ESPECTACULOS YOYI FRANCELLA & MINERVA CASERO

Herederas del talento y las ganas de brillar

Estrenan protagonismo en la ficción de Heidi, bienvenida a casa y cuentan cómo viven y sueñan la carrera artística.

Juntas. El elenco completo de Heidi, bienvenida a casa, de Nickelodeon. Minerva con su padre, Alfredo Casero. Yoyi, Guillermo y Marynés Francella.
Juntas. El elenco completo de Heidi, bienvenida a casa, de Nickelodeon. Minerva con su padre, Alfredo Casero. Yoyi, Guillermo y Marynés Francella. Foto:Juan Obregon
Para Minerva Casero y Johanna “Yoyi” Francella el apellido que figura en sus DNI es meramente una cuestión hereditaria, y lejos de ser un peso, les da orgullo ser las hijas de Alfredo Casero y Guillermo Francella. De hecho, coinciden en que la elección de continuar con el legado artístico se da de manera natural, al crecer entre estudios de televisión, camarines y recitales. “Yoyi”, de 23 años, y Minerva, de 17,  forman parte del elenco de Heidi, bienvenida a casa, la nueva tira para chicos de Nickelodeon que debutará el lunes 13 de marzo a las 20.   
—Pasó el fenómeno “Violetta”, hoy es éxito “Soy Luna” y se viene “Once” en Disney. ¿Qué le ven de diferente a esta ficción?
CASERO: Es un proyecto muy particular, que no se vió hasta ahora. No muestra la vida tal cual como es en la mayoría de las tiras para chicos. Es un mundo fantasioso que lo hace más atractivo. Mostramos el mundo de Heidi, pero modernizado, hay celulares, computadoras, tablets, mucho color.
Sus personajes se cruzan muy poco en la historia escrita por Marcela Citterio. “Yoyi” es Vicky, camarera de un bar cuya dueña es la villana de la serie. Minerva es Morena, una joven fashion que regresa de vivir en Miami y se instala con su madre frente al bar francés. “Los personajes siempre estamos vestidos iguales. Lo que dijo la guionista es que quieren fijar en la retina del nene, como pasa con Los Simpson”, cuenta Francella, quien participó en Noche & Día. “Creo que en la historia se van a copar desde muy chicos hasta los 13”, considera Casero.  
—¿Con quiénes se formaron?
FRANCELLA: Durante la secundaria iba a Procenio, una escuela de comedia musical, y seguí tres años y medio más. Paralelamente hice teatro con Nora Moseinco, después seguí con el Indio Romero, Luz Palazón y me fui a Nueva York a hacer un curso intensivo en 2015 en Lee Strasberg. Me costó entrar, en el primer examen de inglés me bocharon, y lo hice de vuelta y aprobé con 91. Valió la pena.   
C: Estudié teatro con Nora Moseinco dos años, canto lírico tres meses con Haydée Girardi, y ahora sigo con Angeles Díaz Colodrero. Terminé de cursar la secundaria el año pasado, debo matemáticas. Soy malísima para matemáticas, se me dan vuelta los números. Pensé que tenía dislexia, pero no, es que sólo uso un hemisferio de mi cerebro.  
“Yoyi” Francella terminó un noviazgo de cuatro años, se refugia en sus amigas de toda la vida y pasa horas viendo series en Netflix. Dice que en su auto escucha Cristian Castro, Maluma u Ojalá que no puedas de Cacho Castaña. Minerva Casero lleva dos años de noviazgo, con presentaciones oficiales, y dice que escucha The Jackson 5 y se reconoce fanática de Sandro. “Lo amo, escuchaba todas sus canciones. Las abuelas de mis amigas se ponen re-contentas porque hablamos de Sandro y escuchamos su música. El día que murió en 2010 me puse muy mal”, dice la actriz que fue parte de Esperanza mía.   
—¿Por qué decidieron seguir la profesión paterna?
C: Se dio naturalmente. Cuando era muy chiquita mi papá se subía a cantar a los escenarios y me llamaba para cantar. ¡Tenía tres años! Siempre hubo una conexión muy real porque mi mamá es artista plástica (Marisa Rogel), lo racional y que tiene que ver con lo numérico en casa no funciona. Todos usamos un solo hemisferio de nuestro cerebro. Lo tenía tan natural que jamás dije “voy a ser actriz”, porque lo estaba viviendo, no lo pensé como una meta. Pensé en ser abogada, pero me di cuenta que lo que quería era eso que me haría feliz, que quería brillar, ser actriz.
F: Igual. Desde muy chiquita no había nada que me gustara más que ir con mi papá a los estudios, que me maquillen, que me peinen igual que a una actriz. Era una felicidad extrema. Faltaba al colegio. Hacía escenas de películas frente al espejo. Al terminar la secundaria mis amigas siguieron abogacía, medicina, y sin dudarlo yo fui por el camino de la actuación. Sé que es jodida la carrera y es un mundo hermoso, pero con muchísimo vértigo.
—¿Qué admiran de sus padres?
F: Lo que más admiro de mi viejo es lo que laburó para llegar a donde está. Sé la historia de memoria. Tanto mi hermano como yo no lo vimos sufrir, de golpear las puertas y que no se le abrían, de hacer obras  propias. Remó, luchó. Sigue siendo el ser humilde de sus inicios, tiene sus amigos desde chico, su amigo de Béccar de toda la vida es mi padrino, a quien amo, está superpresente en mi familia. A mi hermano y a mí nos enseñó siempre a cuidar las raíces.
C: Mi papá empezó a actuar a sus casi 30 años. Tuvo toda una vida hiperdifícil antes, una infancia complicada, y a veces me siento a escucharlo y se me caen las lágrimas. Digo: ¿cómo podés revertir tantas situaciones para lograr lo que vos querías? Mi papá nunca traicionó su sentir, y  al mismo tiempo tiene como una estrella especial. Es como si todo hubiera estado prediseñado. Me postearon en Facebook cuando mi viejo cantó en el Mundial de Japón, y recordé una de sus frases que dice siempre: “cualquiera puede”.