ELOBSERVADOR ABORTO: DEBATE DE LO SOCIAL A LO POLÍTICO

Una decisión vital

“Ni Una Menos también es si hay una beba adentro: también la estás matando”, dijo el ministro de Educación, Esteban Bullrich, haciendo referencia al aborto. Las respuestas de distintos sectores no demoraron en llegar. Aquí, en ¿Qué piensan los que no piensan como yo?, Diana Cohen Agrest brinda un panorama equilibrado, con el sustento de la ley, sobre una problemática que, en nuestro país, es difícil abordar.

“Ni Una Menos también es si hay una beba adentro: también la estás matando”, dijo el ministro de Educación, Esteban Bullrich, haciendo referencia al aborto. L
“Ni Una Menos también es si hay una beba adentro: también la estás matando”, dijo el ministro de Educación, Esteban Bullrich, haciendo referencia al aborto. L Foto:temes

Me embaracé a los 15 en el segundo año del colegio. Tenía un enamorado al cual creí amar. Tuvimos sexo, me embaracé y estaba asustada y avergonzada. El actuó como si no fuera gran cosa y como si pudiéramos arreglarlo. Supe que no estaba lista y no podía arreglarlo. El aborto nunca fue una idea en mi mente. Traté de pretender que no era real y lo guardé en lo profundo de mi mente por meses. Mi mamá estaba en su segundo matrimonio y también embarazada, y estaba tan feliz de tener otro bebé que no quise que perdiera esa felicidad con lo que yo había hecho mal, así que no se lo conté. Alguien en el pueblo le dijo que yo estaba embarazada de cinco meses; ella me preguntó, y yo mentí. Ella me preguntó de nuevo dos meses después con un test de embarazo en mano y fue entonces cuando se enteró. Tenía siete meses de embarazo. La siguiente cosa que me preguntó fue qué pensaba de la adopción. Encontré una maravillosa familia para mi hijo. Mi mamá dio a luz dos semanas antes de que yo lo tuviera. Ahora él es un niño feliz de 4 años. Tengo maravillosas fotos y hermosas cartas de su vida mientras crece. Mi mamá y yo soñamos con el día en que lo veamos de nuevo. Bueno, no aprendí mi lección esa vez. Tres años después estaba embarazada otra vez. Me había graduado del colegio y decidí conservar al niño. Su padre y yo ahora estamos casados y tenemos un hermoso bebé de cinco meses. Todavía pienso que era muy pronto para empezar una familia, pero fue lo correcto. Así que, si estás pensando en abortar, piensa en que hay muchas opciones. [Fuente: embarazo inesperado.com] (...)


Otra historia

 Tengo 26 años y hace dos que aborté. Quedé embarazada tomando anticonceptivos de forma regular durante varios años y utilizando preservativo, con una pareja estable. Si yo seguía un tratamiento con pastillas y además utilizaba anticonceptivos era porque había evaluado la situación. Había decidido no tener hijos y, a mi alcance, sólo tenía esos métodos para poder evitarlo. Aun así, fallaron y quedé embarazada. Mi ciclo era siempre muy regular, por lo tanto, con sólo unos días de atraso ya empecé a asustarme. Esperé una semana más. Le dije a mi pareja de ese momento que necesitaba hacerme al menos un test para salir de las dudas. Y del miedo. Terminé comprando cuatro test de embarazo en una farmacia del Costanera Center y me los hice en el baño de ese lugar. El me estaba esperando afuera. Uno tras otro salían positivos, y yo sentía que me iba a desmayar. O a vomitar. Por qué me estaba pasando esto si yo era una persona preparada, una persona que había sido responsable. Salí del baño llorando y le pedí que me acompañara a la casa de una amiga. Me abrazó y me dijo que no me iba a dejar sola. (...)


