ESPECTACULOS VIKINGOS

Choque de culturas en la París medieval

En la nueva temporada de la serie centrada en el histórico líder de los pueblos nórdicos, el objetivo es conquistar las tierras cristianas en lo que hoy es Francia.

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Foto:FOX

Vikingos, la serie de Fox Action, ha despertado pasiones con sus salvajes y su furia desatada. No hay otra serie comparable en términos de violencia y ferocidad. La furia de Ragnar Lothbrok, el entonces rey de los vikingos, interpretado por Travis Fimmel (que será parte de la adaptación al cine del famoso videogame Warcraft, dejando en claro su ascenso en Hollywood), es única en la TV. Lo mejor de Vikingos es, precisamente, su salvajismo: aquí todo puede pasar y, en busca del melodrama y de replicar los modos de los pueblos nórdicos, se crean niveles de violencia únicos, adictivos, enloquecidos. El mismo Travis Fimmel declara en la entrevista genérica cedida por Fox que “en esta nueva temporada, los vikingos suben la apuesta: buscan atacar París, y las cosas no van a salir del todo bien. Es una ciudad demasiado protegida y es la primera vez que los vikingos realmente enfrentan algo así. Además, se va a generar mucha tensión entre ellos. Realmente si no se fascinaron con la serie hasta ahora, no van a encontrar un mejor momento para descubrirla”.

—¿Qué tiene de diferente está temporada?
—La serie está generando un culto grande, muchos fanáticos, y eso ayuda a que le tengan más confianza. Por ende, de entrada, habrá más efectos digitales, más actores. Las cosas están a punto de ponerse épicas. Y eso que ni estoy hablando de la invasión a Francia, que implica un salto enorme a nivel producción. Se vienen traiciones espectaculares, se viene ese tipo de vueltas de tuerca que tanto ama todo el mundo. Claro, en nuestro caso todo es más brutal, pero en parte ésa es la idea: entender el porqué de la reputación de estos tipos.

—¿Qué pasa con Ragnar ahora que es el líder?
—Ragnar está basado en un personaje real. Pero, al menos aquí, sabemos que no quería ser rey y las circunstancias y sus acciones lo obligaron. Ahora está lidiando con las desventajas que tiene el poder, que sabemos son varias, y todos los conflictos que conlleva ser responsable de todo un grupo de personas que son bastante difíciles de dominar. Eso sí: los niños son lo más importantes para él. Creo que ésa es su nobleza. Pero claro, por otro lado las mujeres no le importan tanto. Hay una parte de ese explorar que implica escapar de los dramas familiares, y por eso Ragnar suele irse en misiones. Pero lo cierto es que no quiere pelear con nadie más y es un lujo que no puede darse. Ya llegó un momento donde quiere sentarse y decirles a los demás que peleen. Pero no va a suceder.

—Uno de los telones de fondo de la serie es la forma en que el cristianismo va avanzando sobre los paganos. ¿Cuál es la postura del personaje al respecto?
—Así es. Los dioses cristianos versus los dioses paganos. Es una batalla permanentemente presente en el show. Ragnar cree que hay mucho que aprender de los cristianos, y a medida que las cosas se van dando, eso le va a generar un conflicto con su propio pueblo, incluso con sus mejores amigos. Pero hará lo que tenga que hacer en orden de conseguir lo que quiere.

 

Corrupción y puños

—¿Por qué Ragnar quiere conquistar París?
—Porque fue la idea de su mejor amigo, Athelstan. Y además no quiere volver a Inglaterra y pelear otra vez. Quiere volver a sus formas de generar una vida distinta. Ya estuvo en Inglaterra y va a volver, y eso será para lío, pero por ahora sólo quiere explorar. Además, la muerte de su mejor amigo lo ha llenado de dudas: por ejemplo, cree que eso es lo que siempre quiso Athelstan, ser un mártir. Pero ahora no le queda nadie con quien ser honesto y enfrente de todos, al menos los que quedan, siempre debe ser un rey.

—¿Cuál es tu escena favorita en esta temporada?
—He hecho dos que me gustan mucho. Una es con combate mano a mano, que es a mi entender el punto fuerte de la serie. La otra escena es una discusión en un palacio, con otro rey. Ambos estamos sentados uno al lado del otro en una fiesta, hablando en privado. La charla es tremendamente honesta. Y queda en claro cuán corruptos son ambos. Pero también, que si se unieran podrían dominar el mundo.



Juan Manuel Domínguez