ESPECTACULOS

Campanella: “En la TV está complicado instalar un producto”

El director ganador del Oscar habla de Entre caníbales y analiza los productos y costumbres de los televidentes de EE.UU. y Argentina. 

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Foto:Sergio Piemonte

Un tuit de Tomás Yankelevich, gerente de programación de Telefe, decía el 31 de mayo: “Para los que tienen dudas #EntreCanibales se queda de lun a jue 23 hs. Orgulloso del elenco, el equipo de Telefe y de @juancampanella”. Con eso se ahuyentaban los rumores de que la serie devendría en unitario debido a la baja en el rating. Pero sin hacer referencia a esos rumores, Juan José Campanella, ganador de un Oscar por El secreto de sus ojos y el director argentino más reconocido en el mundo, habló con PERFIL, amable y distendido, sobre la serie protagonizada por Natalia Oreiro, Benjamín Vicuña y Joaquín Furriel (que sufrió una fractura de vértebra que obligó a la reescritura de la tira). Y dijo sobre el regreso a la TV local: “No tomé en cuenta cuál era la 'televisión argentina', porque ni sabría ni sé cuál es el estado de esta televisión. A mí lo que me gustó del proyecto fue la temática y el desafío creativo que ésta generaba, además del desafío de producción de hacer una serie con un nivel técnico y visual de 'serie', digamos. No de telenovela. Entonces puede tener una proyección internacional más grande y mejor (N. de la R.: la serie sale por Fox después del estreno en Telefe). Me gustaron mucho ambas cosas y me provocaron un buen desafío en lo personal, y ahí nos mandamos. Esto empezó en agosto del año pasado, y uno no puede prever los horarios o qué es lo que se va a estar dando. Eso va apareciendo después, y en eso la televisión siempre te depara sorpresas”.

—En la serie, Natalia Oreiro interpreta a una mujer que sufrió una violación múltiple y se mete en el mundo de la política para convivir con aquellos de quienes quiere vengarse. En ese sentido, la serie cae en un momento donde la violencia de género está en la agenda de los medios.
—Todo lo que se ha generado en torno al femicidio no era tan fuerte el año pasado como temática. No sabría decirte si ayuda o perjudica a la serie. Al escucharlo todo el tiempo en la vida real no sé si querés ver una ficción con eso en la tele. Igualmente, hay muchos otros elementos que ocurren en la serie que no tienen que ver con eso.

—¿Cómo trabajaron la serie en ese sentido? Hablás de estándar internacional, pero una vez que eso ya estaba, ¿por qué meterte en el detrás de escena de la política?  
—Es una pregunta que no podría responder respecto de ninguno de mis proyectos. Ni de El hijo de la novia ni de ningún otro. ¿Por qué decido hacer esa historia? Porque es lo que me interesa en ese momento. A mí hace rato que me está interesando el backstage de la política. A medida que me fui compenetrando con el tema y conociendo políticos, y bueno, etc., etc. Es algo que me parece muy rico por lo denso y esperanzador, y no sólo eso, también por el humor. O sea que tiene todo, mucha tela para cortar, y me gusta. Pero también, así como en El secreto de sus ojos había una temática de la justicia, o de una venganza, o de una justicia pervertida (vamos a decirlo de alguna manera) también había una fuerte historia de amor y personal, con humor. Son mundos y combinaciones que me atraen mucho.

 —Decías que no podrías definir la TV argentina, y trabajás mucho en la estadounidense (en "Halt and Catch Fire" de AMC). ¿Podrías decir en qué se parecen?  
—Hay dos cosas que definen un poco al público argentino: hay un público que ve series americanas, las ve por cable, por DVD o en internet y que son tres o cuatro puntos de rating, ponele, o diez como mucho, si sumás todos los canales de cable. Y el resto de la audiencia está muy acostumbrada a algo que se pueda ver sin mirar, digamos. Eso por un lado. Y segundo, una cosa histórica de nuestro público, tanto en televisión, cine o teatro, es que hay mucha más paciencia con el producto estadounidense que con el argentino. Se comen cualquier cosa norteamericana, y en cuanto una película argentina tiene dos minutos que no están en estándar ya es una porquería infumable y “el cine argentino no me agarra más”. Esto se oye mucho. Me parece que en la televisión de aire argentina está complicado hacer cualquier tipo de proyecto en el que haya que mirar y prestar atención. Está difícil para eso. La gente que quiere ver eso se fue al cable. Habrá que rescatarlos.

