ELOBSERVADOR GRABADA POR VETERANOS

Una versión del Himno Nacional bien malvinera

Ejecutada por Claudio Szpin y Sergio Vainroj, se escucha en los actos oficiales del Municipio de Morón. Recuerdos de la guerra y un tango.

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“¡Oh juremos con gloria morir!”, cantó emocionado Claudio Szpin, y la frase resonó de tal forma en el Salón de Actos de la Escuela Provincial 53 de la localidad bonaerense de Morón que todos los presentes sintieron la emoción que emanaba de
su voz en ese momento. A su lado, su amigo Sergio Vainroj intentaba contener las lágrimas mientras tocaba en el piano los últimos compases del Himno Nacional.
Para ambos, las estrofas finales de la canción patria tienen un sentimiento especial y un significado que les cuesta explicar con palabras: son veteranos de la guerra de Malvinas y estuvieron cerca de dejar su vida para defender el territorio nacional.

Melodía inconclusa. Pero esa tarde del 4 de julio de 2013, la versión del Himno que hicieron en el acto en el que le estaban poniendo el nombre del ex combatiente Luis Alberto Ibáñez (fallecido en el
Crucero General Belgrano) a la Biblioteca de su colegio primario tuvo un sentido diferente: presentaban oficialmente la grabación que habían hecho para el
Municipio de Morón para ser distribuida en todos los establecimientos educativos de esa localidad.
El proyecto, único en el país, había surgido en las numerosas charlas entre ambos en las que recordaban las experiencias que habían vivido durante los combates y, especialmente, en el regreso al continente en el buque inglés Canberra, donde Vainroj lo interpretó para todos sus compañeros y fue interrumpido por el golpe de un británico (ver recuadro).
La melodía había quedado inconclusa y así permanecería en su vida durante los treinta años siguientes, clavada como un puñal en sus recuerdos, que van y vienen en su mente cada vez que se sienta al piano para ejecutarla.
Szpin, que estaba estudiando canto y conocía la historia de su amigo, le propuso el año pasado hacer una versión juntos. A Vainroj le gustó la idea y se la comentó a sus compañeros del Centro de Veteranos de Morón, con quienes suele tocar el Himno en cada acto del 2 de abril.
De allí surgió la propuesta de que lo cantaran juntos en el trigésimo aniversario de la guerra, que realizarían en conjunto con la municipalidad de esa localidad. La interpretación les salió tan bien, que la entidad decidió elevarle un proyecto al intendente Lucas Ghi para grabarla en un estudio.
“Es una idea en conjunto porque nos acordábamos de lo que había pasado en el Canberra pero no sabíamos que había sido Sergio el que la había protagonizado, hasta que llegó con la idea de grabarlo. Se la presentamos al intendente y le gustó la propuesta”, afirma Reinaldo Arce, presidente del Centro de Veteranos de Malvinas de Morón.
Ghi no sólo le dio el visto bueno al proyecto sino que, además, les propuso distribuir el CD en todas las escuelas públicas y privadas de su distrito para que lo utilicen en los actos patrios y las fechas conmemorativas. Incluso decidió que ésa será la versión que se usará en las actividades oficiales del municipio.
“La idea nuestra era contribuir a un final feliz de la historia de Sergio y concluir ese episodio que está tan arraigado en nuestra historia reciente, con las connotaciones que tiene Malvinas por el dolor por las pérdidas, pero también por los tipos que con 18 o 19 años fueron a jugarse sin saber muy bien por qué, pero creyendo que había un valor atrás que justificaba esa entrega –afirma el intendente–. Nuestro propósito era compartir y masificar también esa historia del Himno inconcluso con la comunidad de Morón. Vamos a distribuir las copias por las más de 200 escuelas que tenemos en nuestro distrito para que lo utilicen como el oficial y nosotros en la Municipalidad también lo vamos a usar”.
Esto tiene un doble significado para los veteranos de Malvinas ya que, por un lado, es un reconocimiento a sus treinta años de lucha y, al mismo tiempo, “una reivindicación sumamente positiva” del rol que cumplieron durante la guerra, según detalla Arce.
A su vez, el haber grabado esta versión le permitió a Vainroj cerrar parte de su historia en la guerra. “Esto me sirve para poder concluir lo que ocurrió en el Canberra y compartirlo con todos”, afirma.
Pero también les ha dado un incentivo a los ex combatientes para seguir trabajando en nuevas ideas, ya que el Centro de Veteranos de Malvinas de Morón planea gestionar ante el gobierno de Daniel Scioli que este CD sea utilizado en todos en los actos que se realicen en los colegios de la provincia de Buenos Aires.

