ESPECTACULOS SUSAN SARANDON

“Es una industria dominada por hombres blancos”

La prestigiosa actriz encarna a Bette Davis en la serie Feud. Aquí revela sus tensiones para construir el personaje. Critica el machismo de Hollywood, donde predominan los personajes femeninos jóvenes.

Reinas. Susan Sarandon y Jessica Lange encabezan el elenco de la nueva serie del creador de American Horror Story y American Crime Story.
Reinas. Susan Sarandon y Jessica Lange encabezan el elenco de la nueva serie del creador de American Horror Story y American Crime Story. Foto:fox

Desde aquel salto a la fama que fue The Rocky Horror Picture Show, pasando por el Oscar de Dead Man Walking (Mientras estés conmigo), Susan Sarandon no se detiene en su camino por hacer productos a la vez atractivos y de calidad. Parece que ahora no será la excepción, incluso en las arenas de la televisión. El canal Fox Premium la trae en la serie Feud: Bette y Joan, de Ryan Murphy, que llega con un capítulo doble, este viernes 17 de marzo a las 23. Más adelante, también seguirá por la señal Showtime, en la quinta temporada de Ray Donovan, donde interpretará a Samantha Winslow, tremenda productora de cine. Mientras tanto, se la verá en un dúo de rivalidad pero también de fortalezas, junto a Jessica Lange, quienes serán Bette Davis y Joan Crawford, durante el rodaje de ¿Qué pasó con Baby Jane?, juntas soportando la misoginia. Y como sucede a menudo con las series, no iniciada la primera temporada, ya se anuncia la segunda, que será sobre otro feudo; ya no el de dos actrices, sino Feud: Charles y Diana, las figuras de la realeza inglesa. Pero eso es ya para más adelante. En lo inmediato, Sarandon cuenta aquí su experiencia al convertirse en la mismísima Bette Davis.

—¿Qué sensaciones le generó este proyecto en el inicio?

—Encarnarla me aterrorizaba. Ella me fascina desde que era joven, desde mis 24, 25 años. Siento que es alguien que me ronda; me tenía tomada y ahora el círculo se ha cerrado, espero. Primero me ofrecieron hacer este personaje pero aún no existía el guión. Eso me intrigaba mucho. Luego, cuando Ryan fue avanzando, advertí que esto tenía una segunda mirada, no sólo sobre esas mujeres sino sobre lo que produce el feudo y lo que se dice acerca de Hollywood. Ese contexto me resultó más interesante que los altibajos de las vidas de ellas. Hay, más bien, grandes preguntas.

—¿Es intimidante construir este personaje?

—Sí, claro, porque ella fue imitada. En realidad, ella es tan excéntrica, por los modos de caminar, por su idiosincrasia en todo lo que hacía y decía. No se trata sólo de hacerle un acento. Ella pronunciaba mucho las palabras extrañas, todo el tiempo. También tenía una manera extraña de caminar. Por tanto, fue muy copiada por mucha gente, mucho tiempo. Entonces, ¿cómo podés hacer un personaje que todo el mundo está acostumbrado a ver en su más extrema versión y cómo lo volvés una persona real? Da miedo. Podés aprender el acento. De hecho practiqué, con alguien que me escuchaba por teléfono. Pero cuando le prestás atención a todo esto, ¿cómo te asegurás de que el personaje tiene relleno, está lleno de contenido? Y a Jessica le pasó lo mismo.

—Cuando Bette y Joan hacían “¿Qué pasó con Baby Jane?”, rondaban los 50 años y tuvieron que soportar mucho maltrato en el medio del cine, por la edad que tenían. Actrices como usted, como Julianne Moore, Meryl Streep, Emma Thompson, que podrían ser comparadas por la edad, no sufren hoy eso, tienen papeles para su edad, si bien no son abundantes…

—No, no muchos, porque hay una gran falta de imaginación para contar historias. Es una industria dominada por hombres blancos que cuentan historias empáticas con ellos. Y ellos siempre quieren estar con mujeres jóvenes. Ese mito continúa. Todavía no hay papeles románticos para mujeres de 50 o 60 años. Y eso era cierto entonces. La mayor parte de los fascinantes papeles que tuvo Bette fueron cuando ella era joven. Y eso no ha cambiado mucho. Es decir, hay grandes papeles cuando eres mayor pero no hay muchos, no hay una gran diversidad en cuestión de las historias que se están filmando. Es así todavía. Yo no sé si los hombres están teniendo grandes papeles, pero son los líderes y cobran más. Esto es un hecho. Pero creo que tenemos que ver la calidad más que la cantidad. Y ahora hay un montón de escritoras fabulosas que están haciendo comedia; es un área floreciente; también hay directoras mujeres. Necesitamos a los hombres, son nuestros aliados, y hay grandes films hechos por directores varones, muy inteligentes. En la carrera de Bette no hubo directoras mujeres. Ida Lupino lo intentó…

—En su caso personal, ¿qué oportunidades ha tenido luego de tener 50 años? ¿O hubo otra edad que fue un límite, un cambio?

