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Casi escándalo por escenografía

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Lo que amenazaba con terminar en Tribunales y convertirse en un escándalo teatral, luego de la mediación de un hábil letrado terminó en buenos términos. El conflicto se generó entre Gabriel Carrascal, creador de la escenografia de Yo soy mi propia mujer en 2006, al comparar con la actual que firma Marcelo Valiente, en la sala Pablo Picasso de La Plaza, del productor y dueño del complejo, Pablo Kompel. El escenógrafo español Carrascal se percató de las similitudes evidentes entre la original de su creación y la actual en la obra que protagoniza Julio Chávez, y lo confirmó a través de videos de YouTube y fotos. “Pues en la reposición actual en Buenos Aires en el teatro La Plaza 2016 el diseño de mi escenografía lo firma un tal Marcelo Valiente; eso se llama plagio, un plagio como la copa de un pino. Qué descaro”, posteó Carrascal en Facebook junto a una fotografía de la escenografía de 2006. Desde Madrid, ciudad en la que vive Carrascal, le habría escrito un mail al propio Chávez , quien lo habría considerado ofensivo por el tono. Y le habría respondido con el mismo tono.
Carrascal, consternado por la situación, contrató al abogado Ignacio Falcón (entre sus clientes figura el ministro de Cultura de Buenos Aires, Darío Lopérfido) para que inicie un reclamo legal ante Kompel. “Venimos hablando con los productores desde casi el mismo día en que se estrenó la obra. No se llegó a una denuncia formal. Se hizo un reclamo y hemos llegado a un acuerdo. No hubo mala intención de La Plaza, sino que hubo desconocimiento. Se pondrá un insert, una página, en el programa con una aclaración diciendo que la escenografía está basada en el diseño original que pertenece a Gabriel”, cuenta el letrado. El acuerdo entre las partes incluye el pago por la escenografía que se depositará en la cuenta personal de Carrascal. “No hay plagio, se llegó a un acuerdo económico entre las partes”, afirma uno de los productores ejecutivos de Yo soy mi propia mujer, quien prefiere no ser nombrado. “Sí, fue un error que aparezca el nombre (por el escenógrafo Valiente) y fue subsanado. No hay enojos. Se le pagará por el reconocimiento de derecho, no por plagio”, agrega el productor.
El hecho evidencia que tanto los escenógrafos como los diseñadores de vestuarios y de luces carecen de protección institucional. “La verdad es que ninguna ley nos ampara y si esto pasara en Estados Unidos se arma flor de quilombo. No trabajás más.”, confiesa Alberto Negrín, prestigioso diseñador . Dice acerca del pago del diseño: “La mayoría cobra un cachet por única vez y muy pocos van a porcentaje, que es el 0,5 de la recaudacion.



Gustavo Méndez