Soldados judíos. Todo fue muy vertiginoso desde que surgió la idea hasta que se concretó y lo presentaron, por lo que los propios protagonistas no dejan de sorprenderse por el movimiento que se generó y la reacción que perciben en los chicos cuando se enteran de que los intérpretes son ex combatientes.
“Estuvo muy bueno el acto (del 4 de julio) porque los chicos se pusieron a cantar el Himno y se notaba que lo hacían con ganas y no de
compromiso como en cualquier otra fiesta patria”, resalta Szpin.
Los alumnos no hicieron más que reflejar el sentimiento que les transmitieron ambos cuando lo entonaron desde el escenario.
Es que para ellos no es una canción más, porque trae consigo una carga emotiva que viene acumulándose desde hace 31 años, especialmente para Vainroj.
“Es muy emocionante tocarlo. No es una música más porque tiene una carga muy particular. Es revivir lo que pasó en el Canberra, se me mezclan muchas imágenes de ese momento: mis manos sobre el piano, los ruidos que había y toda la película de la guerra y los años posteriores hasta el día de hoy. Voy y vuelvo y después me doy cuenta de que estamos con los compañeros cantándolo en una escuela en 2013. Es algo que me sobrepasa. Es una parte de mi vida personal”, destaca.
Szpin concuerda. “Me pasan un montón de emociones cuando entono el Himno, lo siento mucho.
Nosotros vivimos la situación que dice su frase final. Fuimos a morir con gloria a pesar de todas las situaciones y las cosas complicadas que sufrimos. Pensábamos hacerlo dentro de nuestra capacidad. Cuando la canto, recuerdo mucho ese momento”, afirma.
Estos sentimientos volvieron a plasmarlos el 11 de noviembre, cuando lo cantaron en el homenaje que les hizo la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires a los soldados judíos que combatieron en Malvinas.
Ambos están orgullosos de su trabajo y agradecidos por haber tenido la oportunidad de grabarlo y por el
reconocimiento público,
pero sienten que aún les falta un paso más, un sueño que ansían que alguna vez se concrete: que las escuelas judías del país usen su versión en los actos patrios.
“Me encantaría que fuera el Himno que se toque en las escuelas judías. Sería un gran orgullo para mí, porque detrás de esa versión
estamos dos veteranos de guerra judíos que lo grabamos. Sería un reconocimiento más y eso es muy bueno y sanador para nosotros”, concluye
Vainroj.


Aquella vez, a bordo del ‘Canberra’
Sergio Vainroj es músico y toca el piano desde que era chico. A los 18 años lo movilizaron a las islas
Malvinas junto con su regimiento, el Infantería Mecanizado 3, de la localidad bonaerense de La Tablada, donde sufrió los maltratos de su superior por su condición de judío.
Luego de la rendición, lo embarcaron en el buque inglés Canberra, donde viviría un suceso que lo marcaría durante toda su vida. Esta es su historia:
“Nos ubicaron en un salón grande donde había un piano. Pensé: ‘Quiero tocar’, y se lo dije a mi compañero
Carlos Sabin. El me animó para que fuera. Me daba miedo porque era una situación especial, estaban los
ingleses apuntándonos, éramos prisioneros.
”Me acerqué a un soldado y le pedí permiso. Me abrió la tapa y empecé con algo de Piazzolla y Bach. En ese momento, Sabín me gritó: ‘Tocá el
Himno Nacional. Otros soldados me pidieron lo mismo.
”Paré un momento. Me quedé quieto, en silencio, y largué con la introducción. En eso, escucho la voz de un oficial que ordenó: ‘Soldados, de pie, el Himno Nacional’. Todos se pararon y se produjo mucho movimiento.
”Los ingleses pensaron que era un amotinamiento. Se oyó el ruido de armas cargando, vinieron otros y empezaron a gritar que nos sentáramos.
Yo seguía tocando. El que me había abierto el piano me agarró del brazo, me empujó y caí encima de mis compañeros.
”El Himno quedó inconcluso, en el aire, sin llegar a la parte de la letra.
Fue un sentimiento de libertad y rebeldía típica de adolescente.
Sentí alegría y alivio, y pensé: ‘Estamos acá, no nos vencieron ni nos vencerán”.



Hernan Dobry