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Jorge Fernández Díaz: "El amor es más complejo que el déficit fiscal"

El autor de Mamá, El puñal y, ahora mismo, La herida deja a un costado el lado circunspecto al que nos acostumbró desde sus columnas políticas, la radio y el cable y descubre su parte más escondida. Separación, hijos, egos, sacrificios, kilos de menos y libros, muchos libros.

Jorge Fernández Díaz
Jorge Fernández Díaz Foto:José Tolomei

-Dieciséis libros publicados, muchos best sellers. Una trayectoria periodística recorrida en los medios gráficos más importantes del país. Columna política de lectura obligada los domingos en La Nación, donde también tenés tu programa de cable. Inamovible en las noches de radio Mitre. Premios en catarata, desde el Konex (2) hasta el diploma que te otorgó la Real Academia Española distinguiéndote como uno de sus miembros. Integrante de la Academia Argentina de Letras. Elogios en los que coinciden desde colegas argentinos, lo que no es fácil, hasta el español Arturo Pérez Reverte… Si hicieras un viaje hacia aquel pasado de lucha en la casa de Ravignani 2323 y volvieras, ¿te sorprendería ver lo que sos hoy?


-No. Lo que soy es más o menos lo que siempre quise ser. Quizá me sorprende el tiempo que tardé para terminar de ser lo que soy. La necesidad de ser un gerente periodístico (N. de la R.: trabajó en El Cronista, Diario Perfil, Noticias y La Nación, entre otros medios), tener que parar la olla, me desvió de mi destino de escritor; escritor en sentido amplio, escritor periodístico, escritor ensayístico, escritor novelístico. No me sorprendo por encontrarme donde estoy, lo busqué siempre.


-¿Pagaste un precio alto para conseguirlo?


-Muy alto. Porque la gestión periodística muchas veces te exige dedicación con tiempo completo. Y yo, mientras hacía eso, quería escribir. Era muy desdichado si no podía escribir. Entonces dividí mi tiempo e hice esfuerzos entre ser un gerente periodístico y no dejar de escribir novelas, cuentos… Llevé una especie de doble vida.


-Duro…


-Trabajé prácticamente sin francos durante toda mi vida. Cuando tenía un día libre o vacaciones, los usaba para escribir. Los tiempos muertos de las redacciones los aprovechaba para la literaura. Las noches las usaba también para escribir.


-¿Y la familia? ¿Reclamaba?


-En un momento creo que sufrió esa "doble vida"… porque me exigía todo, absolutamente todo. El que es escritor y tiene vocación por escribir cuando no escribe se siente desdichado, incompleto, mal por no cumplir con su destino.


-La separación de tu primera mujer,Gaby, ¿tuvo que ver con esta situación?


-No, no… Tuvo que ver con los vericuetos del amor, la vida... Cuando me separé viví una etapa muy impresionante. Descubrí la mirada psicoanalítica, y eso fue muy importante para mi literatura. Yo, en un momento, me rompí. Fue cuando, después de haber escrito tres libros, no sabía sobre qué seguir escribiendo… Y comencé a hacerlo sobre mi madre, con “Mamá”, seguí con “Fernández”, y entonces descubrí una emocionalidad muy grande. Me mezclé con temas amorosos al mismo tiempo que vivía circunstancias amorosas tormentosas, como la separación de mi ex mujer. Atravesé muchos momentos tormentosos y me dediqué mucho al amor, muchísimo. Un gran aprendizaje.


-Qué cosa el amor, ¿no?


-El tema del amor es el más complejo y serio del mundo. Mucho más serio que la economía y mucho más complejo que el déficit fiscal. El amor, por qué amamos, cómo amamos y nos acomodamos al otro... Todas las cosas fantasmales que nos persiguen cuando amamos, lo que nos sostiene. La paz de los cementerios, que muchas veces se convierte en la tranquilidad del amor. Por qué el amor crece en las incertidumbres. Hay una serie de misterios insoldables, sobre los que han escritos filósofos, psicólogos, novelistas... una biblioteca inmensa y, sin embargo, no terminan de explicarse.


-¿Cómo es un día tuyo?


