ESPECTACULOS JULIO CHAVEZ

“Hay muchos colegas que no tienen trabajo”

A punto de estrenar Un rato con él junto con Adrián Suar, habla de la situación de los actores argentinos. Considera que Ricardo Darín no ha trascendido en el mundo.

SILLON. Julio Chávez dice que el teatro sufrirá las consecuencias de tiempos donde la comunicación se empobreció.
SILLON. Julio Chávez dice que el teatro sufrirá las consecuencias de tiempos donde la comunicación se empobreció. Foto:aballay

Suele cruzarse al bar ubicado frente a El Nacional a tomarse un café y le es inevitable quedarse estoico al mirarse retratado en la cartelera de Un rato con él, puntapié inicial con el que la sociedad Diego Romay-Ignacio Laviaguerre-Adrián Suar comienza la puesta en valor de la sala con el objetivo de estrenar obras que luego puedan exportarse. “Me digo: ‘qué rara experiencia’. Veo: ‘Julio Chávez y Adrián Suar’, con lo popular que es Adrián, que además, es mi productor con el que vamos a hacer la quinta ficción. Y por otro lado me digo: ‘¡qué bien!’.” Pero a Julio Chávez se le borra la sonrisa. “Y también pienso en que hay muchos colegas que no tienen trabajo y que la están peleando. Me siento dichoso con mi vocación, los dioses me tiran frutas.” Julio Chavez, a los 60, pero con un cerebro y una vocación que desconoce fechas, espera el 19 de mayo, día de estreno de la obra que además lo tiene como co-guionista, junto a Camila Mansilla, y trae lastre a una cartelera que parece repuntar luego de un inicio para el olvido.

—Miro el teatro y lo veo enorme. ¿Te preguntás si vendrán?

—Por supuesto que dentro mío está esa pregunta, nadie tiene la vaca atada, y querés que la obra funcione. Salir a saludar con sala llena es mucho mejor que hacerlo con la sala vacía, eso te lo aseguro.

—¿Cómo combinás la vocación del actor, el oficio de un intérprete, con la carrera comercial?

—Cuando empecé a trabajar como actor hace 42 años, lo primero que hice fue una película comercial que se llamaba No toquen a la nena, con actores conocidos, y se estrenó en un cine re-contra comercial. Lo segundo que hice fue una publicidad para la marca de cigarrillos Jockey Club. La palabra comercial siempre está en el interior de lo que hago, con mayor o menor intensidad. Me parece muy atractivo y no reniego. Algunos se sorprendieron de que hice una tira (Farsantes) y nunca lo entendí.  

—¿Sentís que el actor argentino se puede nivelar con el actor inglés?

—¡Eh!, no, muy difícil. Eso tiene que ver con otra escuela, con un oficio, un hábito, con generaciones y generaciones, con una lengua. Asimismo, no creo que ningún inglés pueda a hacer a Discépolo como los argentinos. Sí siento que cada vez más perdemos el teatro de texto en relación a esos textos, como Hamlet de Shakespeare. Estamos en un momento en que la palabra dicha es cada vez menos escuchada, la palabra escrita es todo por WhatsApp y acortada. El teatro va a sufrir, lamentablemente, las contemporaneidades. Es muy difícil que los jóvenes lean todas las obras y que tengan la paciencia de sentarse y tomar contacto con la lectura. Pedirles profundidad y reflexión hoy sería muy pretencioso.

—¿Hay algún actor argentino que por talento pueda trascender alrededor del mundo?

—Creo que hay personas en el mundo que se han expandido de manera muy fuerte, pero nadie comió la pizza entera. A uno le tocó media pizza, a otro una parte quemada, pero, ¿la totalidad? Nadie. Mastroianni y Josephson, y argentinos hay actores que se expandieron enormemente como Ricardo (Darín), pero no es la torta entera. Han copado un mercado, pero eso tampoco significa trascender en el mundo.

—La obra es un texto argentino que bien podría presentarse en el Teatro Nacional Cervantes, hoy dirigido por Tantanian, y donde volvió a exhibir Bartis. ¿Te gustaría estar en su programación?

—Sí, sin lugar a dudas. Estoy pensando en presentar un proyecto como director para otra sala oficial que es el San Martín. Justamente un Discépolo, en algún momento tal vez lo haga.

—El 25 de mayo reabre el San Martín...

—Sí, lo sé, y está muy bien que eso pase, se agradece, alivia, y alegra. A veces digo ¡qué ganas de hacer un programa en la Televisión Pública!, no pude hacer En terapia, y me encantaría. Pero si no pasa, no pasa.

