ESPECTACULOS KATZ - ALVAREZ - ZYLBERBERG

Celebran el éxito del cine argentino

La maternidad es el tema que plantea la directora y actriz junto a dos de sus protagonistas. Hablan sobre las distintas opciones de ser madre, de los mandatos sociales y del peculiar momento de la industria.

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Foto:Gza. Raquel Flotta
La maternidad está en el centro de la escena en Mi amiga del parque, la nueva película de Ana Katz, estrenada el jueves último. Pero la directora evita los lugares comunes sobre el tema y plantea interrogantes incómodos a través de una historia de tres mujeres muy particulares. Dos de ellas, las que encarnan la propia Katz y Maricel Alvarez, contradicen  los modelos de conducta más cristalizados y terminan, de ese modo, haciendo temblar la débil estructura emocional del personaje de Julieta Zylberberg, una mamá primeriza que soporta como puede la lejanía de su marido.
“La clave de la película es el planteo de la maternidad como elección –explica la directora–. El personaje de Julieta Zylberberg está en plena ebullición por ese amor nuevo y lleno de demandas que significa un hijo recién nacido. Y el que interpreto yo, en cambio, prefiere hacerse a un lado, dejar a su hijo en manos de otra que para ella lo cuidará mejor. La película habla de la crianza corrida de lo biológico y pensada desde las personas que quieren y pueden hacerlo”. Para Maricel Alvarez, “el lugar común de la maternidad es una construcción cultural falocrática y una soterrada forma de discriminación. Bajo el lema amoroso de ‘dar vida’ se filtra una forma de opresión que se articula a través del mandato, transmitido a las mujeres de generación en generación. Si bien la biología le atribuye a la mujer la potestad de ser madre, no todas las mujeres tienen por qué serlo. Y eso no constituye una afrenta ni algo extraordinario. Ser madre debería ser una elección y no una imposición. Y aquellas mujeres autónomas, soberanas e independientes que deciden retirarse de ese espacio no son menos mujeres por el hecho de hacerlo. Femineidad no es igual a maternidad”. Zylberberg agrega que “la película tiene una gran apertura para hablar de los temas de los que habla, así que hay que estar a la altura para comprender e interpretar a sus personajes. Abre una discusión amplia que incluye diferentes apreciaciones que intercambié con Ana a lo largo de mi propia maternidad. Somos amigas desde hace muchos años, y ser madres es una de las cosas más trascendentales que hemos compartido. Criar a alguien, decidir acompañar a alguien, poner el cuerpo, y no me refiero específicamente al embarazo, se trata de encontrar un lugar en el mundo”.
—Es un buen momento para estrenar. Los resultados en la taquilla de “La patota”, “Relatos salvajes” y “El clan” parecen marcar que el público argentino recuperó la confianza en el cine nacional.
Katz: Es algo para celebrar, obviamente. Falta discutir cómo mejoramos la distribución y la exhibición para otras películas de menor presupuesto que ésas. Es un tema complejo, que toca directamente el lugar de la cultura en la sociedad. Tenemos un Instituto de Cine que apoya la producción, pero necesitamos leyes que defiendan más a la cultura argentina y también la de otros países cuyas películas no nos llegan porque las pantallas están tomadas por lo que produce Hollywood.
Alvarez: Uno podría decir que esto se debe a que hay buenas historias, buenos recursos narrativos y equipos de calidad. Todo acompañado, por supuesto, por un aparato de distribución y comunicación efectivo. Pero esta ecuación no es siempre una garantía ni tiene siempre resultados tan alentadores. Analizar el comportamiento del público –que es muy complejo y muchas veces depende de variables tan volátiles como modas, contextos específicos, efectos de contagio y aparatos de prensa aceitados– requiere mucha profundidad. No sé si tengo toda la información como para bajar argumentos de mayor peso. Desde ya, celebro esta etapa tan próspera y de enamoramiento entre el público y la producción nacional. Activa una industria que genera trabajo y propicia el crecimiento artístico del sector.
Zylberberg: No sé exactamente a qué se debe, pero ¡qué suerte que esté pasando! Me da muchísimo gusto que se vea cine argentino. Son todas buenísimas las películas que mencionás. Entonces es lógico y es justo que el público argentino las acompañe. De todas maneras, creo que hay películas más pequeñas que también son brutales y aún no tienen la posibilidad de acceder a esa masividad. Hay un circuito que las priva de eso. Eso hay que solucionarlo.

Alejandro Lingenti