ESPECTACULOS ALFREDO ARIAS


“ El peronismo tiene que evolucionar y transformarse”

El dramaturgo y director argentino radicado en Francia cuenta por qué se fue, opina sobre el actual momento político y desea que los grandes talentos sean “profetas en su tierra”. En Cinelandia combina a la Coca Sarli con La dama de las camelias. Su estilo provocador.

Estética. Todo el elenco de Cinelandia con el vestuario diseñado en negro por Pablo Ramírez.
Estética. Todo el elenco de Cinelandia con el vestuario diseñado en negro por Pablo Ramírez.
Foto:Gza. Carlos Furman
Alfredo Arias, artista complejo y multifacético, cruza disciplinas –teatro, literatura, música, cine, ópera–, hibrida las culturas argentina y europea, en particular, francesa, y revisa el pasado y presente de nuestro país. Todo esto se constata en su obra, Cinelandia, que va de viernes a domingos a las 19 en el Teatro de la Ribera (Pedro de Mendoza 1821, en La Boca). Y no es casual que esta producción, interpretada por Alejandra Radano, Carlos Casella y elenco, se ubique en esta sala que, desde su remodelación y reapertura en junio pasado, apuesta a una programación que revisa los orígenes nacionales a la luz de creadores contemporáneos. Para 2016, las propuestas versan sobre el compositor Mauricio Kagel, sobre danzas tradicionales argentinas, y sobre la vida y la obra de Domingo F. Sarmiento, a través de una integrante de su árbol genealógico, la coreógrafa Marina Sarmiento. Por eso, frente al Riachuelo, en ese enclave barrial y a la vez cosmopolita, donde se hunden las raíces de la cultura y donde circula también la vanguardia, Arias siente cobijado su proyecto.

—¿Percibís que existen límites entre la alta cultura y la cultura popular?
—Yo digo que hay materiales profanos y sagrados. La gran cultura sería material sagrado y la cultura popular es profana. Me gusta mezclarlas. La cultura francesa es muy de encasillar, de ordenar; no se cruzan mucho los mensajes artísticamente. Yo no estoy hecho de esa manera. Cuando era niño, iba al circo, escuchaba la radio, a Eva Perón, e iba al teatro a ver a Luisa Vehil. Cuando era adolescente, iba a ver Esperando a Godot, de Beckett, y a la noche, a una revista con Nélida Roca. Nací en un movimiento que se llamó Pop Art Argentino, de gente que empezó a mirar la cultura desde las bases populares. [Esta tendencia busca], en lugar de interpretar la sociedad, trata de retratarla tal cual. La estética se produce en la inmediatez de la observación, sin intermediarios.
—¿Cuándo y por qué te fuiste de la Argentina y te radicaste en Europa?
—Yo me fui de acá a fines de los 60, como parte del movimiento que se desarrolló en el Instituto Di Tella. Se sintió una sensación de amenaza sobre la libertad de expresarse y de existir. Había una tangible represión policial. ¿Cómo luchar contra una cosa tan arbitraria? ¿Adónde puedo ir para que mi eventual lenguaje sea respetado? Se constituyó un grupo alrededor de esta idea; fuimos a Venezuela, a los Estados Unidos y yo después terminé en París, donde monté mi primera creación en Francia, que fue Eva Perón [de Copi, en 1970].
—¿Cómo era París en aquellos años?
—Estaba en la digestión de aquella utopía del 68. Pero yo estaba muy acaparado por mi pérdida de identidad argentina y mi reconstitución. Francia tenía todavía mucho que ver con el siglo XIX, había rastros balzacianos. Fue un gran sufrimiento para mí. Pero no me planteé volver a la Argentina, sino poder entender y asimilar la cultura europea.
—¿Nadie es profeta en su tierra?
—Yo sinceramente deseo, especialmente por la Argentina, que todos los profetas sean de su tierra, porque acá hay grandes talentos. Una de las problemáticas en este país es que les den un lugar a los verdaderos profetas y no a cualquier profeta que se está llenando los bolsillos simulando detentar una opinión. Los verdaderos intelectuales, artistas, filósofos, personas que reflexionan sobre nuestra cultura, espero que no lo tengan que ir a decir afuera.
—¿Cómo ves a la Argentina históricamente y actualmente?
—Hasta que no se produzca una verdadera y compleja transformación política, es decir, hasta que no evolucione el peronismo y se transforme en un nuevo pensamiento, no va a haber una verdadera evolución, porque estamos como queriendo copiar un modelo que [ya] fue. En el conflicto político entre el gobierno que salió y éste, pareciera que no hay escapatoria a cierto modelo. El peronismo es una condensación de algo profundamente argentino, pero pertenece a otro período de nuestra historia. Necesitaríamos personas que pudieran leer con más precisión la historia presente. 

Analía Melgar