-Me levanto todos los días entre ocho y media y nueve. Leo los diarios. Preparo temas para mi web. Selecciono lo que voy a leer en la radio. Leo. Leo mucho. Libros de todo tipo. Y voy al gimnasio. Mientras hago marcha forzada en la cinta, leo. Bajé ocho kilos con una hora de gimnasia diaria. Duermo media hora de siesta. Empiezo a trabajar en la columna, hablo con gente. A la noche voy a la radio y estoy en casa a eso de las diez y media para cenar con Verónica, mi mujer. Cada quince días voy a la Academia Argentina de Letras…


-¿Cuál es tu método de escritura? ¿Cómo hacés para encontrar el momento de calma necesario para aislarte de la vorágine periodística que te consume la mayor parte del día?


-Es difícil. Pero como lo hice toda la vida, me cuesta menos que a otros. “El puñal” y “La herida” los escribí todos los domingos durante dos años. Eso sí, el resto de la semana tomaba notas sobre lo que iba a escribir. Entonces, cuando llegaba el domingo no perdía tiempo; me sentaba a las cuatro de la tarde y me levantaba a las once de la noche. Me rendía el día porque previamente lo había escrito en mi cabeza.


-Esos domingos eran como un recreo…


-Una de las partes más felices de mi vida, por eso escribir forma parte de mis vacaciones. Sigue siendo un juego, un juego de chico grande.


-¿Necesitás algo especial? ¿Silencio? ¿Una copa de vino?


-Silencio. Mucho silencio. De vez en cuando algún clásico de jazz. “El puñal” tiene escenas que fueron hechas con John Coltrane de fondo. Con “La herida” tuve necesidad de poner a Sinatra…


-¿Y el famoso pánico de la hoja en blanco? ¿Cómo lo manejás?


-En literatura no existe, sí cuando escribo una columna para el diario. Por más que la preparo, no sé cómo encararla. Como se trata de una columna de fondo, de panorama periodístico, me exige tanto como hacer un ensayo político. Son 7400 caracteres que me llevan diez horas. Una barbaridad de tiempo, pero yo tengo la maldición de que quiero que todo suene de una determinada manera. Como la música, que sea bella a la hora de armonizarse. Que sea nueva, que tenga metáforas nuevas. Ahí sí tengo el terror a la página en blanco porque no sé cómo voy a empezar.


-Pero empezás…


-Te cuento un secreto: agarro un tomo de sus obras completas y leo a Borges porque aspiro a esa síntesis ambientada, por momentos maravillosamente sentenciosa, que tiene. Por supuesto, no me sale (risas). Pero es una inspiración para mí, es un rezo laico. Me encomiendo a Borges, él no me escucha, claro (risas) y lucho para que la columna se lea de una forma eficiente y estética.


-¿Y la radio? ¿También tiene páginas en blanco?



-No, no. La radio es otra cosa, es increíble. Descubrí que hay dos tipos de intimidad. Esa en la que te metés en la cabeza de alguien que entra en tu novela y vive esa historia. Y la otra, la que establecés con el oyente. Esa persona que te escucha mientras vuelve en el auto, o está cocinando. En “Pensándolo bien” yo le leo a gente que jamás va comprar un libro. Borges, Bioy Casares… Es muy impresionante. Te escuchan 500 mil personas, una bocha de gente, y hay de todo, lectores y no lectores… Aprendí que no me podía esconder de mis oyentes. Una vez yo estaba deprimido y pensé: "No se tiene que notar que estoy deprimido". Hablaba, decía cosas muy rápido...y empezaron a entrar llamados y tuits diciendo "Jorge, ¿por qué estás triste hoy?" Se habían dado cuenta…


-Esa relación debe afectar tu ego, alimentándolo…


-No me afecta, pero me vuelve muy vulnerable.


-¿Por qué en la mayoría de las fotos aparecés serio, con gesto adusto? ¿Tiene que ver con la representación de cierta imagen de escritor que te interesa transmitir?


-Nooo…. Puede ser que… Soy una persona muy preocupada, porque soy un explorador y un sobreviviente. Siempre creo que las cosas son graves. Me tomo muy en serio la política y la literatura. Por ahí cuando me sacan fotos pienso que no tengo una buena sonrisa, no sé…


-Más allá de lo que contás en el libro, ¿cómo es la otra mujer de tu vida? Carmina, tu mamá.


