ESPECTACULOS SALIR AL MUNDO DESDE LO CULTURAL

Ficción nacional a mitad del río

La ficción nacional atraviesa desde hace años aguas cada vez más turbias.

Industria. Por más que se esté grabando Las estrellas y Fanny la fan como tiras, y El maestro, unitario con Chávez, estamos lejos de ser lo que fuimos. Nancy Dupláa en La Leona, escrita por Pablo Lago.
Industria. Por más que se esté grabando Las estrellas y Fanny la fan como tiras, y El maestro, unitario con Chávez, estamos lejos de ser lo que fuimos. Nancy Dupláa en La Leona, escrita por Pablo Lago. Foto:cedoc

La ficción nacional atraviesa desde hace años aguas cada vez más turbias. Cuesta ver la otra orilla. Por otra parte, de tocar tierra, ¿cuál sería? ¿La de una televisión de aire en la que la ficción migró al streaming, el on demand, las OTT y su visionado en otros dispositivos? La orilla de una TV de aire con una elevada cuota de ficción nacional parece, desde el hoy, la tierra dejada atrás hace tiempo. Una tierra que ya no habremos de volver a pisar. No obstante, aparecen de tanto en tanto, incluso hoy, pequeños islotes a mitad del río en los que reponer fuerzas y tomar “aire”. Ficciones como Las estrellas y la inminente Fanny la fan dan cuenta de la pelea, aunque agónica, que da hoy nuestra ficción en la TV de aire. Alianzas con productores del cable como Turner, Fox y DirecTV nos traerán pronto La fragilidad de los cuerpos, Un gallo para Esculapio, El maestro, etc. Por otra parte, la TV Pública ofrece hoy ficciones gestadas al amparo de la administración anterior, mientras la actual lanza estos días nuevos concursos para telefilms, series web y de TV, animación, etc.

Es claro que la TV está mutando, y quienes la hacemos debemos adaptarnos a ello. Digo adaptarnos y no reconvertirnos, eufemismo nefasto que oculta el “sálvate si puedes” que proponen los ya salvados desde la cuna, siempre empeñados en el negocio individual por encima del logro colectivo. Esta adaptación contempla, precisamente, el ingreso de nuevos jugadores a la producción y distribución de contenidos audiovisuales. Ahora bien, ¿qué será de nuestra TV de aire en lo que a ficción respecta? ¿Seguiremos viendo novelas turcas como ayer fueron brasileñas y mañana serán coreanas? ¿Ocuparán estas ficciones el horario central, relegando aún más nuestras producciones a los horarios más marginales de la grilla? ¿Qué rol juegan el Estado y los privados nacionales a la hora de programar y difundir nuestra idiosincrasia? ¿Estamos acaso dispuestos a generar un círculo virtuoso de producción, difusión interna y posterior exportación de contenidos como el que tuvimos hasta hace poco?

No todo son números. No siempre es un problema de costos. Si bien es claro que una lata cuyo valor oscila entre los 5 y 10 mil dólares dista mucho de los 80 o 100 mil de un episodio de producción propia, aferrarnos únicamente a esa lógica de utilidad monetaria no lleva más que al empequeñecimiento de nosotros mismos. Empequeñecimiento manifiesto en todos los órdenes. Menos productos en lo cuantitativo y cualitativo. Menor empleo para nuestros actores y técnicos. Menor acervo cultural y conciencia de lo nuestro.

Salir al mundo, insertarse en él, también se logra desde lo cultural. Los productores norteamericanos fueron los primeros en comprenderlo. Las ficciones turcas son otro ejemplo. Estambul, la ciudad más occidentalizada de Turquía, exporta cientos de contenidos que lavan la cara de una sociedad y una cultura en las antípodas de la nuestra. Y aquí ganan por lejos la audiencia en TV exponiendo un patriarcado y un sojuzgamiento de la mujer que contrasta en las calles con las multitudinarias marchas del #NiUnaMenos.

Lo que intento decir es que, más allá del dinero o la conveniencia económica para productores y distribuidores, ellos y nosotros como actores, autores, directores y técnicos –y sobre todo los espectadores– somos los responsables de la ficción que hoy está en pantalla. Si los espectadores defendieran más nuestras historias apoyándolas con su visionado otorgarían más posibilidad a los actores y técnicos del país para proponer más y mejores historias. Historias de mayor impacto y calidad que sólo vienen con la práctica y el ejercicio constante que da una industria, que como todo músculo se fortalece en la medida que se ejercita, y no al revés. De este modo, programadores y distribuidores no tendrían dudas del material a producir y poner al aire, ya que la rentabilidad de lo propio iría en ascenso y no al revés.

Sí, ya sé; suena utópico. Pero lo es tanto como creer que las dos o tres productoras ¿fuertes? que tiene nuestra TV invertirán en sesudas, vistosas y costosas producciones nacionales de calidad para recuperar un mercado que fue menguando, entre otras cosas, por no apostar en él en todos estos órdenes.

A mitad del río, insisto, el futuro de la ficción nacional en la TV de aire sigue dependiendo de nosotros mismos, sus hacedores y espectadores. Está en nosotros hacer uso, abuso o desuso de ese poder.


*Autor de La Leona (tira por la cual está nominado al Martín Fierro), Tratame bien, Locas de amor y Lalola.



Pablo Lago