ELOBSERVADOR DESTINO EN ALZA

Una semana de turismo en Malvinas cuesta US$ 1.500

Junto a la pesca representa el 90 % de los ingresos de las islas. Pese al nacionalismo de la sociedad, dicen no discriminar a los argentinos.

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Por más curioso que parezca elegir como destino turístico las islas Malvinas, varias compañías argentinas realizan viajes desde el territorio continental hacia el archipiélago, en disputa con Gran Bretaña desde hace más de cien años. El turismo representa, en conjunto con la pesca, el 90% de la economía isleña. En los últimos años recibieron entre 40 mil y 60 mil pasajeros por año, lo que deja unos 12 millones de dólares en las islas.
El director de la empresa de turismo a las Malvinas Magallanika Tours, Fernando Gatti, explica que existen tres tipos de viajeros: por un lado están los ex combatientes, que son la mayoría de quienes contratan sus servicios. También muchos interesados en la historia, o periodistas, y muchos amantes de la flora y la fauna.
Para Gatti, cada pasajero tiene una motivación muy distinta para viajar a las islas, pero afirma que a los ex combatientes los une un mismo motivo: reencontrarse con su historia y rendir homenaje a sus compañeros caídos en la guerra de 1982. Además, relata que lo primero que hacen los soldados es ir al campo de batalla donde estuvieron y buscar su posición. “El resto de los días –asegura– lo dividen entre visitar el cementerio de Darwin y recorrer otros lugares de combate”.
“La primera vez que fui, lo primero que hice fue buscar mi posición, el pozo donde estuve. Y encontrarla es muy fuerte, muy emocionante”, relata el integrante del Centro de Ex Combatientes de Islas Malvinas (Cecim), Luis Aparicio, quien en total viajó a las islas tres veces.
Gatti observa que en el caso de los ex combatientes no es necesario oficiar de guía turístico sino de conductor, ya que “los soldados son los que mejor conocen las islas, saben algo que los civiles no conocen, porque compartieron vivencias con sus compañeros”.
El viaje para los argentinos dura una semana, ya que los vuelos entre el continente y el archipiélago sólo llegan y salen los sábados. Con respecto a los costos, el empresario señala que un turista de cualquier parte del mundo gasta en una semana hasta 1.500 dólares entre alojamiento, comida y el alquiler de un vehículo para movilizarse. En el caso de los argentinos, los vuelos también son caros: “Si se elige la opción de volar vía Santiago de Chile se gastan 1.400 dólares más de pasajes; en cambio, si se toma un vuelo con escala en Río Gallegos, que sale un sábado por mes desde Buenos Aires, el costo de aéreos disminuye a menos de 900 dólares”.
Playas con arenas blancas, cinco colonias de pingüinos diferentes y vegetaciones vírgenes comprenden el recorrido que realizan quienes no buscan la parte histórica de las islas. “Es muy hermoso porque se conserva lo salvaje de la naturaleza”, afirma el guía de Magallanika Tours, y aclara: “El problema es el clima, porque es muy frío y en un solo día pueden coincidir las cuatro estaciones del año”.
“La segunda vez que viajé miré un poco más el entorno de la ciudad, cómo viven los isleños. Tienen paisajes muy hermosos, con playas muy recortadas, y siempre hay muchos turistas”, cuenta Aparicio. “Esas cosas no las pude ver en el primer viaje porque estaba dentro de una nube de recuerdos, no paraba de llorar”, recuerda. Aparicio detalla que en el Cecim los ex combatientes viajan en pequeños grupos de manera independiente.
Esteban Raffetto es pianista y llegó de casualidad a las islas porque el crucero en el que tocaba con su banda arribó a Puerto Argentino. De su estancia cuenta que no se sintió observado por los isleños, y opina que hay mucho respeto de los habitantes con los argentinos. “Lo que más me llamó la atención es el nacionalismo, en todas las casas hay banderas inglesas colgadas”, recuerda.
“Siendo ex combatiente, los kelpers tienen mucho respeto y comprenden la necesidad de volver”, dice Aparicio, aunque aclara: “Si hay un lugar donde un argentino sabe que juega de visitante es en Malvinas”.
“Nos sentimos totalmente cómodos con la gente que venga a visitarnos, sean argentinos o de otras partes del mundo –arranca Alex Olmedo, un malvinense encargado del hotel Waterfront en las islas–. Recibimos a ex combatientes o familiares de caídos en la guerra y no tenemos ningún problema con ellos”, explica con un castellano perfecto, y aclara: “No existe discriminación ni se mira con recelo a los argentinos”.
Según Olmedo, el lugar central para que visiten los turistas, sean argentinos o del resto del mundo, es la capital Puerto Argentino, que Olmedo denomina Puerto Stanley.
Además de recibir pasajeros del exterior, durante los últimos años existió un gran movimiento de turismo interno a lo largo de las distintas islas que componen las Malvinas, que en total son 700 en los alrededores de la Soledad y la Gran Malvina, las dos mayores.
Llegar hasta Malvinas no es complicado: a los argentinos no se les exige visa, pero sí pasaporte, al igual que a los británicos. Además, se pide una reserva hotelera contratada de antemano y un seguro médico que incluya evacuación sanitaria de hasta cien mil dólares.



AGUSTIN GULMAN