ESPECTACULOS FLORENCIA SANGUINETTI

“Es ‘El exorcista’ en versión ópera”

El ángel de fuego, de Prokofiev, se presenta en el Colón después de estar 44 años ausente. El recuerdo de Sergio Renán y críticas al valor de las entradas.

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Foto:Gentileza Tommy Pashkus

Este domingo 8 y el martes 10 en el Teatro Colón se realizarán las dos últimas funciones de una curiosa ópera: El ángel de fuego, de Serguei Prokofiev, sobre la novela homónima del escritor simbolista ruso Valeri Briúsov. El texto, de 1908, fue convertido en ópera en 1927, recién pudo estrenarse en 1955 y en Argentina sólo se vio en 1966 y 1971. En palabras de Florencia Sanguinetti, directora general del espectáculo, que se canta en ruso, “es como si fueras a ver El exorcista en versión ópera”.

—¿Por qué es tan peculiar?
—Es una ópera de terror, lo cual no es común en la música lírica. Otro atractivo de la obra es que tiene un texto muy visual, lleno de imágenes. Los simbolistas querían provocar estados de ánimo, sensaciones en el lector. El personaje de Renata es una mujer psicótica, pero ¿por qué todos los demás escuchan esos golpes y pasan situaciones que parecerían mágicas? Todo esto está dentro de la cabeza de ella, pero no se sabe si es imaginación o recuerdos. En medio de la gran carga de violencia, hay momentos de reflexión a cargo de los personajes de Agrippa y Mefistófeles. A todo esto sumemos la música de Prokofiev, impresionante, con mucha teatralidad y mucha exigencia vocal: Renata es una especie de Electra que de principio a fin está cantando sin parar; más bien, gritando.

—¿Qué lecturas permite esta obra?
—Prokofiev estaba muy interesado por el aspecto violento de las religiones y por las ciencias ocultas. Renata, poseída por el diablo, puede tener una interpretación psicológica; tiene una parte erótica a través de personajes misteriosos, inquietantes, que miran desde otro plano, y hay un aspecto religioso que tiñe todo y pone el acento en los martirios para alcanzar la salvación o redimirse de los pecados. Son temas siempre vigentes, el sadismo y la necesidad de sangre en nombre de Dios, ya sea en este caso a través de la Inquisición, ya sea hoy a través de grupos que, en nombre del Islam, torturan y sacrifican personas. A Renata, un personaje tan vivo, tan actual, no lo hemos ubicado en ningún tiempo ni espacio concreto.

—Para las funciones de “El ángel de fuego” hay plateas de $ 3 mil; las entradas más económicas están en paraíso, sin asiento, de pie, por $ 150. ¿Cuál es tu posición en relación con el valor de las entradas en el Colón?
—Es algo que no entiendo y me da mucha pena. No termino de entender que no podamos ofrecer entradas y funciones para estudiantes. Ahora los ensayos generales se están abriendo al público anónimo, el ciclo de Colón Contemporáneo y el CETC traen un público totalmente nuevo, están los conciertos gratis los domingos a la mañana, y eso ya es positivo. Pero me preocupa mucho la renovación del público. No hay programas para niños, ni con las escuelas. Sería interesante traer a las escuelas públicas, municipales. Me parece fundamental traer a los niños y que tengan la vivencia de una ópera. Hay que sembrar cuando son chiquitos.

 

El recuerdo de Renán

Mientras repasa su propia historia en el Teatro Colón, aparece el recuerdo de Sergio Renán: “Yo entré al teatro por concurso, cuando tenía 20 años, porque se necesitaba alguien que hiciera serigrafía, una técnica que yo conocía. Luego hice y egresé de la carrera de régie del Instituto (ISA). Quise pasarme al área de régie  del Teatro, pero Renán no me lo permitía porque yo no tenía experiencia. Pude lograrlo después de hacer asistencia de régie en Alemania. Desde hace 24 años recibo a los directores de escena con sus proyectos y trato de resolverles la vida. Considero como uno de mis maestros a Jorge Lavelli, a quien asistí; luego él me llevó como asistente a Europa. Luego tuve una relación de muchísimo afecto y admiración por Renán, que siempre me acompañó. Lo asistí justamente en su última ópera, L’elisir d’amore, la experiencia más conmovedora para mí y para todo el equipo, porque en esa obra lo perdimos… Además me tocó a mí reponer la obra en Montevideo en nombre suyo. Pero yo nunca jamás le pedí nada ni a él ni a ningún director. El año pasado fue [Pedro Pablo] García Caffi quien me propuso hacer esta ópera, y Lopérfido mantuvo toda la programación; con él fue una de las transiciones más civilizadas de las que yo haya participado, no hubo ataques, no hubo cancelaciones”.



Analía Melgar