ESPECTACULOS EL CASO WEINSTEIN

Enfrentar a depredadores

Como una de sus primeras víctimas en manifestarse en público con historias acerca de un asalto sexual de Harvey Weinstein, Rose McGowan es una mujer muy valiente a la que aplaudo por exponer la conducta repulsiva de Weinstein.

Juntos. Robert Rodríguez, Rose McGowan y Harvey Weinstein, sonrisas con trasfondo.
Juntos. Robert Rodríguez, Rose McGowan y Harvey Weinstein, sonrisas con trasfondo. Foto:tenconi blanco

Como una de sus primeras víctimas en manifestarse en público con historias acerca de un asalto sexual de Harvey Weinstein, Rose McGowan es una mujer muy valiente a la que aplaudo por exponer la conducta repulsiva de Weinstein.

Al día de hoy, más de cincuenta mujeres salieron a la luz para detallar los horrores que enfrentaron. (...)

Nunca discutí lo que sabía acerca del incidente de 1997 que Rose sufrió en la habitación de un hotel durante el Festival de Sundance. Nunca quise poner en riesgo el proceso legal que ella encaró contra Harvey Weinstein. Ahora que ella estuvo habilitada a contar su historia, quiero proporcionar lo que yo sabía, cuándo lo supe y qué hice al respecto.

Conocí a Rose en Cannes el 19 de mayo de 2005, en un after party. La noche anterior se había exhibido en el Festival mi película Sin City. Conversamos, y ella me dijo que era fanática del film noir, y que le hubiera encantado participar del cast de Sin City. Le pregunté por qué no lo había hecho, si habría encajado en lo que buscábamos. Ella me dijo que no había podido porque estaba en una lista negra para participar en cualquier película de los Weinstein. Cuando le pregunté qué quería decir con eso, y cómo era posible que estuviese en una lista negra, me contó la historia horrible de lo que Harvey le había hecho siete años antes.

Mi primera reacción fue quedarme en shock. Recuerdo claramente lo siguiente que le dije: “Dios, ¿por qué no dijiste nada? ¡La gente te habría apoyado! (...)”. Rose dijo que no había sabido qué hacer. Me contó que una abogada mujer le había dicho que como ella había hecho desnudos en películas, ningún jurado le creería (...).

Rose me dijo que lo único que ella había podido hacer en ese momento fue conseguir que Harvey Weinstein donara dinero a un refugio para mujeres abusadas y a cambio había tenido que firmar un acuerdo de non-disclosure que le prohibía hablar de la horrible violación sin exponerse a un juicio, y que de hecho no debería haberme contado nada. (...)

Furioso por lo que acababa de escuchar, le dije a Rose que ella no estaba en una lista negra de mis películas y que Harvey no me podía decir a quién hacer casting. La razón era que Harvey no trabajaba con mis películas, en aquellos años yo hacía películas para Dimension y Bob Weinstein. Entonces le expliqué que si hacía un casting con ella para mi siguiente película, Harvey no podría decirme que no, porque mi primer pregunta sería: “¿En serio? ¿Por qué no puedo hacer casting con ella?”, y estaba seguro de que él no me iba a querer decir la razón.

Ahí mismo le conté a Rose que estaba por empezar la escritura de una película que iba a hacer con Quentin Tarantino, un programa doble como los de los 70, y que si ella estaba interesada, yo escribiría uno de los protagónicos.  Quería que protagonizara una gran película para quedar así fuera de la lista negra, y la mejor parte era que íbamos a tener a la compañía de Harvey Weinstein pagándonos para conseguirlo.

Cuando terminaba de decirle eso a Rose, ¡vi a Harvey caminando en medio de la fiesta! Lo llamé para invitarlo a nuestra mesa, y una vez que estuvo lo suficientemente cerca para ver que estaba sentado con Rose, su rostro empalideció. Dije: “¡Ey!, Harvey, esta es Rose McGowan; creo que es extraordinaria y voy a incluirla en el reparto de mi próxima película”. Harvey comenzó a balbucear en la mayor sobreactuación que le vi, “¡Oh, ella es estupenda!, ¡oh, ella es extraordinaria!, ¡oh, ella es fantástica!, ¡oh, ella es tan talentosa...! Ustedes dos definitivamente deberían trabajar juntos”. Y se fue corriendo. En ese mismo instante supe que lo que Rose me había contado era cierto.

Giré hacia Rose. Tenía la boca abierta y los ojos como platos. “¡Uau, nunca había visto algo así!”, dijo. Rose aceptó mi propuesta, y cerramos el trato. Me parecía extraordinario que ella pudiera dejar detrás el incidente y avanzara con su carrera. Quería ayudarla. Teníamos un plan y, más importante, teníamos una misión.

(...)

Debido al acuerdo de confidencialidad, Rose me pidió que no contara lo que ella me había dicho. Y los dos sabíamos que no podíamos refregárselo demasiado en la cara a Harvey, porque él simplemente condenaría la película, no vendiéndola como correspondía, y todos perderíamos. Para nuestro horror, Harvey condenó igual nuestra película, y como ni ella ni yo deseábamos exponernos a un juicio, nunca contamos nada de esto. (...)

 Las últimas semanas me dieron claridad y esperanza al ver el cambio en la marea, viendo a Harvey finalmente expuesto, y viendo a todas las valientes mujeres que expusieron sus historias de abuso. Desde que he comprobado una clara ausencia de hombres que hayan tratado de hacer lo correcto, quiero exponer que no importan las consecuencias, no importa cuánto tengas que exponer tu pescuezo, no importa cuánto puedas perder, que debemos pelear por lo justo. Todos tenemos que pasar a la acción.

Hablar no es suficiente. Incluso agarrar a alguien en el acto y expulsarlo cuanto antes tampoco es suficiente. Lo que aprendí de mi experiencia es que lo que la sociedad necesita es hacer mucho más en la prevención. Una vez que alguien como Harvey Weinstein ataca, el daño colateral es imparable e infinito. Una vez que un depredador ataca, simplemente es muy tarde. Tenemos que frenar este tipo de acciones a través de educación, consecuencias más duras y una tolerancia cero. Debemos asegurarnos de que se hace Justicia y que nuestra cultura cambie para que nada de esto vuelva a ocurrir.


*Director de cine. El texto fue publicado originalmente como Carta abierta en Variety.


Robert Rodríguez


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