ESPECTACULOS ALICIA EN EL PAIS DE LAS MARAVILLAS

Al ritmo de las fantasías de Lewis Carroll

De las versiones coreográficas del clásico infantil que se han hecho en la Argentina y en el mundo, este fin de semana se presenta la de Alejandro Cervera en el Teatro Colón.

Chance. Hoy y mañana a las 11 se presenta la obra en el Teatro Colón.
Chance. Hoy y mañana a las 11 se presenta la obra en el Teatro Colón. Foto:teatro colon

Alicia en el país de las maravillas, la novela que Lewis Carroll publicó en 1865, ha fascinado a lectores de todos los tiempos y ha generado reescrituras literarias, fílmicas, operísticas, plásticas… También la danza ha adaptado este texto para convertirlo en coreografía. En 1992, el inglés Ben Stevenson hizo su versión para el Houston Ballet, retomada por varias compañías de Estados Unidos. En 2011, el también inglés Christopher Wheeldon estrenó su Alice’s adventures in Wonderland para el Royal Ballet, en el Covent Garden, creación que luego ha sido montada por ballets de, entre otros países, Canadá y Australia. Igualmente en el Covent Garden, a fines de 2016, surgió una interpretación en clave de hip hop: Kate Prince viste a su Alicia con zapatillas deportivas, el Sombrerero luce largas rastas y todos los personajes interpretados por el grupo ZooNation Dance hacen terapia grupal mientras contorsionan sus cuerpos.

También en la Argentina, algunos coreógrafos se han acercado a esta obra. Alejandro Cervera presenta su coreografía en el Teatro Colón, este sábado y domingo a las 11 de la mañana, horario que convoca a público infantil, el que bien puede disfrutar de la propuesta, sobre la que su responsable comenta: “Comencé a gestar esta obra cuando vi la ópera de cámara creada por Marta Lambertini en los 90. A partir de ahí, compré el libro y empecé a pensar la idea de hacer una Alicia para danza. El texto es fascinante, inteligente, irónico, fantasioso y con una carga crítica poco frecuente. Yo recomiendo leerlo, especialmente a los bailarines. A veces, la gente cree que conoce Alicia... porque vio la película, o por la fuerza que tienen los clásicos, que están en el imaginario de la gente. La diversidad de personajes, lo disparatado, lo fantasioso, propio de un sueño casi pesadilla, como es lo que describe Carroll, me pareció materia dispuesta para el tratamiento coreográfico. Todas las escenas tienen un color particular, como en los sueños; se pasa de una situación a otra sin ninguna lógica, ningún sentido. Las langostas de mar están, en este caso, españolizadas. Para la canción de la tortuga artificial, donde Carroll se refiere a la sopa de tortuga y alude a los primeros caldos concentrados, yo planteo que esa sopa está hecha con carne de vaca argentina, y entonces allí incorporo una milonga, para ampliar el abanico de danzas en la obra. Están, entre otras, la escena de las aves, la del Sombrerero, la de la Liebre de marzo que está loca porque en marzo las liebres entran en celo y están muy alborotadas por su situación hormonal, y está el Lirón, que duerme, claro, como un lirón”.

Por su parte, Oscar Araiz ya había hecho una inolvidable Alicia... en sus años de trabajo en Europa; la estrenó con el Ballet du Grand Théâtre, de Ginebra, Suiza, en 1988, con vestuario de Renata Schussheim, y la volvió a hacer con su Ballet de Bolsillo en 2004 en el Teatro Maipo. Tomó como faro el estímulo que le generan la novela de Carroll y su continuación, Through the Looking-Glass, and what Alice Found There: “Pensar que lo racional puede parecer absurdo”. A partir de allí, procedió a hacer “una evocación plural del mundo de Lewis Carroll, por momentos kafkiana por el encadenamiento de situaciones angustiantes, como un juego de oposiciones absurdo/razón, lógico/inconsciente, matemático/poético. La razón no da cuenta de todo; la poesía viene en ayuda, una poesía bastante borgeana”.


Lo que fue, lo que viene

Alejandro Cervera hizo su primera puesta sobre el texto de Carroll en 1994 para el Ballet del Sur, de Bahía Blanca, la misma que en 1998 montó para el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín. En 2003, para el Ballet Estable del Teatro Colón, en aquel entonces dirigido por Lidia Segni, tomó el guión pero transformó la selección musical y los pasos. Ese mismo material, guiado por un personaje que oficia de narrador, es el que regresa al principal coliseo porteño este fin de semana, con vestuario de Mini Zuccheri sobre los originales de Horacio Pigozzi, y una selección musical donde se escucha a Purcell, Mozart, Häendel, Eric Satie e, incluso, Pedro Laurenz.

Participan alumnos y egresados de la Carrera de Danza del Instituto Superior y bailarines del Ballet Estable del Teatro Colón, entre ellos, Luciana Barrirero (Alicia), Dalmiro Astesiano (Conejo), Paula Casanno (Oruga); la Reina es Adrián López y el Sombrerero, Jonatan Cruz Da Silva; la narración está a cargo de Francisco Benvenuti.

Por su parte, la coreógrafa argentina Teresa Duggan también se encuentra preparando su proyecto de obra también sobre Alicia en el país de las maravillas, aún sin fecha de estreno: “Me interesó investigar sobre las aventuras de Alicia, su relación con el tiempo, las dimensiones, las transformaciones y todo lo inesperado que le va sucediendo. El lenguaje de movimiento surge del trabajo con los objetos, con la arquitectura y con los juegos con la luz del sol”.