ESPECTACULOS NICOLAS REPETTO

"Hago que mi parte gay aflore lo necesario"

Volvió a la tele en Farsantes como ex pareja del personaje de Julio Chávez. Habla del rating, dice que la ausencia de Tinelli enfrió el prime time, que no se le caen los anillos por estar  en un fracaso, y confiesa que a veces es “zurdo” y otras “de derecha”.

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El miércoles, día clave ante posible paro.
El miércoles, día clave ante posible paro.

Meses después de su adiós al reality El artista del año, que no funcionó y donde su papel era el de jurado al lado de Nacha Guevara, Nicolás Repetto vuelve a El Trece. Esta vez como actor, en una participación especial en Farsantes, y da vida a Juan, un gay que es juez y ex pareja de Guillermo (Julio Chávez). Padre de cinco hijos (Nicolás, Valeria, Juana, Renata y Francisco) y casado con Florencia Raggi, asegura sentirse cómodo para aceptar el riesgo y no hacer un estereotipo, sino a un gay sobrio y medido. “Si algún gay se enamoró de mí, nunca me enteré”.

—¿Te considerás un actor para  aceptar un rol tan jugado?
—Lo he hecho en varias oportunidades, hice temporada de teatro, películas y también participaciones en televisión. Mi profesión no es la de actor, pero lo he hecho suficientes veces como para animarme a tomar un papel con cierto riesgo como el de Farsantes. Además, en un animador hay algo de actuación. Siempre estás actuando un personaje, aunque trates de ser lo más natural posible.
—¿Cómo te sentís grabando con Julio Chávez?
—Fue bárbaro porque Julio es un número uno, y grabar con gente de ese talento te hace las cosas más fáciles. Sin duda te hace subir el nivel porque te arma la cosa y el clima. Yo creo que en la actuación, más allá de lo que recibís en un libro, el momento en que hacés la escena tiene mucho que ver con lo que está haciendo el otro, y si el otro es tan bueno como Julio te ayuda muchísimo.
—¿Tenés algún amigo gay? ¿Te inspiraste en alguno para armar el personaje?
—Sí, siempre he tenido amigos gay. Pero no me inspiré en nadie. No me tuve que extrapolar a una personalidad totalmente ajena a la mía. En todo caso, lo que intento de una manera lo más sutil posible es que mi parte gay aflore lo necesario.
—¿Va a haber alguna escena o gesto sexual con Chávez?
—Hasta el momento no. Con Julio somos una ex pareja, no sé cuál será el devenir de la tira. Eso está en manos de los autores.
—¿En qué rubro te sentís más cómodo: actor, animador o empresario?
—Animador y productor es lo que he sido durante años, es en lo que tengo más oficio y donde me siento más seguro, o sea que la comodidad está ahí, pero también me siento cómodo con la actuación. Teniendo productora comencé a ser empresario y después seguí mi vida con otros rubros que no tienen que ver con lo mediático. Las tres cosas me sientan bien, las vivo con naturalidad.
—¿Volverás a la conducción?
—No es que esté desesperado por volver a la conducción, y no sé si se puede calificar de ganas. Pero es mi oficio, es lo que hice durante treinta años. Si surge la oportunidad de hacer algo que me complace, lo haría.
—¿Cómo ves la televisión?
—Creo que en la televisión las cosas van y vienen. Yo ya me acostumbré. Ahora, más de veterano me di cuenta de que los ciclos tiene como un biorritmo. Hay veces que coincide con el tuyo y momentos en que no.
—¿Y el minuto a minuto?
—Ayuda a la medición, al producto creo que no. Ponele un programa en vivo y estás con el minuto a minuto. Le das el poder a la gente para que decida qué tipo de televisión estás haciendo, y yo no creo que la gente sepa más de televisión que el que la hace. De alguna manera yo tengo que saber qué quiere la gente, pero también tengo que tener la posibilidad de venderle otra cosa además de lo que pide. Alguna vez dije lo de fideos con tuco y se armó un despelote bárbaro, pero lo que quise decir con eso fue que si uno no es cocinero y se mete a elegir una carta de un menú nunca va a aparecer un plato demasiado sofisticado. Yo pediría una milanga con puré que es lo que a mí me gusta, un bife con papas fritas, iría a lo básico. “¿Y qué pasa con el minuto a minuto?”, para mí empareja un poco para abajo. A mí me gusta la variedad, también me gusta la cosa popular. Porque a mi criterio, que no digo que sea el mejor, pero era y sigue siendo el mío, hay que tratar de captar a la gente, pero una vez que la tenés ahí meterle alguna cosita. Lo que pasa es que yo, aunque a veces no me lo creen, nunca hice algo estrictamente por el rating.
