ESPECTACULOS CHRISTOPHE BERTONNEAU

Arte con (fuego de) artificio

El francés, director del Groupe F que inauguró el FIBA, reflexiona sobre el uso de los fondos públicos para espectáculos masivos. Dice no poder comprender los problemas de la Argentina.

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Foto:Gentileza FIBA

El FIBA –que continuará hasta el 8 de octubre, con 34 obras nacionales, de las cuales nueve son estrenos, y la visita de 14 compañías extranjeras– ha comenzado, y con él el debate que despiertan las obras que allí se presentan. En algunos casos, acerca de la vida y sus itinerarios; en otros, acerca de la pertinencia de incluir determinadas piezas en eventos de estas características.
La pregunta, entonces, está abierta desde el momento mismo de la inauguración del festival. En espectáculos al aire libre que, además, incluyen fuegos artificiales, absolutamente solventados por fondos públicos, ¿cuál es el sentido de la pirotecnia?, ¿a quién beneficia?, ¿tienen que costearla los contribuyentes, a través de sus impuestos?

El francés Christophe Bertonneau, al frente del Groupe F, ha creado eventos de grandes dimensiones en espacios icónicos –si hiciera falta citar algún ejemplo, lo hizo en la mismísima Torre Eiffel–, y ha reflexionado largamente al respecto. Ahora, llegó por primera vez a la Argentina, lo que también es su primera vez en América Latina. Lo hace con el show A fleur de peau [A flor de piel]; esta combinación entre fuegos artificiales, proyección de videos e intérpretes en vivo ya se vio el jueves pasado y se repite este sábado 19 y el domingo 20 a las 19.30 en el Parque Sarmiento (Av. Ricardo Balbín 4750), con entrada a $ 50.

—¿Cuánta pirotecnia se usa, qué dimensiones tiene “A fleur de peau”?
—La gente no tiene el nivel técnico para entender qué son mil disparos, 25 proyectores o un escenario de 50 metros. Lo que sí sabemos es que, por el espacio elegido, la capacidad máxima de público es de 10 mil personas. Toda la pirotecnia es de Argentina, de [la empresa] Júpiter. A fleur de peau es un espectáculo hecho para medios económicos asequibles como Argentina. No nos manejamos como en los países árabes, donde puedes pedir un avión de 150 mil dólares. Aquí buscamos un espectáculo tierno, poético, que tocara a todo el público y que marcara sus memorias.

—¿Cómo concibe el límite  que suele suponerse que existe entre arte y entretenimiento?
—Las fronteras entre arte y entretenimiento, desde mi punto de vista, no existen. Sólo los que rodean el arte necesitan simplificar las cosas para meterlas en cajitas. Que las cosas sean atractivas no implica necesariamente que sean malas. Conozco muchos espectáculos que son tan cerrados, que la gente, al salir, dice como conclusión: “Es muy interesante”. Eso para mí es la peor crítica que puedes hacer de un espectáculo. Yo quiero que de mis espectáculos la gente exclame: “¡Guau!”, que descubran algo en ellos y que les aporte una nueva estética.

—Especialmente en países con economías débiles como la Argentina, ¿cómo reflexiona acerca del gasto de dineros públicos en pirotecnia?
—El fuego artificial es el espectáculo más barato. Si se sacan cuentas, el gasto por cabeza es inferior a un dólar. Tú pagas tus impuestos, con ellos el Estado subvenciona algo y lo que has pagado de impuestos te regresa. En cambio, en una ópera o un espectáculo cerrado, el precio del ticket es 50 o 100 euros, pero las subvenciones que hay detrás suben el costo por cabeza a 600 euros. Además, la gente que puede pagar 50 o 100 euros es la que tiene dinero; al fin y al cabo, la clase media y la baja pagan impuestos para que los ricos vayan a ver sus espectáculos de élite. [Por el contrario], la pirotecnia es justamente un espectáculo de pobres, es una tradición cuadricentenaria que se hace para cualquier pueblo en cualquier sitio. Calculo que A fleur de peau sale unos 150 mil euros; espera reunir 30 mil personas (10 mil en cada una de las tres funciones, la del jueves pasado y las de hoy y mañana); esto da 5 euros por cada espectador: no es para nada un espectáculo caro. Por supuesto que los fuegos artificiales han sido siempre armas del poder para encandilar a los ciudadanos, pero el balance de estas fiestas implica que la gente deje los televisores, salga de sus casas y vaya a las calles para vivir algo juntos: esto es una prioridad absoluta.

 

Del bicentenario a los refugiados

Christophe Bertonneau conoce la Argentina. El relato de su viaje por el país desencadena reflexiones políticas sobre la actualidad nacional e internacional: “Hubo intentos de que Groupe F viniera a la Argentina para los festejos del Bicentenario. Al final no se hizo, pero viajé por el país y conocí su historia, sus condiciones políticas, económicas. No entiendo cómo un país con tantos recursos tiene tantos problemas económicos… Me imagino que ustedes tampoco. Como socialdemócrata, pienso que necesitamos una élite para que un país funcione. Aquí [en Francia] los 10 mil musulmanes no tienen los mismos valores, pero están puestos al borde de la carretera desde hace treinta años porque se les dice: “Tú tienes que estar así y así”. A mí me da igual si llevan la burka o no; a mí lo que me importa es tener igualdad de derechos y de deberes. Luego, cada individuo tiene derecho a pensar sus propios valores. Eso sí: todos compartimos unos valores sencillos y básicos, pero tenemos poco coraje para aplicarlos. Ahora hay un pase semántico en la prensa en Francia: se deja de hablar de “inmigrantes” para hablar de “refugiados”. Lo que importa es que tenemos un montón de personas golpeando la puerta, y que se van a morir si no las acogemos. La humanidad es acogerlos. Son valores sencillos, que a veces son olvidados”.



Analía Melgar