ESPECTACULOS SASHA WALTZ


“El arte sirve para abrir diálogos”

La coreógrafa alemana presenta Dido y Eneas en el Teatro Colón. El recuerdo de Pina Bausch y la preocupación por la manipulación del cuerpo humano.

PERFIL COMPLETO


Foto:Néstor Grassi

Sasha Waltz es una coreógrafa alemana que se ha consagrado internacionalmente a través de sus audaces propuestas, cargadas de metáforas intensas, que combinan lirismo y violencia, ironía y sufrimiento, en las que los bailarines realizan un gran despliegue físico. Ella, a través de su creación Dido y Eneas, ha llegado al Teatro Colón y hace hoy su última función. En esta producción alemana, la ópera de Henry Purcell es contada a través de la música y la danza. De la primera se ocupan la Orquesta Akademie Für Alte Musik, dirigida por Christopher Moulds, el Coro Vocalconsort y los cantantes Aurore Ugolin, Reuben Willcox y Deborah York. De la segunda participan bailarines especializados, y, en realidad, todos los intérpretes, pues todos están permanentemente en movimiento.

—¿De qué se trata “Dido y Eneas”, y cómo conviven en ella las maneras de narrar, de decir, de la ópera y de la danza?
—Es una ópera barroca, que intenté manejar de manera contemporánea porque mi lenguaje es la danza contemporánea. Trabajé el aspecto físico de los solistas, del coro y de los bailarines, para que sean un solo cuerpo y se quiebren las jerarquías del solista, elevado como estrella, por encima del coro. Es la historia de amor, dramática, de un refugiado: Eneas llega desde Troya a Cartago y allí conoce a Dido, pero finalmente debe irse, debe encontrar otra ciudad, otro país. Esta versión va entre lo muy abstracto y lo juguetón, con la riqueza de lo barroco. La historia en sí es muy sencilla, pero lo que está debajo de ella es el contenido emocional, que lo llevan la música y la danza. Así surge un balance entre elementos muy concretos de la narrativa e imágenes asociativas, entre la abstracción y la teatralidad.
—¿Qué enseñanzas absorbiste en tu formación con la línea de Mary Wigman?
—Mi temprano entrenamiento fue con una maestra formada con Mary Wigman, y eso me brindó dirección y una manera de concebir en libertad la expresión del cuerpo y el acercamiento individual al movimiento.
—¿Cómo evaluarías el legado de Pina Bausch para la danza?
—Fue una innovadora, una pionera, que influenció no sólo a Alemania y toda Europa sino más lejos, en la manera de concebir la danza y el teatro. Rompió los límites entre una y otro. Además, marcó a muchos coreógrafos, como Alain Platel, en su manera de hacer collage: al cortar, unir y agregar fragmentos. Generó su propia tradición de danza expresionista. Sin ella no habría sido posible pensar alternativamente el movimiento y el teatro, sin ella no se hubieran abierto las puertas para las nuevas generaciones.
—¿Es posible identificar alguna tendencia en la danza contemporánea a nivel mundial?
—La danza hoy es muy diversa. Hay un montón de propuestas individuales. Veo que cada uno persigue su trabajo. Resulta difuso encontrar a quienes hagan grandes escenarios, grandes proyectos coreográficos. Hay pequeñas exploraciones…

 

La politica y el arte

La obra Körper (en español, Cuerpos) de Sasha Waltz, estrenada en 2000, es un hito en la danza contemporánea. La coreógrafa reflexiona: “Muchas de las cuestiones en la obra son relevantes aún: el material genético, las transformaciones del cuerpo que realizan la medicina y la ciencia, ¿cuánto se puede manipular un cuerpo?, ¿es posible hacer tests con personas no nacidas o vivas? En Asia hoy hay gente que vende partes de su cuerpo para ganar dinero. El cuerpo se ha vuelto un producto; el cuerpo ya no tiene valor. Aquí en la Argentina, el terrible uso de pesticidas en la soja es criminal; nacen niños con deformidades o cáncer. Seguimos gobernados por la economía. La gente vive sin derechos. Son viejas discusiones, escandalosas, de las que necesitamos seguir hablando. Por otra parte, para Körper yo trabajé en el Museo Judío y traté de reflejar cuestiones del Holocausto, y la relación entre los alemanes y los judíos, en términos de víctimas, de asesinos. Hoy seguimos teniendo guerras, dictaduras, crímenes. Estamos viviendo lo que hace cuarenta años era una pesadilla. Los bancos mundiales hacen que los políticos tengan cada vez menos poder y la sociedad, más frustración. El trabajo político, el activismo, es muy importante; a la vez el trabajo artístico sirve para poder digerir el momento que vivimos”.



Analia Melgar