ESPECTACULOS FRANCO FAGIOLI

Dificultades y consagración de un hombre

El cantante, que se presenta en la ópera Julio César en el Colón, posee una voz tan aguda que equivale a una mezzosoprano. Parecidos y diferencias con los castrati.

Símiles. Fagioli es contratenor y aseguran que hoy tiene el mismo registro que los castrados.
Símiles. Fagioli es contratenor y aseguran que hoy tiene el mismo registro que los castrados. Foto:julian laidig

Del 6 al 13 de junio, por cuatro únicas funciones, el Teatro Colón ofrece como título operístico Julio César, de Georg Friedrich Häendel, uno de los máximos representantes del Barroco musical. La propuesta, en este caso, lleva la dirección orquestal del austríaco Martin Haselböck y la puesta en escena de Pablo Maritano, actual director de Producción Artística del Teatro Argentino de La Plata. Una de las mayores atracciones de esta obra radica en las características vocales requeridas para el protagonista, que debe cantar en tonos muy agudos. Quien realizará ésta, sino proeza, extrañeza del canto, brinda más detalles. Se trata del contratenor argentino Franco Fagioli.

—¿Qué destacarías de “Julio César” como obra, y de esta versión en particular?

—Julio César, en la época en que se escribió [fue estrenada en 1724 en Londres], era la fuente de entretenimiento, como es hoy ir a ver una obra de teatro, un musical, o ir al cine. Aquí, se cuenta el momento en que Julio César conoce a Cleopatra y nace esa famosa relación, en el encuentro de esos dos mundos, los romanos y los egipcios.

—¿Qué es un contratenor? ¿Qué roles te permite cantar y qué roles, no?

—No sólo me pasa a mí por ser contratenor, sino a cualquier cantante: hay roles que están escritos para diferentes voces. Por ejemplo, un tenor no puede cantar una ópera que está escrita para un bajo. Específicamente, un contratenor es un hombre que ha entrenado su voz de cabeza [a veces también nombrada como falsete], su voz aguda, ésa que cuando estamos en la adolescencia, en el cambio de voz, a los chicos nos sale como una especie de gallo Claudio, que le decimos. En la época de Händel, estaban en boga cantantes que habían sido castrados. Hoy en día, gracias a Dios, se dejó de hacer, je, je.

—Se trata de los “castrati”…

—Sí, eran cantantes que, de niños, al descubrirse su talento musical, sus familias los entregaban a escuelas de música en Italia, y aceptaban esta operación que les cortaba el desarrollo del crecimiento hormonal. Entonces, la voz quedaba un poco como la voz de un niño, entrenada y virtuosa. Algunos (como el caso de Farinelli) llegaron a ser grandes estrellas de la música, como si hoy dijéramos Michael Jackson. Senesino [apodo de Francesco Bernardi], por ejemplo, fue el castrado para el cual Händel escribió Julio César. En la actualidad, los contratenores no somos castrados, somos hombres con todo lo que tenemos, pero entrenamos el mismo registro de los castrados. El registro vocal que uso (por extensión vocal y tesitura) es el de mezzosoprano, aunque hago siempre roles masculinos.

—¿Sufrís o sufriste prejuicios que asocien tu voz al amaneramiento o características de mujer?

—Vincular la voz aflautada con comportamiento amanerado, es una asociación directa y fácil, por no conocer. Se trata de una expresión artística, con un fundamento histórico. Tiempo atrás, yo era un poco un perro verde. En Tucumán, mis amigos me decían: “¡Eh, che, no cantés así!”, hasta que después entendieron que estaba realmente transitando un evento artístico.


Europa, con Riccardo Muti y Cecilia Bartoli

Franco Fagioli es oriundo de Tucumán, egresó del Instituto Superior del Teatro Colón y está radicado en Madrid: “Yo amo aquí [la Argentina], pero me queda muy lejos de donde yo puedo trabajar. Desde Madrid, me puedo mover a cantar donde se me contrate. Hay muchas maneras de ser músico y de intentar vivir de esto. Yo elegí irme. Por mi tipo de voz, era obvio, clarísimo, que yo iba a poder terminar de formarme y tener más experiencia en Europa, donde todo esto ha nacido. En el Colón, sólo cada tanto se hace una ópera donde yo pueda cantar”.

—En Europa, has podido trabajar junto a artistas de gran renombre. ¿Cómo fueron las experiencias con Riccardo Muti y Cecilia Bartoli?

—Con Riccardo Muti, trabajé, no en el ámbito de la Scala, sino para dos temporadas del Festival de Pentecostés de Salzburgo. Es un hombre que entiende perfectamente lo que es trabajar con un cantante, hacer música con un cantante, es decir, guiarlo, contenerlo y soportarlo. Con Cecilia Bartoli fue “guau, qué maravilla, ¿y después qué?”. A mis 23 años, mi apenas tercer contrato en Europa fue para hacer, precisamente, Julio César, en Zurich en 2005, con ella, alguien de un talento abrumador y sobre todo, una persona laburante total, desde el primer ensayo, y una persona generosa. Básicamente, un ser humano. A veces, olvidamos que las personas que se suben a un escenario son seres humanos, con las mismas necesidades que todo el mundo.



Analía Melgar