ESPECTACULOS MIGUEL ANGEL SOLA Y PAULA CANCIO

35 años de diferencia que no impiden el amor

El tiene 65 y ella 30, y se muestran enamorados antes del estreno de El diario de Adán y Eva, el viernes que viene. El actor dice que le gusta proteger, y ella sostiene que aprende mucho de él.

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Foto:Enrique M. Abbate

El próximo viernes retorna Miguel Angel Solá a los escenarios, más precisamente al teatro Apolo con su espectáculo más querido: El diario de Adán y Eva, de Mark Twain. Nuevamente con dirección de Manuel González Gil, pero ahora acompañado por su actual pareja, Paula Cancio. Su regreso implica también su participación en la tira La leona de la productora El Arbol, de Echarri, Seefeld y Marras, más Telefe. “Me gusta El diario de Adán y Eva porque habla de la condición humana, de la relación hombre/mujer y eso es lo que quiero interpretar. Vi llorar y reír a la gente, al mismo tiempo. Ayuda a pensar qué estamos haciendo con nuestras vidas”, arranca Solá.

—¿Ya habían trabajado juntos en “Testosterona”, en España?
CANCIO: Sí, empecé en teatro de la mano de Miguel, con esa obra. Las críticas nos acompañaron en todo momento. Valoraron mucho mi trabajo y eso me dio fuerza para seguir apostando por el escenario, que era lo único que no había probado. Mi abuelo era actor, mis padres son fotógrafos, estudié Psicología en la universidad y luego lo compaginé con mis estudios de arte dramático. Cuando vine a Buenos Aires hice un taller con Claudio Tolcachir.
SOLA: La productora no puso un peso y estábamos en un circuito poco comercial, pero nos fue muy bien de público. El año que viene la haremos en gira, pero nos va costar, porque es un poco más de lo mismo, otra vez hablar de lo que siempre se habla, pero nunca se modifica qué es el poder. Mientras que El diario de Adán y Eva es sobre la ternura, la mirada piadosa sobre el ser humano, el respeto y las diversas formas del amor.

—¿Cómo se encara un espectáculo que tuvo tan largo recorrido con otra intérprete (Blanca Oteyza, ex mujer de Sola)?
C: Cada actriz le da algo diferente, aunque la esencia sea la misma. Fue de una forma muy natural. Me dieron el texto González Gil y Miguel. Lo encaré con humildad, como lo hago con cada personaje. Trabajo el día a día, sin otras referencias. Vi el espectáculo hace muchos años con la interpretación de ellos dos juntos, y comprobé que esta obra es mágica. Me gusta provocar en los espectadores y ésta es una montaña rusa. Creo que es un regalo para mí como actriz y también para los que vengan a verla.

—Muchas veces trabajaste con tus parejas: ¿cuáles son las ventajas y desventajas?
S: Con Susú Pecoraro trabajamos en Sin testigos (1989), pero después de separarnos. Con Blanca Oteyza sí hice varias obras. No puedo hablar de las desventajas, éstas las dirán ellas… Mi ventaja es poder mirarla 24 horas seguidas. Es muy bonito ver crecer a la persona que querés. Hay una parte tuya que ayuda, que aporta algo a la pareja y vas viendo las formas diferentes de expresión. Ves su conducta, su sinceridad, la manera de encarar el trabajo y de vivirlo. Te sentís no sólo protector, sino protegido en este viaje, el del océano de la vida, desde la creatividad y el amor. También me gusta trabajar con mis amigos; si fuera por mí sólo me dirigiría Manuel González Gil y la música siempre sería de Martín Bianchedi.

—Hablás mucho del amor: ¿es tu motor?
S: Es lo único que te sostiene en la vida y te da fuerzas. Si desaparece, ya no tengo ganas de escribir ni de hacer nada. El amor me da ganas de estar creativamente en las cosas. Esto fue –mira a Paula– un imprevisto absoluto, no esperaba ni imaginaba nunca tanta belleza, sensibilidad, coraje y arrojo en la vida artística a mi lado. Fue una sorpresa y bienvenida sea. No generalizo, pero creo que la tarea del actor se reduce a curiosidad y sorpresa. Más allá del entendimiento y la capacidad de transmitir esas palabras, atrapar la energía del público y saber trasportarla. Hay que provocar curiosidad y en el medio sorprenderlo, siempre en movimiento, para que actuar no sea un acto repetitivo.