—¿Extrañás estar en TV?
—No, cero. Cuando hago TV me encanta hacerla y cuando no la hago no me agarra miedo ni pienso si desaparecí, o si fui. No me importa nada, ya soy un señor grande. De la televisión soy un agradecido eterno porque me dio todas las posibilidades del mundo de realizarme, más allá del beneficio económico y de que pudiera progresar en la vida.
—¿Por qué creés que hay  bajo encendido en la tele?
—Es muy bajo porque tenés mucha oferta de cable. Antes, la publicidad estaba en la tv abierta y hoy si mirás cable las pautas publicitarias son enormes. Así que el bajo encendido es porque está desparramado por todos estos canales que hay, y que encima cada vez tienen mejor programación.
—Y que Tinelli no haya estado en la pantalla, ¿pudo haber influido en que baje?
—El es muy convocante y es muy sensible a lo que la gente quiere. Así que sí, puede ser que por el hecho de que Marcelo no esté haya bajado un poco el encendido en el horario central, y por lo tanto la gente se haya desparramado un poco.
—¿Disfrutaste de tus años sabáticos?
—Sí. En los años sabáticos, respecto de estar en cámara, no me alcanzaba el tiempo porque hacía de todo. Desde las tareas que hago fuera de la tv a todas las cosas retrasadas. Entonces te encontrás con tiempo para la familia, para hacer lo que no podías hacer, para darte gustos que no te podías dar, para gastarte la que ganaste, que si no no tenés ni tiempo (risas).
—¿Por qué decidiste ser jurado en “El artista del año”?
—Me parecía que tenía la experiencia suficiente, y además porque la propuesta venía de gente amiga, de la productora de Mariano Chiade y conducido por Mariana, que es una conductora que me encanta. El final no fue alegre, pero no se me cae ningún anillo por haberlo hecho.
—Viste a Florencia en “La casa de Bernarda Alba”. ¿Te gustó?, ¿son críticos entre ustedes?
—Los dos somos muy críticos, pero de analizarnos y hacer una devolución. En la obra Florencia está impecable, y no lo digo porque sea mi mujer, porque hay otras cosas que no me han gustado tanto. Flor tiene la desventaja de ser mi mujer, y muchos lo ven como una ventaja, lo cual lo hace doble desventaja. Cuando nosotros empezamos a estar juntos ella ya protagonizaba su primera tira en Telefe. Todo lo que hizo se lo ganó por sí misma. Así que creo que a veces se comió algunas injusticias.
—¿Te bancás las críticas?
—Obvio. Aparte he leído mil veces cosas con respecto a mí que dije: “Uh, éste metió el dedo en el clavo”, o “¡mirá! éste piensa igual con respecto a mí en lo que hice acá o hice allá”. Entonces esas me sirven, las que están cerca. Un tipo que te manda una cosa violenta, que se muestra enojado, o que te descarta de una manera procaz, ese tipo no importa. 
—Después de 18 años de pareja, ¿cómo se mantiene la pasión?
—Tenés que salir a buscar esa pasión. No hay que perderla, porque con cero pasión, cero pareja. O sea que tiene que haber una cuota de pasión, hay que salir a encontrar otras complicidades. Empezar a encontrar otras cosas en tu pareja que te empiecen a interesar, inventar lugares comunes nuevos.
—Siendo el sobrino nieto del presidente del Partido Socialista, Nicolás Repetto, ¿vos sos de derecha?
—Yo no sé cuál es la derecha, cuál el centro y cuál la izquierda. Me tiene confundido, así que me es difícil ubicarme en un mapa.
—¿Te gusta cómo está la política actual?
—Ni a mí ni a nadie le gusta, no es que te hago un análisis sobre el  kirchnerismo, yo nací escuchando las conversaciones de peronismo y antiperonismo en la casa de mis abuelos. Y a esta altura, cincuenta años después, ver que otra vez está esta misma antinomia de esta manera cargada de odios y sintiendo que si uno gana es para joder al otro, a mí no me parece que sea lo que tiene que ocurrir.



Verónica Judkovsky