ESPECTACULOS CRISTINA BANEGAS

“Hipotequé mi casa para hacer El Excéntrico”

Hoy terminan los festejos en la sala que la actriz y directora fundó hace treinta años. Habla de los cambios que vivió y cómo pudo sobrevivir en el circuito no comercial.

JUNTAS. Banegas con Nelly Prince, Valentina Fernández de Rosa y Sofía Stead.
JUNTAS. Banegas con Nelly Prince, Valentina Fernández de Rosa y Sofía Stead. Foto:Marcelo Aballay
E n un país donde tantas salas se cierran o teatros se destruyen el que un espacio cumpla treinta años es una verdadera fiesta, que su creadora, Cristina Banegas lo empezó a festejar en septiembre, con su público.
Corría el año 1986, con una democracia muy joven se inauguró un teatro en pleno corazón de Villa Crespo. “Cuando llegamos eran sólo dos piezas, un baño, una cocina y un inmenso galpón”, recuerda hoy Banegas.
—¿La idea de tener el teatro propio cómo nació?
—En realidad queríamos un espacio para dar clases y usarlo de taller. Ensayamos durante más de un año y medio El padre de Strindberg con Alberto Ure y se lo mostramos a Kive Staiff, director del Teatro San Martín, pero no le interesó la propuesta. Estrenamos el espectáculo en el festival de Córdoba, fuimos de colados al Instituto Goethe y las críticas fueron excelentes. Ure sabía cómo construir buenas estrategias porque había sido director creativo de publicidad. No había muchos espacios en esa época y decidimos presentarlo aquí. Esto era barrio, barrio, no existía Palermo Hollywood, no estaba de moda. Aquella propuesta conquistó al mundo psicoanalítico de Buenos Aires y por eso enseguida prendió.
— Eran años sin subsidios, no estaba ni el Instituto Nacional del Teatro (INT), ni Proteatro, pero ya existían los préstamos del Fondo Nacional de las Artes (FNA): ¿lo usaste?
—Efectivamente, hipotequé esta casa porque los vecinos se quejaban ya que los techos eran de chapa y parecía un megáfono, amplificaba todos nuestros gritos. Además ensayábamos de noche. Tuvimos que hacer un cielo raso acústico y para eso pedí dinero al FNA pero tardaba mucho, me prestaron plata y cuando me llegó el dinero no me alcanzaba para nada… me había agarrado la hiperinflación. De esas anécdotas tengo muchas. Fue muy importante para todos los espacios y de todo el país la creación del INT, nosotros en esta ciudad, además, tenemos la ayuda de Proteatro.
—¿Cómo surgió este nombre?
—Lo eligió Ure, vino un día con un papelito y una lista donde figuraba “El excéntrico”, porque estaba lejos del centro, apostábamos a una estética y un lenguaje alejado de todo, de lo oficial, de lo comercial y tampoco de aquellos teatros independientes. El número es porque es ésta nuestra circunscripción. Es un espacio con taller, que se parece al de Ricardo Bartís, Pompeyo Audivert o Norman Briski; mientras que Andamio tiene currícula oficial. Siempre tuve una línea alternativa, preferí los bordes, no lo oficial. Desde hace diez años la programación la hace Valentina Fernández de Rosa, mi hija. No hubiera podido sostener este espacio sin ella.
—¿Cómo afrontarán los aumentos de luz, gas, agua, entre otros impuestos?
—Es muy grave. No hay manera de equilibrar, son tarifazos, gestos desmesurados y pareciera que no se resuelven bien. Leí que con el gas no se volvería atrás, tampoco con la luz. No es un problema complicado sólo para los independientes, los comerciales están igual.
—Rottemberg anunció que cerrará tres de sus teatros.
—Aquí tenemos una persona de limpieza, hay que pagarle a un contador, a un técnico… es una infraestructura mínima pero necesaria. Integramos Artei y se están reuniendo con el actual ministro de Cultura, peticionamos y estamos atentos a que nos escuchen para poder seguir funcionando. Hay más de doscientos espacios, entre Artei y Escena (un poquito más marginales que nosotros) somos todos teatristas pero se viene algo muy oscuro. No sé cómo lo vamos a sostener.
—¿Por qué tendría privilegios el teatro si no lo tienen las universidades…?
—Todos se merecen estas prioridades. Como decía Brecht primero comer y después la moral. El recorte de presupuesto a la ciencia también es gravísimo, es profundamente destructivo. Lo que conforma una sociedad debe percibir lo que necesita.
—¿Cuál es el camino que tiene la cultura dentro de la democracia?
— Deberá haber muchos gestos, manifestaciones y actos. Hay que proyectar y reflexionar. Nuestros espacios son por definición de resistencia cultural, no somos empresarios. El teatro es una gran actividad, tenemos muy buenos actores, también el cine y la televisión nacional avanzaron mucho, sin olvidar la formación que también creció.
—¿Y los teatros cerrados como el San Martín y el Alvear?
—En el San Martín estuve hace tres años, estaba mal, pero es complejo entender qué se está haciendo en otros teatros, a lo mejor quieren hacer fiestas o bodas. Cuando hicieron el reciclaje del Colón, recuerdo que vi –la tuve entre mis manos– una madera de su escenario original, como regalo empresarial.