—¿Se siente la diferencia de edad entre ustedes?
C: Se siente en términos positivos. La experiencia de Miguel, quien ha vivido más que yo, me aporta. Nos complementamos muy bien, con la vitalidad de mis 30 años frente a su madurez a los 65. Es una mezcla perfecta. Nos gusta hacer todo juntos. Es una muestra más de que el amor no tiene edad.

—¿Qué extrañás de España?
S: Extraño a mis hijas mayores y después poco, porque necesitábamos aire. Paula se dio cuenta y peleó para que viniéramos. Nos estamos reencontrando con este lugar. Esta es una Argentina diferente a la que dejé. Hay mucha gente interesada en la política. Hay división porque son muchos los que serruchan esos puentes. Las sociedades deben tenerlos para establecer relaciones, la única manera de comprenderse es hablar. Si a las palabras se les quita el contenido y se le agregan chicanas nos quedamos sin diálogo. Tenemos una sola materia pendiente, que es superar el miedo a nosotros mismos, el temor por el que va al lado nuestro, el prójimo, porque eso después se traduce en una forma de vivir con chicanas.

—Seguimos siendo una sociedad de divisiones: criollos y realistas, federales y unitarios, peronistas y antiperonistas, Boca y River…
S: Discépolo escribió Cambalache para avisarnos “...y en el 2000 también” porque no le veía el final. Pero a partir de esa fecha ¿qué hicimos? Hay gente que cree que ese tango es inamovible. Siento que él nos advertía de los errores que estábamos cometiendo. Por más que éste sea un país con divisiones de aguas. Porque si rascás la superficie lo único que divide a la gente es la obtención de dinero para tener poder. Eso es lo que condiciona el vaso de leche, el libro para educarte, los medicamentos para tu salud y que el niño duerma tranquilo sin la vinchuca o las ratas. Solucionado eso, ya no habrá más federales o unitarios. Queda el Boca y River como una expresión colectiva para gritar gol o insultar al que está vestido de negro por las faltas que se comenten. Paula hincha por el Real Madrid y yo soy de Boca, pero reconozco la excelente escuela de fútbol que tiene River. Fui del Villa Real por Riquelme, cuando se fue me pasé al Barcelona. Admiro a Xavi Hernández, quien ya se retira y nunca lo reconocieron a nivel mundial. Messi me gusta más que Maradona, es el aquí y no el mito que se agranda. Reconozco que Diego era él y todo el equipo.

 

Televisión con Pablo Echarri

Ya se sabe que será dentro de tres o cuatro meses cuando estará en el aire La leona, y se anticipó que el papel de Miguel Angel Sola será el del villano de la tira, aún sin horario definido. “Es una pena que antes de estrenar ya se conozca que soy el malo –subraya–. Estoy infinitamente agradecido a la productora El Arbol, que puso el empeño para que estuviéramos aquí tanto Pablo Echarri, Martín Seefeld, Gustavo Marras, Nancy Dupláa, y a Telefe, que nos trajo a trabajar. Los libros de Susana Cardozo y Pablo Lago están bien escritos y pasa de todo, desde el primer día. Si algo tiene este trabajo es poder relacionarte con gente que uno quiere –se refiere al gran elenco– y con ellos aprendo siempre algo nuevo”.
Hoy la vida de Paula Cancio se multiplica entre los ensayos, las grabaciones y el cuidado de Adriana, la hija de ambos que ya tiene más de un año. “Mi personaje es Nurit Torres –anticipa– es una española muy ambiciosa, con necesidades, ya que viene de una familia que tuvo mucho dinero, pero no diría mala. Busca llegar a la empresa, que es el eje de La leona, y allí conoce al personaje que hará Miguel. Siempre me sorprende la verdad y el compromiso de los intérpretes argentinos; más allá de lo que hagan, llega a los espectadores. Lo bueno que tiene esta obra de teatro, El diario de Adán y Eva, es que nos da mucho placer hacerla, por eso el cansancio desaparece y te pone bien con la vida decir el texto, porque es una maravilla.”

Cuando se le pregunta por los porteños afirma: “Tienen un plus de caballerosidad que en España se fue perdiendo. Aquí es muy frecuente que te permitan pasar primero, o ese tipo de gentilezas. Las mujeres españolas son muy directas, lucharon por su igualdad en el trabajo y este impulso hizo que se perdiera un poco la femineidad. También me impacta mucho el hecho de que enseguida te proponen que vayas a comer un asado o tomar un café a sus casas. Algunas calles de Buenos Aires me recuerdan mucho a Madrid y siento una gran hospitalidad”.



Ana Seoane