ESPECTACULOS ‘MAD MEN’

El adiós de aquellos buenos tiempos

Mañana a las 21 por HBO termina la serie de los dorados años 60 y es el final de Don Draper. Revolucionaria, marcó un hito en la manera de mostrar el éxito, las ambiciones y las ansiedades.

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Foto:Cedoc Perfil
Es el final que esperan millones de personas que han seguido el asfixiante e hipnótico show de época ambientado en los 60, que comenzó el 19 de julio de 2006 y que finalizará, con el último capítulo de la séptima temporada, mañana a las 21 por HBO. Se trata de Mad Men, ha sido llamado “el drama más grande de la historia de la TV” y ha marcado a fuego la segunda edad dorada de la televisión. Cada uno de sus episodios cuesta alrededor de tres millones de dólares y sus temporadas la vieron tres millones de espectadores. Sus personajes (el Don Draper de Jon Hamm y la Peggy Olson de Elisabeth Moss como íconos de la revolución MM) han devenido historia televisiva. El showrunner Matthew Weiner, creador del drama de época con domicilio en la Avenida Madison y los pasillos de una agencia de publicidad, responsable de casi todos los episodios a nivel guión dice: “Nadie me dijo que sería tan difícil dejar de hacer el show. Debería haber un club de showrunners donde te explican que podés llegar a volverte loco el día que ves el último episodio de tu serie. Todos te celebran, hablan de lo ‘sofisticado’, de cómo la serie ha cambiado, de cómo habló sobre temas mucho más profundos y que cortaban políticas actuales (de género, sobre el sexo). Pero cuando descubrís que no habrá otro capítulo de Mad Men, simplemente te cuesta mucho procesarlo”.
Weiner insiste: “Sería una locura quejarme. Pero algo que me ha divertido en estos años es una lectura que indica que quiero que el personaje de Jon, Don Draper, enfrente esos cambios de época tan radicales en lo que respecta a género o raza. Lo que Jon y yo queríamos, era que Draper enfrentara sus demonios de frente. Mad Men es un show que siempre quiso mostrar ese abismo, y quizás no lo sea, entre lo que realmente deseamos, queremos ser y que los demás sean, y la realidad”. Fascinó la amazona de Christina Hendricks, con el andar bífido de January Jones o el estoico John Slattery quiere saber, al menos hoy, es qué será de Draper: “Me parecía que convertir a Don en un zombie era algo raro” (mojada de oreja a The Walking Dead, serie éxito en Estados Unidos, y referirse a los rumores que dicen que tendrá un papel en la serie). Para Weiner “No hay un gran secreto que tenga que revelarse o algo así. Queríamos llegar al lugar que los personajes debían llegar. Esa fue nuestra guía. Hay 92 horas de Mad Men. Odiaría que tan sólo una de ellas lograra deshacer todo lo que la serie ha construido. Es mi peor pesadilla”. Pero en otras declaraciones el mismo Weiner ha dicho: “Me da miedo que me odien por el final. Pero la historia siempre ha sido la crisis de Don Draper y su ansiedad, y como en una sociedad como ésta de evolución y revolución, de cómo su belleza y elegancia eran la contracara de su revuelta interior”.
Y dice: “Me gusta creer, y creo todos lo vemos así, que Mad Men trata sobre Don Draper y el resto de los personajes gira alrededor de él. Es algo que no nos molesta y que creemos es el epicentro de la serie”. Hamm, que siempre fue visto como un espejo demasiado cercano a su Don Draper sabe que “Mad Men ha sido una serie importante, no por proclamarse tal, sino porque ha traído un sentido de la belleza, y de la autodestrucción, más sutil de lo que habíamos visto hasta ahora. Es una serie que sabe vestir sus ansiedades como si fueran el mejor traje que uno puede ver en TV”.

Juan Manuel Domínguez