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Julieta Cardinali: "Soy una abanderada del placer"

Actriz, diseñadora, madre y devota del disfrute. Todo es Julieta, que en esta nota habla de sus placeres pero también de sus múltiples desafíos. Símbolo de estilo y sofisticación, jura que apuesta por lo más sencillo: ser feliz a diario

Julieta Cardinali.
Julieta Cardinali. Foto:José Tolomei
Es de las que sabe administrar su tiempo. Y se nota. Ya sea cuando trabaja a full en tele (el año pasado hizo Los ricos no piden permiso) o como ahora, que se reparte entre Buenos Aires y Rosario filmando la nueva apuesta de Gustavo Postiglione, el director rosarino de El Asadito. “Es un proyecto súper experimental e independiente. Somos Gustavo, una cámara y yo. La producimos nosotros y la idea es que sea una película toda en off, dominada con los pensamientos de mi personaje”, cuenta.  

-¿Metiste mano en esos textos? -No. Si bien hubo años en los que escribía más, hoy no lo tengo tan incorporado a mi vida. Fue más bien una época juvenil en la que mantuve una especie de diario íntimo, un registro que aún hoy me sigue gustando mucho. Soy muy lectora de diarios personales y biografías de personajes de todo tipo, desde Picasso a Marlon Brando.

-Te gustan los libros… -Sí, mucho. El otro día alguien me dijo: “sos una de las últimas compradoras de libros”. Creo que no es así, que somos muchos todavía… Quizá estemos en vías de extinción, no lo sé, pero yo no puedo reemplazar un libro por una tablet o un e-reader. No reniego para nada de la tecnología, pero me gusta mucho el objeto libro, su olor, la posibilidad de subrayarlo, escribirlo, guardarlo…

-¿Y con las demás novedades del mundo tecnológico como te llevás? Las redes sociales, por ejemplo… -Bien. Uso mucho Instagram, porque me encanta sacar fotos y porque me atraen las imágenes en general. Además es una red social ideal para promocionar lo que hago con la ropa (N de la R: Clara x Julieta). Creo que no hay mejor forma de comunicar la moda que con una buena foto. Twitter lo uso mucho menos y Facebook casi nada.

-¿Nunca te molestó esto de la supuesta vida perfecta que refleja Instagram? -No, y tampoco me parece criticable que cada uno muestre sus cosas de la mejor manera posible. Yo no creo que todo el mundo viva así, tan bellamente como se ve en Instagram, pero no me parece mal, prefiero que se muestre algo lindo antes que algo feo, toda la vida. Me interesa el afán estético detrás de esas fotos, ya sean producidas o más “naturales”.  Esta cosa de criticar las redes sociales me parece medio demodé, avancemos ya son parte de nuestras vidas.

-Nunca te acercaste a esa máxima de todo tiempo pasado fue mejor, ¿no?

-No, soy cero melancólica. Me gusta cumplir años, me gusta crecer. Para mí la cosa siempre es para adelante. Soy muy agradecida de mi pasado y de mi infancia. Con padres separados, lo que quieras, pero fue una crianza muy feliz, muy amorosa. Aún así jamás diría “quisiera volver a los 20”. ¡Me mato!

-¿A los desengaños amorosos también los podés ver hoy con una sonrisa? -Sí, aunque ahí ayuda mucho la terapia, ¡tampoco soy Sai Baba! (risas). Pero sí, trato de dejar atrás las cosas malas que me pasaron. Esa gente que se queda enganchada con el ex que la maltrató, o con el trabajo en el que la pasó mal, me parece que no se ayuda mucho a sí misma. Hay que avanzar, no estancarse con los problemas. Y para eso no queda otra más que arremangarse y trabajar. 

-Hablábamos antes de las nuevas tecnologías. ¿Las series on demand entran en esa categoría?

-(Interrumpe) ¡Me miro todas! Literal. Es más, hago un llamado a la solidaridad porque estoy entrando a una categoría nueva: ya no sé qué ver. 

-¿Cuáles son tus favoritas? -Game of Thrones me parece alucinante. Es muy difícil encontrar otra que la iguale. Lo intenté con Vikings pero no llega a tanto. Igual también me la vi enterita. Hay muchas series que me encantaron: Bates Motel, Love, Please like me, The Knick… 

-¿Te aparece el defecto profesional viéndolas? ¿el “cómo me gustaría estar ahí”? -Depende. Por lo general soy una mera espectadora más pero de repente sucede que me topo con un personaje que resulta ser ideal y que sí, me encantaría hacer. La madre de Norman en Bates Motel, por ejemplo.