—Yo creo que fue en torno a mis 40 años cuando empecé. Yo hice definitivamente Bull Durham a los 40. Con Dead Man Walking yo intervine en el libro, en la producción… Ahora tengo 70. A partir de los 60, hay menos y menos romanticismo [en las propuestas para hacer cine]. No me acuerdo cuántos años tenía cuando hice Alfie. Pero las historias románticas definitivamente se van y recibes toneladas de ofertas para morir o ayudar gente a morir o perder la cabeza. Por eso, Una madre imperfecta fue una gran oportunidad porque era un personaje femenino, con un gran reparto, donde existía el inicio de una cosa romántica, para una mujer vital y también vinculada con la pérdida. Fui muy feliz de hacer eso. Me gustaría que hubiera más oportunidades como ésa. A la gente le encantó pero sólo podés hacer lo que podés hacer. Creo que la televisión tiene más papeles para mujeres. Cuando hice Bernard y Doris, también ya era grande y el producto encontró su lugar en HBO. La televisión de cable es más indulgente y tiene más imaginación que la televisión abierta porque en estas plataformas parece que podés ser más sexy, más violento o más desnudo, o más irascible que lo que verdaderamente sos.

—“Feud: Bette y Joan” también se pensó inicialmente como película y luego se convirtió en serie de televisión…

—Sí, yo creo que lo que va ahora son las series de tiempo limitado. Los grandes encargos me dan un poco de miedo. Pueden pasar siete años y no tenés ningún control sobre la historia. Esto también es contra lo que Bette y Joan luchaban y que no sucede en la televisión por episodios, donde se puede encontrar gente verdaderamente de calidad para hacer algo. Son cinco meses y se termina, y puede salir algo superlativo. Hace poco leí un libro extraordinario y le dije a su escritor: “Lo mejor sería que no lo hicieras como película para no reducirlo a clichés, porque hay que compactarlo en dos horas”.


Miedo a Hollywood

La propuesta de reconstrucción de los 60 en el medio cinematográfico norteamericano, a través de las tensiones entre dos divas maduras, podría parecer una propuesta inocente. Pero se trata de entrometerse, desde la ficción, en el universo de Hollywood. Aparecen retratados allí, por ejemplo, el magnate Jack Warner y la periodista de farándula Hedda Hopper, divos, divas, todos con algo de poder y miedo a perderlo, interpretados por Catherine Zeta-Jones, Alfred Molina, Stanley Tucci, Judy Davis, Jackie Hoffman, Alison Wright, Dominic Burgess, entre otros. Y en el aire aparece cierta inquietud.

Susan Sarandon reflexiona sobre los rumores y certezas en torno a Hollywood: que Bette y Joan se agarraban a los golpes; Bette diciendo que Joan se acostaba con todos los compañeros varones estrella, excepto con Lassie; Hollywood como lugar de placeres y a la vez un lugar donde todo el mundo trata(ba) de gustar a todo el mundo pero nadie se atreve(ía) a hablar fuerte de ciertos temas… “No soy una experta en Hollywood. Definitivamente soy una outsider. Quizá sí puedo dar cuenta de una atmósfera de temor antes de ir para adelante con este programa. Porque cuando sos separado de la manada por la razón que fuere, es una sensación muy incómoda. No sé si pensarías que nunca más vas a trabajar o que verdaderamente podrías ser lastimado físicamente. Pero es cierto que hay muchas formas de atacar a alguien, especialmente si está al aire en televisión. Es algo cruel, sea por razones políticas o personales. Y es difícil atravesar eso. Estuve en esa posición; puedo decir que es difícil sobrevivir a ella. Por eso entiendo cuando hay gente que es dubitativa en algún aspecto. Pero al final del día, estás con vos mismo. Supongo que mi regla de oro es que siempre lamento lo que no dije o si no hice lo que tengo que hacer; y entonces, ya no es posible ni disculparse ni ser disculpado. Son las cosas que no decís, la gente que no defendés, son las cosas que no hacés lo que te vuelve loco al final del día”.

*Entrevista genérica cedida por Fox.



Analía Melgar