Los hechos al desnudo

El término “aborto” (del latín abortus o aborsus, de aborior, opuesto de orior, nacer) designa la interrupción del desarrollo del feto durante el embarazo. Técnicamente, el vocablo se refiere tanto al aborto espontáneo como al inducido, si bien usualmente se emplea para designar al último.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre 2010 y 2014 en el mundo el promedio anual de abortos provocados –tanto los seguros como los de riesgo– fue de 56 millones. En lo que concierne específicamente a los abortos de riesgo, la cifra anual global es de 22 millones, casi todos realizados en países en desarrollo. Cada año, unos 5 millones de mujeres ingresan en hospitales como consecuencia de un aborto de riesgo. Y más de 3 millones de mujeres que padecieron complicaciones a raíz de un aborto de riesgo no reciben atención médica.

En la Argentina, la tasa de abortos es una de las más altas de mundo, y las complicaciones en procedimientos abortivos son la causa principal de mortalidad materna, ya que se practican anualmente 500 mil abortos ilegales que terminan con 80 mil internaciones y cien mujeres fallecidas.

Pese a lo que se suele creer, no todas las mujeres que abortan son jóvenes y sin pareja. Numerosas investigaciones realizadas en la mayoría de los países de la región concluyeron que no existe un perfil determinado de mujeres que interrumpen un embarazo, pues pertenecen a todos los sectores socioeconómicos, niveles educativos, edades, religiones y situaciones de pareja.

Como en tantas otras cuestiones, en los sectores más favorecidos las jóvenes y las mujeres adultas suelen ser derivadas por sus ginecólogos de cabecera a clínicas o a consultorios privados donde se les realiza el procedimiento en condiciones de asepsia y por profesionales competentes. Pero, además, la posibilidad de realizar exámenes diagnósticos prenatales (las pruebas de ultrasonido, amniocentesis o un análisis de vellosidades coriónicas) permite detectar, ya en el embarazo, fetos con severas anomalías. Dichos exámenes suelen ser solicitados por mujeres mayores de 35 años, las más de las veces provenientes de segmentos socioeconómicos medios-altos y que, por su edad, son las mismas que cuentan con mayores probabilidades de dar a luz un niño con graves deficiencias. (...)


El estado de la cuestión

La protección de la vida humana a partir del momento de la concepción se promovió desde el siglo XIX, cuando se comenzó a defender, en el seno de la Iglesia y en numerosos regímenes jurídicos, la doctrina según la cual el aborto es una forma de homicidio que viola la doctrina tradicional de la santidad de la vida humana.

Gran parte de los argumentos empleados a favor y en contra de esta práctica se centra en consideraciones morales que dependen del estadio evolutivo del feto. Salvo los que consideran al feto una persona humana desde la concepción, el resto concede una fundamental importancia a las líneas divisorias del desarrollo fetal, las que se enumeran a continuación:

• Concepción. El ser humano adquiere el derecho a la vida desde el momento mismo de su concepción, por lo que matar a un embrión o feto humano, sea cual fuere su estadio de gestación, es incorrecto.

• Individuación. Estadio a partir del cual la masa de la célula embrionaria ya no puede dar lugar a la formación de gemelos. Antes del día catorce, cada célula en el embrión humano es “totipotencial”; es decir, cada célula puede llegar a ser cualquier órgano del cuerpo humano. Una vez transcurridos aproximadamente catorce días de la fertilización, las células embrionarias dejan de ser “totipotenciales”. Muchos sostienen que una vez individualizada, cuando ya no puede producirse una división gemelar, la vida humana no debe ser interrumpida deliberadamente.

• Sensibilidad. Antes de la séptima semana aparece la actividad eléctrica en el tronco del cerebro, que se traduce en cierta capacidad de movimiento reflejo. En las veintidós o veintitrés semanas de gestación, cuando se produce la conexión del tálamo –hacia el cual fluyen los receptores nerviosos periféricos– con el neocórtex, el feto adquiere la capacidad de experimentar sensaciones como el placer y el dolor. Hay quienes alegan que, una vez que el feto adquiere sensibilidad, es incorrecta cualquier intervención que le cause dolor.

• Viabilidad. Estadio en el que el feto es capaz de sobrevivir fuera del útero, a menudo con secuelas. Con la tecnología hoy disponible, los fetos más inmaduros que sobrevivieron fueron alumbrados a las veintidós semanas de ser concebidos. Algunos juristas sostienen que, una vez alcanzado el estadio de la viabilidad, el feto posee derechos morales y legales que pueden desplazar el derecho de la madre a decidir sobre él. (...)

