen a la luz a través de una muestra en Madrid con 180 obras del pintor malagueño, reunidas por primera vez para mostrar la historia de su metamorfosis artística y la de su obra.

Obra. Pintó decenas de variaciones sobre algunos temas, obsesivamente repetidos, que fueron los que luego conformaron el mural, con tremenda fuerza dramática, que regresaba una y otra vez a las figuras de un toro, un caballo y una mujer que lloraba con un niño muerto en sus brazos.
Obra. Pintó decenas de variaciones sobre algunos temas, obsesivamente repetidos, que fueron los que luego conformaron el mural, con tremenda fuerza dramática, que regresaba una y otra vez a las figuras de un toro, un caballo y una mujer que lloraba con un niño muerto en sus brazos. Foto:cedoc

La exposición del museo Reina Sofía trajo a mi memoria las charlas que a mis 8 años de edad escuchaba en mi casa sobre el trágico hecho del 26 de abril de 1937, porque la Guerra Civil Española se seguía a diario en nuestra ciudad y en todo el país, como si se tratase de una guerra local, no obstante ser mis padres y abuelos argentinos, y las raíces españolas muy lejanas.

Por eso, habrá que disculparme ciertas seguras imprecisiones históricas, que no tendría sentido corregir a través de mis muchas lecturas posteriores, porque entonces se desvirtuaría la veracidad que conservó mi infantil memoria de tales acontecimientos, aunque no lograra comprenderlos en su magnitud y profundidad.

Como mi padre era un radical yrigoyenista, estaba obviamente a favor de la República Española y en contra del levantamiento franquista de julio de 1936, por lo cual su versión de lo ocurrido entonces fue que oleadas de bombardeos acabaron con la cuarta parte de la población de Guernica, gracias a la acción criminal de la aviación alemana, pero además, y principalmente, dicha fuerza ensayó allí un tipo de ataque nuevo en su historia y en la de la humanidad: el bombardeo de poblaciones civiles.

También recuerdo que se hablaba de Guernica como de una pequeña villa ubicada a 30 kilómetros de Bilbao. Y se decía que había sido atacada como parte de la ofensiva contra Bilbao, para lo cual los nacionalistas contaban con unos 50 mil hombres, la mayoría de los cuales pertenecían a las brigadas navarras.

Por su parte, los defensores eran sólo unos 10 mil, pero protegidos por montañas y un complejo sistema de trincheras. No obstante las diferencias cuantitativas, el avance nacionalista se hizo muy lento, por las lluvias torrenciales, y también, lo reconocían, por la fuerte resistencia republicana. Pero cuando finalmente, días después, los nacionalistas ocuparon Guernica, la encontraron totalmente destruida, por obra de los aviones de bombardeo alemanes, de la llamada Legión Cóndor. Aunque también se decía que la mayor parte de las destrucciones habían sido causadas por los propios republicanos, quienes, al retirarse, habrían dinamitado la mayor parte de los edificios. Y que ello habría sido documentado en un libro basado en supuestos partes de guerra no destinados a ser publicados, lo cual le otorgaba bastante credibilidad.

Además, se agregaba que cualquiera hubiese sido el grado de responsabilidad criminal, ni Franco ni el general Mola habrían sido consultados o informados de cualquier decisión alemana de bombardear la ciudad. Pero, como decía mi padre, más allá de que los republicanos pudieran haber dinamitado algunos edificios, aunque tampoco estaba seguro de ello, habían sido los alemanes los que causaron esa gran destrucción material y humana. Además, resultaba muy difícil imaginarse que a partir de su intensa participación al lado de los nacionalistas, los alemanes, y principalmente la aviación alemana, tuvieran la precaución o la sensación de sentirse obligados a informarle o consultarle a Franco sobre lo que pensaban hacer. Sobre todo porque los que vuelan, según mi padre, tanto en la guerra como en la paz, se sienten más libres e independientes que los que andan por tierra. Y aunque los republicanos hubiesen dinamitado edificios, no habrían dinamitado a seres humanos en Guernica.

Rebeldes y leales. Claro está que mi interés sobre lo que se contaba en mi casa no debe resultar sorprendente por mi escasa edad, aunque obviamente, como ya lo dijera, no alcanzara a comprender en profundidad todo lo que escuchaba y recordaba, porque ya en los juegos de la escuela pública, a la cual concurría, con mis compañeros nos dividíamos en dos bandos, que no eran en esos días River y Boca, sino rebeldes y leales, porque en todas las casas se sentía y seguía con igual pasión esa guerra civil, que tenía sus propias batallas campales en los bares de la Avenida de Mayo, donde desde veredas opuestas los partidarios de uno y otro bando se arrojaban teteras, cafeteras, bandejas y hasta sillas.

Las personas se agrupaban por horas frente a los diarios La Nación, La Prensa y sobre todo Crítica, para seguir desde sus carteleras las noticias y los gráficos de los mapas que mostraban las posiciones de los bandos en lucha.

El resto lo hizo Picasso, porque sin él, Guernica habría sido un pequeño pueblo más, víctima de la guerra, aunque en su caso la destrucción hubiese sido de tal magnitud y tan inhumana. El gran pintor comenzó a trabajar en París sus primeras imágenes y esbozos. Y así pintó decenas de variaciones sobre algunos temas, obsesivamente repetidos, que fueron los que luego conformaron el mural de Guernica. Con esa tremenda fuerza dramática, que regresaban una y otra vez a las figuras de un toro, un caballo, y una mujer que lloraba con un niño muerto en sus brazos. Una vez terminada la obra, ese mismo año de 1937 se exhibió en el Pabellón de la República Española, en la muestra internacional de París.

Dicen que la República la compró en una suma aproximada a los 150 mil francos franceses, pero ante la derrota de los republicanos y los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial, Picasso decidió protegerla dándosela en préstamo al Museo de Arte Moderno de Nueva York. Además, dijo que el cuadro nunca volvería a la España de Franco, promesa que felizmente se cumplió.


*Periodista, escritor y diplomático.



Albino Gómez