ESPECTACULOS DISNEY VS. WARNER

Guerra de superhéroes para dominar el mercado mundial

Las mayores compañías de Hollywood anunciaron un calendario de estrenos hasta 2020, que asciende a casi treinta títulos. Los intentos de boicot a la competencia, la lucha por las franquicias que quedaron en manos ajenas.

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Foto:Cedoc Perfil

En el pasado, New York Comic Con/Marvel Comics anunció que cancela la revista de Los Cuatro Fantásticos, el título fundacional de la editorial y que abrió las puertas a esos personajes que hoy vestirán el mainstream del cine hasta 2020. La pregunta que todos se hicieron en forma casi automática fue: ¿por qué una de las dos compañías de comics más grandes del mundo suspendería a su, no en ventas pero sí en mito, Boca Juniors?

La respuesta abre la puerta no tanto a la dinámica interna de los superhéroes en papel sino al Hollywood actual, al Súper Hollywood, donde las franquicias (sobre todo las que visten calzas y tienen 75 años de testeo de audiencias) son las lanzas de batalla en un escenario donde tres grandes compañías dominan y buscan quedarse con todo aquello que pueda ser merchadising. En otras palabras: detrás de casi treinta películas de superhéroes anunciadas hasta 2020, hay un juego de truco y retruco billonario entre las tres compañías (Disney, Warner y en menor medida Fox).

No es casual, entonces, que el año en que se cancelará Los Cuatro Fantásticos se estrene en cine un relanzamiento de la franquicia. ¿Marvel enloqueció y boicotea a Marvel? No. Los Cuatro Fantásticos, así como X-Men y Silver Surfer son propiedad de Fox. De la misma forma que Sony es dueña de Spider-Man y Ghost Rider. Y Warner, por otro lado, es dueña de Batman, Superman y demás superamigos. Es decir: una guerra de juguetes billonarios.

La revolución Marvel. Disney es la actual dueña de Marvel (la compró en 2009 por US$ 4 mil millones y lleva facturados, bajo el ala de Marvel Entertainment, US$ 8 mil millones en diez películas, una novedad disruptiva en Hollywood, muy similar a la movida que realizó antes Warner, cuando compró los derechos de El señor de los anillos y la convirtió en una franquicia billonaria que todavía hoy factura US$ 958 millones por película). ¿Por qué no es dueña de Fantastic Four en el cine entonces y por qué cerraría su título icónico? Para torcerle el brazo a Fox, que se niega a venderle de vuelta sus propiedades originales, aquellas que la editorial –aún no vendida a Marvel– había vendido para salvarse como empresa y entrar a Hollywood a comienzo de los 90.

Con el lanzamiento de Iron Man en 2008 (cuando la oficina del estudio de cine Marvel Entertainment estaba arriba de un concesionario Mercedes-Benz en Beverly Hills), Marvel logró lo imposible: que un personaje de segunda –impulsado como nunca por un acierto de casting: Robert Downey Jr.– fuera no sólo la piedra angular de un imperio cinematográfico sino la perfecta reacción al éxito de Batman inicia, la refundación de la saga de Batman en Warner, con éxito de taquilla y de crítica.

Marvel en el cine, a diferencia de esa “excepción” que fue Batman, se preocupa por ser aquello que Pixar es en el cine y el mismo Disney en la animación: un sello, una idea de calidad. Guardianes de la Galaxia, uno de los dos estrenos de Marvel de este año, recaudó US$ 768 millones globalmente y ni los fanáticos más acérrimos de la historieta sabían quiénes eran. Punto para Disney/Marvel: la máquina de la franquicia funciona. Fox, con su resto de Marvel, y Warner, con los personajes de DC Comics, reaccionaron. Comenzó así una suerte de guerra fría entre Disney, Fox y Sony por los “bienes en calzas”: quien tenga a los superhéroes domina el nuevo Súper Hollywood, un sitio donde películas como Los vengadores o una de Batman facturan en todo el mundo más de mil millones de dólares. Y generan la misma cantidad en licencias y merchandising.

Para envidia de Fox y DC (que acaba de generar un plan similar al de su competidora, ver infografía), Disney/Marvel ha logrado con diez películas alterar los modos de facturación de Hollywood. Y todavía no estrenó ni la primera continuación de Star Wars, la überfranquicia del cine por excelencia, que le costó US$ 4 mil millones y que fue su forma de responderle a Warner, que tenía éxitos multimillonarios con las franquicias El señor de los anillos y Harry Potter.
No parece que nadie, ni Warner ni Fox, rozará las ganancias de Disney o conseguirá amenazar su liderazgo. De hecho, están imitando sus modos: hasta el reciente anuncio de títulos superheroicos, Disney, Warner y Fox reservaban fechas en el calendario para no pisarse entre sí y ver quién podía ocupar más lugares en la agenda pop.

Guerra fría. Como un Boca y River pero con superhombres, la rivalidad Marvel vs. DC (la compañía dueña de Batman, Superman, Wonder Woman y demás superamigos) parece haberse extendido como nunca al cine en los últimos meses. Es decir, dueño contra dueño, Disney vs. Warner (parte de Time Warner, la segunda compañía de medios más grande del mundo después de… Disney y propietaria de HBO, Turner y Warner Entertainment).