• Nacimiento. Hay quienes rechazan la idea de que el nacimiento indique cierta diferencia en el estatus moral del feto, puesto que las características moralmente relevantes parecen no cambiar por el hecho mismo del nacimiento. Sin embargo, otros defienden la idea de que el nacimiento puede señalar una diferencia importante en el estatus fetal, en cuanto el ser humano es una entidad relacional. (...)


¿Qué dice  la ley?

En toda Europa occidental y en países tan distantes entre sí como Australia, Israel, Sudáfrica y Estados Unidos, por ejemplo, el aborto es una práctica generalizada. La tasa de abortos en los Países Bajos es una de las más reducidas de Europa, lo que refleja una política pública de educación sexual y de acceso a los anticonceptivos. En dichos países, las interrupciones voluntarias del embarazo se practican en clínicas especializadas, y la intervención es íntegramente cubierta por un seguro público, una política igualmente adoptada por Suecia y Dinamarca. En Alemania e Italia, las mujeres deben asistir a una entrevista previa. En España, el embarazo puede interrumpirse si su continuidad pone en riesgo la salud de la madre, entendida integralmente como salud física o mental, aunque persiste cierta reprobación generalizada a las mujeres que recurren a él.

En América Latina, en cambio, las leyes son más restrictivas; el único país que autoriza el aborto es Uruguay, mientras que otros como Bolivia, Brasil y Colombia lo permiten sólo para preservar la vida de la mujer o en caso de violación.

En la Argentina, la interrupción voluntaria del embarazo o aborto inducido es un delito descripto en el Título I, Capítulo I, “Delitos contra la vida”, del Código Penal. Asimismo, la norma establece como aborto no punible el que se practicare a fin de evitar un peligro para la vida o la salud de la mujer (aborto terapéutico), o el que interrumpiere un embarazo fruto de una violación o de un atentado contra el pudor cometido sobre una mujer idiota o demente. Dada la equivocidad de dicha expresión, durante años se debatió si la mujer violada debía ser “idiota o demente” para que no fuera punible el aborto. En marzo de 2012, la Corte Suprema de Justicia precisó que el aborto es no punible en violaciones cometidas sobre cualquier mujer y además indicó que no es necesario recurrir a la Justicia para su realización. (...)


Las razones a favor y en contra

 ¿Víscera o don divino de la vida?

+ Según el derecho de propiedad, cada individuo puede ejercer el dominio sobre sus actos y sobre su propio cuerpo. Si el feto es un órgano más del cuerpo de la mujer, dicha analogía confiere a la mujer el derecho irrestricto a eliminarlo de su cuerpo.

– La vida es un don de Dios que, por su carácter sagrado, debe ser respetada. Si Dios da la vida, no somos dueños de disponer de ella a nuestro arbitrio.

¿Autonomía reproductiva o pena capital?

+ Toda vez que se ponen en tela de juicio los fundamentos morales de las políticas restrictivas del aborto se cuestiona el paternalismo legal expresado en el derecho que le cabe al Estado de interferir en la vida privada de los ciudadanos: quien piensa que una mujer puede recurrir al aborto ofende acaso la sensibilidad de ciertos conciudadanos, pero no obligaría a nadie a interrumpir el embarazo.

“Quien piensa que una mujer no debe jamás recurrir al aborto puede estar tentado de imponer por la fuerza su concepción de la vida buena a personas que no la desean. En ese sentido, no se podrían considerar la posición liberal y la posición conservadora como pura y simplemente simétricas”, opina Jean-Yves Goffi.

Una legislación permisiva no obliga a las mujeres a abortar en contra de su voluntad. Pero una legislación restrictiva obliga a las mujeres a continuar un embarazo, violentando su voluntad.

– El feto es un ser humano inocente y, como tal, su vida debe ser protegida por el Estado. Si la privación directa de la vida de una persona inocente es un asesinato, y el asesinato bajo ningún pretexto resulta permisible, entonces el aborto no es permisible. A modo de subargumento se apela a una analogía: así como se aplica la pena capital al culpable de un delito, mediante el aborto se aplica la pena capital a un inocente indefenso. Si rechazamos la pena de muerte, con mayor razón debemos desaprobar el homicidio de niños que no han nacido.