— “La terquedad”, de Rafael Spregelburd, en el Cervantes, conlleva un lenguaje muy interesante, un engranaje del tiempo sublime, y actuaciones excelentes. ¿La viste?

—Sí. A mí me interesa enormemente lo que es ese autor (Rafael Spregelburd) cuando piensa, cuando comunica los temas y las preocupaciones sobre las que piensa. En esta preocupación que él tiene del fascismo del lenguaje, creo que lo acompaño. Después hay cosas que me generan ruido, como en un bar. Es un material que hay para discutir. Yo entiendo que el teatro es un espacio de discusión, no sólo de acuerdo. Me gusta mi oficio, y discuto. No conozco a Spregelburd, nunca lo vi en mi vida, pero discuto con él. Aun en el desacuerdo agradezco al que me hizo pensar.

Un rato con él  trata sobre el encuentro de dos hermanos de distinta madres que, una vez hecha la sucesión, deciden hacer por último una repartición de objetos. Chávez es Gregorio, un ser desinteresado de lo material, y Suar es muy preocupado por lo que él cree que merece. “Este texto está construido por un deseo mío de tener un hermano varón menor que no tuve”, reconoce el actor, quien en la vida real tiene una hermana menor.

—¿Tenés un vínculo cercano con ella?

—Tengo un vínculo histórico muy fuerte, y un vínculo actual muy poco expresivo en relación a lo que fue. Pero te diría que nuestro vínculo es respetuoso y distante. Es respetuoso porque creo que con las relaciones cuando uno toma distancia, se debe respetar el lugar que ocuparon. En los vínculos me impresiona mucho el maltrato que viene después que terminan, porque te bancaron, te escucharon roncar, y mínimamente hay que decir gracias.

—¿Pasaste por momentos de heredar o dividir cosas materiales por una separación amorosa?

—Sí. He vivido separaciones donde he cedido más de lo que correspondía. A veces para liberarte de un vínculo, está muy bien pagar. Así, tan sencillo es: “¿Eso sale? No hay problema, te lo re-contra pago”. Y adiós.  

Tres días después del estreno de Un rato con él, el lunes 22, Julio Chávez iniciará las grabaciones de El maestro, la quinta ficción que lo tendrá de protagonista en El Trece. “Un maestro de danza, retirado, con una escuela formativa, separado con un hijo; este hombre tiene un día de furia, a su hijo que viene con el nieto de España lo agarran con droga en la valija, le entregan al nieto de seis años a quien conoce poco y se hace cargo; su maestra de danza muere y le recomienda una alumna dilecta que se entrene con él, con quien establece una relación amorosa”, cuenta Chávez. Filmará em locaciones de exteriores en el Microcentro, San Isidro y Caballito.  

—¿Estás entrenando danza clásica?

—Sí, desde hace un año. Me entreno en Palermo con un gran maestro de danza que se llama Raúl Candal que fue primer bailarín del Colón, una década anterior a Julio Bocca. Ahora me voy para allá.


Suar: “Tengo el cuero curtido por las criticas”

Adrián Suar también tiene un doble rol en El Nacional. Además de ser Darío, el medio hermano de Chávez, asume como programador de la sala, en sociedad con Nacho Laviaguerre y Diego Romay, por el lapso de diez años. “Con respecto a la taquilla se ha dado una situación poco común en los últimos 12 años de la cartelera porteña que es tener tantas figuras y espectáculos convocantes como lo está demostrando Sugar, Francella (Nuestras mujeres), Ricardo (Darín, Escenas de la vida conyugal), Peretti (Los vecinos de arriba). Todos están muy bien, funcionan, y nos da una enorme responsabilidad para poder seguir haciendo buenos espectáculos. La gente tiene ganas de ver cuando hay tantas figuras en calle Corrientes y no sólo por las figuras, sino también porque habitan espectáculos buenos”.

—¿Estás pendiente de la crítica?

—Sí, por supuesto, como todo actor. Pero no me modifica mi estado de ánimo, tengo el cuero curtido de críticas buenas y críticas malas. Ni las buenas me generan un estado de que toco el cielo con las manos, ni las malas me mandan al último vagón del tren. De las malas, generalmente, cuando siento que tienen razón, trato de aprender, y de las buenas también.

—Fuiste y sos su productor, ¿cómo es compartir escenario con un actor de la talla de Julio Chávez? —Un placer. Uno aprende mucho de alguien de ese tamaño de actor que es Julio. El proceso de ensayos es de aprendizaje, de mirar, observar. Más que estar a la altura de él, trato que mi personaje esté a la altura del espectáculo, del rol que me toca, y tratar de hacerlo bien. Igualmente al lado de Julio todo es más fácil.