Imitando modos de esa pelea espejada (vos hacés, entonces yo también lo hago) típicos de la lucha entre Estados Unidos y la Unión Soviética, Warner y Disney reaccionan con violencia y doblando la apuesta a cada movimiento de su competidor. En 2013, año en el que Warner Bros. reinició la franquicia de Superman con El Hombre de Acero, se anunció en el San Diego Comic-Con Batman vs. Superman. Aprovechando la presencia tutorial de Christopher Nolan (que logró con Batman lo que nunca logró Marvel: una película para nerds considerada una obra maestra por especialista en “cine serio”), DC buscó hacer de ese tono, oscuro y pseudorrealista, su bandera. Marvel anunció, para el mismo día en que estaba planeado el estreno de Batman vs. Superman: Dawn of Justice, el lanzamiento de la tercera Capitán América (que hoy se sabe es Captain America: Civil War, e incluye, como obvio retruco a DC, a Robert Downey Jr., el reciclado actor que gracias a los dividendos de Marvel devino el actor mejor pago del mundo y ganó, sólo con regalías de Iron Man 3, US$ 70 millones). DC finalmente movió la fecha de estreno al 25 de marzo de 2016, es decir, le dejó la casilla del 6 de mayo a Disney/Marvel.

Recientemente, los rumores de la confirmada presencia de Wonder Woman en Batman vs. Superman y otros flirteos geek se hicieron realidad: DC anunció su calendario de filmes hasta 2020, y no sólo daba vuelta la fórmula Marvel sino que con Wonder Woman y Cyborg le daba a Marvel en su nervio más criticado: la ausencia de diversidad. Marvel le respondió (no sólo a DC sino a la filtración del preciado tráiler de Los vengadores: Era de Ultrón) anunciando dos semanas después su calendario de filmes hasta 2019 e incluyendo un film protagonizado por una mujer (Captain Marvel) y por una persona de color (Black Panther, que también aparecerá en Captain America 3 y antes de Cyborg). Pero la duda es: ¿cuántos de los anuncios de Marvel fueron reactivos a ese calendario de DC y viceversa? ¿Cuánto de ese subir la espuma puede hundir el modelo creado por Marvel y cuidado por Disney (y que ahora Warner/DC quiere imitar)?
Veintinueve, entre DC, Marvel, Fox y Sony, son las superpelículas anunciadas hasta 2020.

Películas de US$ 200 millones que deben facturar globalmente al menos el doble de su costo para garantizar la sobrevida de su género. ¿Hay tanto interés? Más allá de teorías que sostienen la obviedad del superhéroe como género que le viene como anillo al dedo a Hollywood (no sólo por ganancias globales, sino por el merchandising que, por ejemplo, la variedad a la hora de estrenos de Warner necesita), ¿qué pasaría si tan sólo una falla estrepitosamente? ¿Queda Hollywood patas para arriba?

Forbes, por ejemplo, sostiene que este modelo, que aquí llamamos Súper Hollywood, ya ha evolucionado y será “la” forma del cine por los próximos veinte años. Es decir: podría enfrentar tranquilamente fracasos (o un enorme e inesperado fracaso) y aun así seguir en pie (como le sucedió a Pixar con Cars 2 o a Disney con John Carter), que desde el diseño de costos, modelo de producción y perspectivas de merchandising, lo único que podría virar el rumbo de los modos superhéroe de Hollywood sería que algo viniera del espacio y dominara la Tierra. Algo, por ejemplo, que haga que los superhéroes ya no tengan esta popularidad. Algo que podría venir de una galaxia muy muy lejana.

Batallas en todos los terrenos
El duelo entre Disney y Warner no se da sólo en los cines. Se sabe que desde hace varios años la atención del espectador comienza a darle mayor espacio a la televisión, y no es casual entonces que las compañías hayan comenzado a mirar en esa dirección y amenacen con saturar también ese mercado.
Si bien es cierto que desde los principios de la pantalla chica hubo seriales basados en historietas, también lo es que desde el Batman de los 60 no hubo otro que se erigiera en un éxito indiscutible hasta, por lo menos, que la cadena de cable AMC –con coproducción de Fox– estrenó The Walking Dead, la historia acerca del apocalipsis zombie surgida de la revista escrita por Robert Kirkman y dibujada por Charlie Adlard.
Por supuesto que ese éxito motivó a las dos mayores empresas. Warner estrenó por su propio canal Arrow, y ahora multiplica la apuesta con The Flash en el mismo canal, Constantine en NBC y Gotham en Fox –hecho que acrecentó los rumores de compra/fusión entre ambas compañías (ver recuadro)–. Y prepara para el año que viene iZombie por Warner Channel y Preacher por AMC. Disney, por su parte, aprovechó el exitazo de Los vengadores para lanzar Agentes de Shield por su propio canal –ABC– y el éxito a su vez de El Capitán América para estrenar en enero Agent Carter. A su vez, la empresa creadora del ratón Mickey llegó a un acuerdo con Netflix para lanzar en streaming cinco miniseries consecutivas y relacionadas entre sí: Daredevil (se estrena el año próximo), Jessica Jones, Iron Fist, Luke Cage y finalmente Los defensores, donde convivirán los cuatro superhéroes.
El rating ya no acompaña a Constantine, apenas estrenada. Y hay que ver, ahora, cuántos éxitos simultáneos es capaz de soportar el género.



Juan Manuel Domínguez / Diego Grillo Trubba