¿La vida de la madre o la vida del feto?

+ Si las acciones han de ser calificadas moralmente por sus consecuencias, la prohibición del aborto es indebida porque provoca la muerte de millones de mujeres. A lo largo de la historia, ellas pagaron un precio muy elevado por la ausencia de métodos anticonceptivos y de un aborto legal y seguro.

Mientras que las mujeres pertenecientes a clases medias y medias-altas tienen acceso a abortos realizados en condiciones óptimas de asepsia y a cargo de profesionales médicos, en cambio las de medios sociales bajos o las que habitan en zonas rurales no disponen de la atención privilegiada de las primeras y se someten a métodos caseros en manos inexpertas. Al acceder sólo a abortos clandestinos en condiciones sépticas, corren riesgo de muerte. El aborto clandestino implica hoy un problema gravísimo de salud pública en aquellos países donde se encuentra penalizado. Una política restrictiva no disminuye la tasa de abortos, pero sí incrementa los riesgos de la intervención cuando se realiza en la clandestinidad.

– La vida humana, desde la formación de la primera de sus células, debe ser tratada con el respeto incondicional que se le debe a toda criatura de nuestra especie. Por lo tanto, el aborto debe ser visto como la terminación deliberada de una vida humana individual, biológicamente distinta de la de su madre. Negarle todo valor a este ser, o reconocerle un valor menor que el de su progenitora, constituye un juicio de valor subjetivo. (...)

¿Sacrificarse por un tercero?

+ En un clásico artículo publicado en 1971, “Una defensa del aborto”, Judith Jarvis Thomson ideó un experimento imaginario con el propósito de que sirviera de contraejemplo destinado a mostrar los límites del análisis centrado en el feto. Esta autora sostiene que, aun cuando se reconozca en el feto el carácter de persona, de ese reconocimiento no se sigue que el aborto es (siempre) incorrecto. Porque aquello que está en juego no es sólo el derecho del niño no nacido a vivir, sino el derecho de la mujer a no prestar su cuerpo para que sirva de sostén vital del feto, si hacerlo significa para ella una carga. Para ilustrar su tesis, Thomson imagina el escenario en que un célebre violinista entra en coma, víctima de una afección renal, y sólo hay un individuo histocompatible con él. Con el fin de salvar su vida, la Sociedad de Amigos de la Música secuestra a la persona compatible y la conecta al sistema circulatorio del violinista, para que sus riñones eliminen los desechos, tanto del músico como del ignoto individuo. ¿Acaso el secuestrado debe aceptar las razones esgrimidas por los miembros de la Sociedad de Amigos de la Música, de que el tratamiento sólo se prolongará por nueve meses y de que, si desconecta el sistema que lo une al violinista, él será el responsable de la muerte del artista?

Este experimento imaginario intenta mostrar que ciertos abortos son moralmente permisibles: los embarazos producidos por violación, o aquellos en que la vida de la madre corre un serio riesgo. El objetivo nuclear de la tesis de Thomson es establecer la precedencia del derecho de la mujer sobre su propio cuerpo, el cual desplaza el derecho del feto a vivir, describiendo el aborto no tanto como un acto de matar sino como un acto que priva de sostén al feto.

Por último, desde un enfoque jurídico afín a esta posición, se señala que no hay otro caso en el que la ley exija a las personas –no penadas por delito alguno– sacrificar su libertad, su autodeterminación y su integridad física para preservar la vida de otros.

– Casi todos los seres humanos, en alguna etapa de su vida, deben consagrarse al cuidado de otros y viven atrapados en una existencia sacrificial al servicio de padres ancianos o de un hijo enfermo. Por cierto, las tragedias acarreadas por hijos no deseados son muchas y serias, pero también lo son aquellas acarreadas por padres no deseados; sin embargo, pocas personas estarían de acuerdo en legalizar el parricidio como solución final al masivo problema social del padre que agota los recursos financieros y emocionales de sus hijos. Esta condición sacrificial, en la cual no se vislumbra posibilidad alguna de liberación, no constituye una justificación aceptable para la destrucción de la vida. (...)