—¿Estamos lejos entonces de nuestro “Mad Men”, de nuestra serie dorada posible?
—Si vos llegás a hacer un Mad Men argentino, con la misma calidad de guión y de actuación, dirían que es una porquería aburrida, insoportable y mal actuada. Basta con que sea americana para que sea una genialidad. Mad Men no sobreviviría ni hasta el primer corte publicitario en la Argentina. De hecho, ni siquiera era un gran éxito en Estados Unidos. Mad Men y Breaking Bad son series de culto. La serie exitosa de esa cadena es The Walking Dead. Yo lo sé porque trabajo en esa cadena, AMC, con el piloto y varios capítulos de la serie nueva, Halt and Catch Fire. Breaking Bad es una serie que fue vista al aire por unos cuatro millones de personas. En un país de 400 millones, es un punto de rating. Breaking Bad era más prestigiosa que exitosa. Es exitosa en otro sentido: lo que sí existe en Estados Unidos es el branding, la marca. Todas las cadenas quieren tener una serie prestigiosa, una serie que esté bien hecha y que la represente y le dé cierto orgullo. Aquí simplemente es quién sale primero. Sea como sea, y así es el juicio.

—En cine, ¿sólo directores como vos y Damián Szifrón pueden llevar millones de espectadores a nuestras salas?
—Yo creo que este año La patota viene como una película muy fuerte, que ojalá tenga repercusión. Conozco a Santiago Mitre, y es un director al que le interesa contar historias fuertes y atrapantes, además de poder decir todo lo que quiera decir. Entonces, me parece que esa posibilidad surge del interés. Uno oye mucho en el cine argentino “a mí no me interesa nada la audiencia” y como contrapartida, si vos no estás de acuerdo con eso, inmediatamente se opina “ah, a éste lo único que le interesa es la audiencia”. No es así: hay un punto medio que es hacer lo que uno quiere, la historia que uno quiere, pero tratar de hacerla también entretenida para una audiencia. Es muy distinto contar para una audiencia que elegir el tema o la historia por esa audiencia. Hay un punto medio, virtuoso, que creo que es el caso de muchos directores: Pablo Trapero o Marcos Carnevale, por ejemplo. Hay muchas películas que tienen de 200 mil espectadores para arriba. Ese tipo de cine se hace, y son varios los directores. De nuevo, no tenemos que guiarnos por lo que haga un Relatos salvajes o, en segunda posición, El secreto de sus ojos, porque si empezamos a guiarnos con esos números como meta, ni Szifrón ni yo seguimos filmando. Sería desesperante.

—¿Por eso se suele criticar que hay más cantidad que calidad?
—No estoy hablando de calidad, estoy hablando de ciertos resortes narrativos que tienen que ver con el conflicto, con el manejo de la dramaturgia interna, que la hagan interesante y atrapante. Cosas que tienen que ver con ciertos recursos como el suspenso, la incógnita, el atrapar, la emoción, la empatía. De eso hablo.

 

“‘Entre canibales’ es muy transgresora”

—Después del Oscar, de tu trabajo en EE.UU., de varios proyectos, ¿cómo te ves como narrador?
—No sé si alguien con honestidad podría responderte eso. Porque uno no se analiza a uno mismo como realizador. No me planteo cuando empiezo una historia si va a ser clásica o no. A mí sí me gusta una estructura de tres actos, pero no necesariamente lineal en lo temporal. De hecho en estos días me están diciendo que Entre caníbales es muy transgresora respecto de la forma de la telenovela diaria, y yo ni me di cuenta. No podría autodefinirme. Porque si yo miró atrás y tengo que ver El secreto de sus ojos y Metegol la verdad no sé qué tienen de parecidas. No sabría decirte.

—Metegol está pronta a estrenar en Estados Unidos, con voces de nombres como Ariana Grande o actores grandes de Hollywood, ¿cómo ves ese proyecto hoy?
—El jueves se hace una proyección de testeo en Nueva York. La experiencia fue muy difícil y dura para una persona que no está acostumbrada a la animación. Muy intensa. Muchísimo trabajo. Es trabajo superminucioso de cinco años de duración. No hay proyecto en cine que sea así. Fue trabajo todos los días durante tres años, nunca paró la producción: si se tomaban vacaciones, el resto seguía trabajando. Nunca paró la producción. Eso en cine es tremendo. La gente de la animación está acostumbrada. Me da mucho orgullo poder generar un estreno grande en la meca de la animación con voces de Mel Brooks (el personaje que hacía Coco Silly en Argentina), de Ariana Grande, de Eugenio Derbez.



Juan Manuel Domínguez