ESPECTACULOS LA HERENCIA DEL ZAR ALEJANDRO ROMAY

Crear espectáculos para exportar al mundo

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Cambios. Diego Romay, hijo del zar Alejandro, con Suar y Laviaguerre a cargo de El Nacional.
Cambios. Diego Romay, hijo del zar Alejandro, con Suar y Laviaguerre a cargo de El Nacional. Foto:Cedoc Perfil
En 1906 nacía Teatro El Nacional y desde sus orígenes estuvo destinado a ser bien argentino. La noche de apertura abrió con el Pericón nacional interpretado nada menos que por sus propios fundadores –junto a otros nombres que con el tiempo llegaron a ser antológicos del teatro rioplatense– como Carlos Gardel. En 1961 mi padre compró el antiguo Teatro El Nacional y en 1973 lo reconstruyó a nuevo poniendo en cartelera grandes obras, revistas, y musicales.No se tardó mucho tiempo en bautizar al Teatro El Nacional como “La catedral de la revista porteña”. El gran homenaje llegó en 1982 con la revista Sexitante protagonizada por Susana Giménez y Juan Carlos Calabró, acompañados con cincuenta artistas en escena. Pero en la madrugada del jueves 22 de julio de ese año los porteños despertamos con una dolorosa noticia: cuatro bombas provocaron un voraz incendio reduciendo a escombros al querido El Nacional. Algún sector del gobierno militar se había sentido molesto por un sketch titulado Vivan las autopistas. Entonces, yo tenía 9 años y recuerdo aún hoy los dolores de migrañas que mi padre sufrió por días sólo calmados con los paños fríos que le ponía mi madre. ¿Qué podría decir yo, un chico, ante su dolor? ¿Cómo ayudarlo en su angustia? El brutal atentado lo alejó de su amado teatro por casi dos décadas y justificaba su inacción argumentando que los escombros debían permanecer allí como símbolo de intolerancia e injusticia.

Habían pasado 20 años de aquella noche oscura y ya era tiempo de soltar aquel dolor y regresar a su gran amor. La sala resurgió en el 2000 comenzando una etapa increíble en su vida y especialmente en la mía dos años después.  Aquella imagen del dolor que retuve de pequeño y mi amor por el teatro me impulsó a tomar la decisión de acompañarlo y estar a su lado.

Se sabe, mi viejo era el único protagonista de todas sus decisiones y las cosas debían transcurrir a su manera, como las idealizaba en su mente creadora.Por otro lado yo sabía que debía ganarme su respeto profesional. Entonces decidí que era preciso demostrar, primero, que era capaz de crear un camino propio y original, convirtiéndome en productor y apoyándome en una sola premisa:
desarrollar contenido nacional como había aprendido de él. Así fue como nació mi primer gran espectáculo: Tanguera, el musical de tango que fue éxito internacional en medio de la crisis del 2001. Al año siguiente escribí y produje Nativo, otra producción nacional basada en el folclore, recibiendo el elogio de toda la crítica y el público. Y, finalmente, me atreví al jazz estrenando Caravan que tuve que suspender a los 3 meses por el pánico del público ante la posibilidad de una gripe aviar. Al verme deprimido mi padre me dijo a modo de enseñanza: “En todas no se puede ganar”. Y sentenció con afecto: “Vení a trabajar conmigo”. Sentí que su
gesto me había convertido en ¡ganador de todo! Trabajar con mi papá y estar cerca de él era pisar el umbral del paraíso. En El Nacional hicimos juntos los musicales que él más amaba. Con sus colaboradores le preguntábamos qué tenía ganas de producir y allí salíamos a convertir sus sueños en aplausos. Así nacieron El Hombre de la Mancha y Víctor Victoria, entre otros. Amor y trabajo se fusionaron. Un gran motor para los dos.

Hoy nace otra época de esta intensa historia. Ya no son los tiempos de “héroes épicos” como lo fue mi padre. Hoy el teatro requiere equipos y talentos que pueden agregar valor en distintas áreas de negocios. Las coordenadas se dieron solas: un encuentro entre, Ignacio Laviaguerre (talentoso productor con el que compartimos el éxito de Más respeto que soy tu madre de Antonio Gasalla) y Adrián Suar, que al igual que mi papá ama la labor del actor y se siente profundamente creador, terminó por sellar una nueva química para producir juntos.

Hoy me encuentro desplegando una vez más todo mi potencial para darle al Teatro El Nacional el lugar que siempre tuvo: espacio
para la creación de actores, directores y guionistas argentinos. Transformarlo en una plataforma de producción que sea capaz de producir dramaturgia y espectáculos para exportar al mundo. Este es el gran deseo y visión que nos une a los tres socios. Si en cada obra de teatro logramos desplegar esta misión y hacer posible esta tarea con el compromiso de despertar aplausos y emociones, estaré logrando quizá algo más importante: homenajear a mi papá en toda su dimensión y continuar el gran legado que dejó a toda su familia.

*Productor. Director del Teatro El Nacional.

Diego Romay