ESPECTACULOS OPERACION MEXICO

Acerca de Tucho, una peripecia de vida

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Autor. Rafael Bielsa prestó su libro para el film con Luciano Cáceres y Fassi, dirigida por Leonardo Bechini.
Autor. Rafael Bielsa prestó su libro para el film con Luciano Cáceres y Fassi, dirigida por Leonardo Bechini. Foto:Anita Tomaselli
Alguien me contó esta anécdota, que comparto; jamás verifiqué si era o no verdad. Un novelista le confió a Ricardo Piglia que le habían ofrecido filmar su última novela. Piglia respondió: “Lo único que puedo decirte es que si tenés ganas, la des a la cámara. Pero a continuación, olvidate de ella (y de tu novela) hasta el estreno. Si algún amigo, un gran amigo, te dice que es buena, entonces andá a verla”. Cuando me propusieron lo mismo que al novelista amigo de Piglia, respecto de mi libro Tucho. La Operación México o lo irrevocable de la pasión, decidí seguir el consejo del autor de Respiración artificial.

Me reuní con el director Leo Bechini, formalizamos el ofrecimiento y traté de tomar distancia. Con intermitencias, lo logré. Excepto en la parte de hacerla ver por alguien que me quisiera y esperar su juicio; la ansiedad fue más fuerte. Lo hice yo mismo y, tratando de juzgar el cine –para el resto estaba tildado–, el resultado me conmovió. Es mucho para mí, que escribí la novela en estado de ignición permanente.

La idea de contar la historia de Tucho Valenzuela y Raquel Carolina Angela Negro surgió hace ya un tiempo, cuando una amiga que desdichadamente no podrá ver la película me dijo (me “ordenó”): “¡Escribila!”. Obedecí.

Es una peripecia de vida tan extrema la de la pareja, tan peraltada, tan desesperada, que no pude elegir entre una elegante objetividad o un subjetivismo exasperado: las palabras fueron lo que son, como si hubiesen ido goteando sobre el papel letra a letra, como una miel agria.

Militancia revolucionaria y amor son un binomio que ha dado páginas gloriosas a la historia, y a mi modo pretendí apenas que la de ellos no se olvidara. Creo que a ambos les gustaría saber que durante los interminables vagabundeos, meditaciones, perplejidades y desconsuelos, siempre los pensé –juntos– sumergidos en los vaivenes del sujeto colectivo. En particular, de los que menos tenían y menos tienen.

Creo que también les gustaría saber que si destiné cinco años a escribir lo que al comienzo fue un mamotreto de seiscientas páginas, que sólo la paciencia de mi editor Fernando Fagnani redujo a una cantidad practicable, fue porque traté de pensar como pensaban ellos, de acercarme todo lo posible a sus debilidades, a admirar con compromiso su increíble fortaleza.

Funes –en las afueras de Rosario–, Río de Janeiro, el Distrito Federal en México, La Habana y Paso de los Libres fueron algunas de las estaciones de ese amor por donde deambulé hasta la enfermedad.

Estoy seguro de que a ellos dos les gustaría saber que en más de una ocasión escuché la voz de Tucho, la voz de Raquel, en Primera y Doce, Miramar, La Habana, o en Santa Rosa de Lima, Santa Fe, el entrañable barrio donde Raquel militaba. Deseo creer que les gustaría porque la voz era la de ellos, que es lo que sucede cuando –alguna vez– el hecho estético se desposa con el movimiento, y todas las cosas tienen música.

Rindiéndome ante los que saben (como hace años me rendí a la orden de mi amiga de resistir el olvido), creo que el cine es el arte más completo. Y la conjunción entre los que “hacen” una película –cuya enumeración es infinita– son la paleta de artistas más completa. De modo que al guión y a la dirección de Leo Bechini hay que sumar la excepcional labor de los actores principales, a la que quisiera añadir tres actuaciones “secundarias” deslumbrantes, como las de Luis Ziembrowski, Patricio Contreras y Héctor Calori; naturalmente, la lista seguiría pero al mismo tiempo, aburriría.

Escribí la novela con pasión y dolor, y esos materiales sólo se vuelcan juntos si alguna forma de amor les da combustible. Al ver la película reconocí los mismos atributos bajo una forma diferente, que no es lo mismo pero es igual.

Quise que esa historia incomparable no fuera olvidada, entre otras cosas porque todavía hay deudas pendientes (un hijo de Raquel y Tucho no ha sido recuperado). Tal vez la película se recuerde y ayude a que la deuda se cancele.

*Político, abogado, escritor y poeta. Autor del libro Tucho. La Operación México o lo irrevocable de la pasión.