-Hoy tiene 86 años. Fue dura y amorosa al mismo tiempo. Ella sí entendió que quería ser escritor, y me regaló la colección de libros “Robin Hood”. Justamente ayer me dijo que se acordaba cuando leía lo que yo escribía en libretas a los 14 años…, westerns, novelas de espías…


-¿No te sentiste un intruso cuando la entrevistaste durante 50 horas para escribir “Mamá”?


-Sí, claro. Hubo momentos en los que me esforcé para olvidarme de que la persona que tenía enfrente era mi madre. Ante una crisis creativa me di cuenta de que tenía que escribir sobre la historia de mi familia, unos asturianos de un barrio de Palermo pobre, incluso para contarles a mis hijos como carajo era que nosotros veníamos de la pobreza y la hambruna post Guerra Civil Española…. Que no todo era lo que ellos habían tenido.


-Y fue un éxito…


-Lo escribí sin ánimo de publicarlo y cuando me lo propusieron, se lo comenté a mi madre. Imaginate, exponía nuestras vidas con todo. “Publicalo, ¿qué puede pasar?”, me dijo. “Nada, que no se venda. ¿A quién le puede interesar la historia de la madre de un periodista?”, le contesté. Mirá vos…


-Marcial, tu papá, era mozo en un bar de Canning y Córdoba. Creyó que eras un vago desde los 15 hasta tus 25 años porque querías ser escritor. Hasta que tu historia “El asesinato del wing izquierdo”, los reconcilió..


-Yo estaba en La Razón y escribía ficción por entregas sobre temas reales de los que teníamos mucha información pero no podíamos probarla. El fútbol era uno de ellos. Cierto día suena el teléfono. Mi papá. Me asusté, pensé que había pasado una catástrofe. Nunca me había llamado. Me preguntó si el protagonista iba a recuperar un bolso que había perdido. No entendía nada. Le volví a preguntar, y entonces me dijo “lo que pasa es que en el bar todos están leyendo tu historia y se quedaron paralizados. ¿Lo va a recuperar?”. Intenté que no se diera cuenta de que estaba entre lágrimas. “Sí, lo va a recuperar”, le dije. “¿Estás seguro?” “Sí, estoy seguro”, y me fui al baño a llorar.


-Cambió la relación…


-Sí, totalmente…


-Alguna vez dijiste que podrías vivir sólo de la literatura. Entonces, ¿por qué seguís con tantas cosas? ¿Tenés miedo de que la gente de olvide de vos? ¿Estar en la radio y en la tele alimentan tu ego? ¿Te obliga tu compromiso con la realidad argentina? ¿O es una manera de seguir demostrándole a tu padre que nos sos un vago?


-Buena pregunta… Hay varios elementos en juego, pero sí, tal vez lo último de lo que decís sea lo primero.


-Martín y Lucía, tus hijos, ¿qué te han reprochado y qué te han agradecido?


-Reprochado, que no los llevé a Disney metafóricamente hablando. Siempre estaba escribiendo, enquilombado… No me gustaba ir al colegio, a las reuniones de padres… Mi hijo me agradece la literatura, es más parecido a mí. Lee mucho sobre economía e historia. Trabaja en Mitre, en las páginas web. Supongo que mi hija me agradece el cine. A ella le gusta con locura. Es productora musical. No podía transmitirles fútbol así que les transmití películas, libros y ese sentido de la integridad típica de un hijo de inmigrantes


-De todo lo que lograste hasta ahora, ¿qué es lo que más te enorgullece?


-El otro día recibí desde Madrid un tubo así de grande. Era un diploma que decía que era Miembro Correspondiente de la Real Academia Española. Un diploma impresionante, ¡imperial! Y pensé “El hijo de Marcial llegó a la Real Academia Española…” Un delirio, algo totalmente impensado. Pensé en tener éxito, en escribir una película, como lo estoy haciendo ahora con el guión de “El puñal”, pero un diploma así…


-Hablamos mucho sobre escritura y lo que significa para vos, pero no definiste qué es escribir…


-Escribir es varias cosas y a veces una sola. Primero, contarse a uno mismo, y después contarle al lector una historia, un razonamiento. Tenerlo hechizado hasta el final y que no me abandone. Para mí, eso es escribir.


-¿Qué te falta lograr?


-Yo quiero escribir ochenta novelas. Para mí, la vida es una escalera interminable. Y no es un problema de ambición, guita o fama…mi sueño es escribir hasta morir. Esa sería mi felicidad.



Agradecimiento: Lautaro Larocca


Javier Manes