-Hacés muchas otras cosas además de actuar. ¿Fue una decisión consciente de no querer poner todos los huevos en la misma canasta? -No, la verdad es que yo soy actriz, mi profesión, mi formación y mi pasión pasan por ahí. Con el tiempo, descubrí el diseño de indumentaria, que me terminó gustando muchísimo. Pero sobre todo porque jamás sentí que competía con mi trabajo de actriz, en absoluto. El año pasado pude seguir diseñando mi línea en medio de una tira diaria. 

-¿Tu hija Charo se engancha con la ropa y la moda? -Sí, muchísimo. Si le preguntás hoy, a sus casi 11 años, te va a decir que quiere ser diseñadora de indumentaria. Quizá el día de mañana lo cambia, pero ahora esta enganchadísima con eso. 

-¿Y si quiere trabajar, como vos, frente a una cámara? -No, eso no (ríe). No quiero ser terminante pero me parece que no la dejaría.

-¿Por qué? Vos tenías 13 cuando te convertiste en Paquita de Xuxa… -Sí, y me parece que fue algo medio prematuro. Hoy siento eso, que es mejor esperar un poco antes de trabajar en este medio. Yo tuve una madre muy exigente, algo que hoy agradezco infinitamente, que me obligó a seguir con el colegio y a no desatender mi vida de estudiante. “Si te atrasás en una materia, se termina”, me avisó. Y eso fue genial, ya que era una escuela muy difícil, donde de verdad tenía que ser una más. En general, la experiencia Xuxa me dio mucho más de lo que me quitó pero, aun así, hoy siento que no hay que apurarse tanto. 

-¿Ves mucha diferencia entre tu infancia y la de Charo? -Un poco sí. A su edad nosotras nos la pasábamos jugando a las muñecas y hoy mi hija y sus amigas viven conectadas con el mundo entero. Y con un caudal de información impresionante. Van más rápido, sin duda.

-¿Sentís que te quedás afuera de eso? -No, por ahí no entiendo ciertas cosas, como los Youtubers. Ahí nunca nos pudimos poner de acuerdo con Charo, a mí me gustaría que viese otras cosas, más “enriquecedoras” quizá, pero entiendo que su mundo es mayormente online. Creo que nuestra función como padres en todo caso pasa por estar ahí, por chequear qué páginas mira, con quién se conecta… Estar mínimamente atentos a eso. Tengo la suerte de que Charo es una hija súper obediente y comprensiva. Si le decís “esto no”, lo entiende y lo cumple. Al menos por ahora.

-¿Le tenés miedo a lo que vendrá? -Sí, por un lado sí, pero lo cierto es que confío mucho en ella. En la relación y también en la confianza que tenemos, valga la redundancia. Muchas amigas con hijas adolescentes me dicen: “¡agarrate!”. Entiendo que incluso hay un revuelo hormonal que es difícil de manejar. Pero no me preocupa demasiado. La verdad es que a mí me gusta la maternidad, no la sufro. Hoy en día hay mucha queja alrededor de los hijos, pero no es algo que a mí me surja naturalmente. Obvio, hay momentos en los que estoy súper hinchada y cansada, pero aun así disfruto mucho del hecho de ser mamá.

 -¿Qué planes comparten? ¿Viajes? -A las dos nos encanta viajar. Y Charo está en una edad ideal para hacerlo. Este año, de hecho, la llevé a conocer Nueva York, un destino que se lo hice desear mucho. Me parecía que era un viaje especial, para el que debía ser un poco más grande y “preparada”. Nueva York es una ciudad que te puede abrumar, hay que caminar mucho, patearla, hay gente por todos lados… Pero ella entendió todo a la perfección, flasheó como nunca. Estuvimos en un hotelito 

divino de Manhattan, fuimos al teatro, alquilamos bicis en Central Park… Después nos quedamos en lo de mis dos amigas del secundario que viven en Brooklyn, una en Dumbo y otra en Williamsburg. Y también le encantó esa onda, más familiar si querés. “Mamá, quiero vivir acá”, me dijo al final del viaje. Fue feliz. Y yo también. 

-Sos bastante viajera en general… -Sí, me gusta mucho. Hace poco estuve en Río de Janeiro, que me sigue pareciendo una de las ciudades más cancheras del mundo. Y a principio de año viajé Lima en un plan estrictamente gastronómico, armado en base a reservas en restaurantes como Central (N de la R: del premiado chef Virgilio Martínez Véliz) o Maido (de Mitsuharu Tsumura, erigido este año en el puesto número uno del prestigioso ranking Latin America’s 50 Best Restaurants). Me volví loca. Fueron cuatro días de comidas increíbles y exquisitas. ¿No te digo? Soy experta en pasarla bien. Una abanderada del placer

Pablo Steinmann


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