ESPECTACULOS SUSU PECORARO Y ANTONIA BENGOECHEA


Dos generaciones para una misma pasión: actuar

Interpretan a una abuela y su nieta en La leona. La joven asegura que no le pesa que la vean como sobrina de Darín, mientras que la veterana jura que no le cuesta trabajar con Solá.

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Foto:Sergio Piemonte
Confiesan que se divirtieron mucho todo el año pasado grabando La leona. No parecen abuela y nieta, como representan en la ficción, sino hermanas. Ellas son Susú Pecoraro y Antonia Bengoechea. Tienen historias muy distintas, pero comparten la misma pasión por la actuación. La más joven, Antonia, debutó en la televisión con Niní (2009), cuando tenía once años, después llegó el cine con Sin retorno y El clan para ahora encarnar a la hija de Pablo Echarri. Su madre es Alejandra Darín y su padre Alex Benn. A su lado sonríe Susú Pecoraro, intérprete recordada del cine, del teatro y también de la televisión.
“Dejé la escuela el año pasado –dice Bengoechea–. Abandoné quinto año, pero lo voy a retomar. Me hicieron el casting y cuando me enteré que había quedado para hacer el personaje de Abril decidí aceptar el trabajo. Estudié en distintos lugares. Empecé en la comedia musical en “Río Plateado”, la escuela que fundó Hugo Midón. Pero el canto me daba vergüenza y seguí con clases sólo de teatro”.
“En mi caso terminé el secundario –continúa Pecoraro– y entré al Conservatorio Nacional de Arte Dramático. Son historias distintas, Antonia viene de una familia de artistas, pero no fue mi caso. Buscaba estudiar arte, mi padre pinta, amaba la literatura y me encanta aún hoy todo lo relacionado con el cuerpo. Cuando una tía me contó las materias que daban en el Conservatorio me inscribí. Eran tiempos en que después de estudiar nos íbamos a ver películas de los grandes cineastas, como Fellini y Antonioni”.
—¿A quién se le ocurrió que esta abuela fuera hippie?
PECORARO: (Se ríe). Yo soy un poco así. Quería sacarme el estereotipo de mujer sufrida que luchó siempre por su hijo. Le pusimos túnicas y también sumamos el porro. Ella tiene como ataques de pánico por el pasado que siempre ocultó y fumar la tranquiliza.
—Que tu personaje tuviera acento español ¿complicó la interpretación?
BENGOECHEA: El primer día que hice el casting leí que estaba escrito de esa manera. Pregunté y me dijeron que lo hiciera normal, pero cuando empecé a grabar me explicaron que Abril se había ido de la Argentina a los seis años y luego de diez regresa con ese acento español. No es de esa nacionalidad, lo que me presionó mucho menos.
—Grabaron el año pasado y la están emitiendo ahora: ¿no es frecuente?
P: Es muy raro. Antes me corregía al verme. Pero esta distancia tiene mucho a favor. Hoy vemos todo lo que sucede en la fábrica y nosotros sólo las leíamos. Es muy bueno ya que estamos siempre en un registro de ingenuidad, que lo humaniza.
—¿Te molesta que te digan “la sobrina de Ricardo Darín” o “la prima del Chino Darín”?
B: (Sonríe). Ahora no lo vivo como un peso, pero me la veo venir.
—Al comienzo se empezó a decir no vieran “La leona” porque son actores K…
P: Me enteré tarde de eso.
B: Hubo un prejuicio muy grande: se mezcló la política con el hecho artístico.
—Hoy resultan actuales las escenas en que echan a los trabajadores…
P: Nosotros grabamos en el 2015, a nadie se le cruzaba que esto podía ser. No había indicios, ni siquiera que el gobierno de entonces pudiera perder. Hoy ves sufrir a alguien que perdió su trabajo y en la actualidad llorás el triple. Creo que el ser humano es el mismo. Si el programa está bien hecho, llega al corazón.
B: Nuestro trabajo es muy generoso, ya que debés encarnar a alguien muy alejado, hay que ponerse en ese lugar, comprenderlo, sin juzgarlo.
—¿Fue difícil trabajar con tu ex marido, Miguel Angel Solá? ¿Qué pensás de su personaje, Müller?
P: Me olvido de que estuvimos casados: éramos muy chicos. Nosotros trabajamos mucho juntos, es mi compañero, mi par en la actuación. Creo que lo más bello que hicimos en el teatro fue Sin testigos, con dirección de Inda Ledesma. No sé si Müller es malo, creo que Miguel Angel lo hace más sabroso. Todo tiene un justificativo. Está claro que es un personaje que no hace empatía con el dolor ajeno, al revés de lo que nos pasa a los actores: siempre debemos sentir como el otro.
—¿Qué piensan de la televisión actual con tantas ficciones importadas?
P: Lo más difícil es conseguir dinero para grabar estas tiras. Teníamos tres equipos, uno de piso con los interiores de las casas, otro en la fábrica (en Alcoyana, Villa Adelina) y el tercero iba a distintos lugares.  Grabábamos de ocho de la mañana hasta las siete de la noche todos en paralelo. Si nuestras historias funcionan espero que se entusiasmen y vuelvan a invertir. También deseo que ande bien la del Trece (Los ricos no piden permiso).

Ana Seoane