ESPECTACULOS CECILIA ROTH

“Epifanía era una encubridora”

Mientras la “ola Puccio” sigue levantando espuma, la actriz estrena Historia de un clan, miniserie de 11 capítulos sobre el mismo caso que irá por Telefe y TNT.

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Foto:Sergio Piemonte
E l miércoles 9 de septiembre a las 23 por Telefe y al día siguiente por TNT estrenan Historia de un clan, acerca de los Puccio, cuya saga es hoy convertida en un boom de taquilla en el cine por Pablo Trapero. Y Cecilia Roth tiene ahí un papel importante: en la miniserie de once capítulos dirigida por Luis Ortega, la reconocida actriz será Epifanía, la mujer de Arquímedes, el líder del siniestro clan, una mujer hierática y cerebral que, asegura Roth, es “una pieza clave” en el oscuro entramado de secuestros extorsivos y asesinatos en la década del 80. “Era una mujer ambiciosa que parece dominada por Arquímedes, pero en realidad tiene una sutil manera de manejar los hilos de la casa. Sin ella, las cosas que pasaron no hubieran sido posibles, no se hubiera podido mantener esas dos vidas paralelas. Es la encubridora principal”, señala Roth sobre el personaje que en El clan, la versión cinematográfica, interpreta con mucho aplomo Lili Popovich. “Cuando llegué a la Argentina, en el ’85, me encontré con éste y otros casos que me llamaron mucho la atención –agrega–. Era lógico que en un país que acababa de salir de un período tan oscuro haya una sociedad con comportamientos tan extremos: pensemos en los casos de Oriel Briant y Open Door, después lo de los Schoklender... Fueron los resabios, la resaca de la dictadura”.
—¿Cómo preparaste el personaje? Es una mujer muy particular...
—Primero hice un trabajo de investigación. Y después me olvidé de todo. Quería desprenderme de cualquier tipo de mirada crítica frente al personaje, preferí mantener distancia, no juzgarlo. Entenderlo o no entenderlo, pero estar dentro de ella, ser consecuente con su pensamiento y sus acciones. El juicio, en todo caso, lo puede hacer a posteriori el espectador. Hay que soportar a los personajes de la misma forma que uno se soporta a sí mismo, que entiende lo que hace y por qué lo hace.
—¿Hay algo de Epifanía que te haya generado alguna zona de empatía?
—Sí, su conducta en la relación con sus hijos, por ejemplo. Su manera no es la mía, pero es innegable que ella quería apasionadamente que sus hijos estuvieran bien. Tenía miedo cuando se preguntaba qué sería de la vida de ellos cuando sean mayores, un miedo que tenemos todas las madres, el temor al futuro del hijo cuando salga del nido. Todo ese perfil maternal de Epifanía es profundo y verdadero.
—La historia es escalofriante y, como decís vos, un resabio de la dictadura. Hoy no podría pasar algo así.  
—Me parece que no. Hoy hay gente que la pasa mal en Argentina, gente a la que le da igual perder todo, es cierto. Pero eso no tiene nada que ver con esta historia. Hoy no ocurre algo así porque el primero que lo vea lo denuncia, como pasa, por ejemplo, con los casos de violencia de género. Hay que remarcar la enorme e inacabable solidaridad de los argentinos, que se está viendo claramente con el tema de las inundaciones. Nos quieren hacer creer que somos unos hijos de puta, pero no es verdad. Ahora pasan otras cosas, está claro, y nos cuesta asumirlas. Lo que pasa es responsabilidad de todos, de la sociedad entera, no de un grupo particular o de otro. Los argentinos tenemos que hacernos cargo como sociedad de las cosas que nos suceden. Son temas de juventud, somos una democracia joven.
—¿Es difícil desarrollar un personaje tan complejo como el que te tocó en los tiempos cortos de la televisión?
—En este caso, no. Creo que he tenido suerte o he sabido elegir mis trabajos en televisión. Todas las cosas que hice con Underground y Pol-ka fueron óptimas, se hicieron con tiempos casi cinematográficos: Epitafios, Tratame bien, Lo que el tiempo nos dejó... Y esta miniserie no es la excepción. Luis es un director de cine e impuso un ritmo al que, con mucha inteligencia, la producción supo adaptarse. Para mí, eso es producir bien: dejar que el artista cuente.  
—¿Vos te dejás dirigir o te rebelás muy seguido?
—No me rebelo, me gusta trabajar en equipo. Me encanta que me dirijan. He trabajado con grandísimos directores y tuve esa suerte. Primero trabajo en soledad en la construcción de un personaje. Y siempre lo que llevo suele coincidir con la mirada del director porque hemos hablado antes y nos hemos puesto de acuerdo. Cuando no pasa, trato de entrar en el universo del director, que es el que tiene la totalidad de la historia en la cabeza. Hace años que perdí la necesidad de contar un personaje yo sola. Todos los personajes somos parte de una historia, es un trabajo conjunto.
—“Relatos salvajes”, “El clan”, “La patota...” Parece que el público argentino vuelve a confiar en el cine producido en su país.
—Eso se debe a que nos hemos dado cuenta de que hay que hacer todo tipo de cine. No se trata de hacer sólo cine de autor o cine comercial, es una disyuntiva falsa. Esto ya lo decía hace muchos años Héctor Olivera, y tenía razón. Lo bueno de este momento es que hay muchas películas que tienen gran repercusión popular y también buenas críticas. Eso no pasaba tan seguido. Igual, tanto Relatos salvajes como El clan y La patota son “grandes producciones” acá en Argentina. Pero comparadas con una producción de Hollywood, son películas de bajo presupuesto. Para mí, las tres son películas de autor.

Alejandro Lingenti