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Una comunicación mística

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La hija de Jorge Rafael Videla y toda la familia en general, hasta sus amigos, tenían la ideología de Videla. Y la ideología de Videla era muy sólida. Entienden que lo que hizo Videla durante la dictadura fue una especie de comunicacion mística.

El era profundamente religioso, y por eso pudo soportar momentos muy difíciles. Creía que lo que hizo era lo mejor que podía haber hecho. Lo importante es entender que Videla tenía una mística y que la familia creía en la misma mística que justificaba todo. Por lo tanto, no me extrañaría que su hija continuase con las ideas del padre. Uno de los motivos para reivindicarlo puede ser claramente el cariño hacia él, porque muchos, y en especial su familia y sus amigos, lo querían mucho, y nunca vieron las atrocidades que cometió como un crimen. Videla profesaba un catolicismo extremo de derecha, que lo podía llevar a jugarse la vida por lo que creía como lo mejor para los católicos de ese momento. Así se explica, por ejemplo, que jamás haya habido una declaración de él con algún rasgo de autocrítica. El castigo ejemplar que se le dio en los juicios no lo penetró, porque se sentía Cristo en la cruz, soportando que le tiraran piedras. Tenía un pensamiento cerrado, basado en esa creencia, que no admitía otra mirada. Para la familia de Videla, todo lo que se dijo del dictador los ayuda a soportar. Para su hija, su padre era un héroe, y hay que entenderlo de ese modo. Hay que buscar y entender la lógica de Videla. Los torturadores son personas normales en general, con un aspecto que los lleva a transformarse en torturadores. Quizás tengan una vida dedicada a la crianza de sus chicos, y sean “buena gente”, pero a las 8 torturan.

Y esta señora, hija de Videla, bien puede ser una mujer muy católica y “buena gente”, como tantas otras mujeres, que al mismo tiempo son acérrimas enemigas de cualquier cosa que sea liberación, y como quería mucho a su padre lo homenajea de esta forma, con un Falcon verde, un símbolo de la maldad.

*Dramaturgo y psicoterapeuta.



Eduardo Pavlovsky