ESPECTACULOS

Historia, país y sociedad bajo la lupa de Pinti

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Foto:Gentileza Anita Tomaselli

Enrique Pinti define desde el programa de mano de Salsa criolla 30 años este género que representa: “Music hall arrevistado”. La primera versión en 1985 conquistó casi dos millones de espectadores. Proponía una revisión histórica de nuestro país desde la conquista de América. Hoy subraya con una estructura circular su homenaje al circo criollo, origen de la escena nacional. Mantuvo los primeros cuadros y agregó los últimos años transcurridos, modificando el principio y el cierre. Como autor no hace concesiones, es un opositor sistemático, pero claramente democrático, ya que las palabras que usa hacia las dictaduras son evidentemente las más duras de su propuesta. Su provocativo vocabulario ya no sorprende, ni asusta.

El monólogo político fue uno de los ejes más importantes en la revista porteña, desde principios del siglo XX, una vez que decantó la influencia española y francesa. Es Pinti un continuador de esa tradición casi perdida, que tuvo como antecedentes más notables a Florencio Parravicini y a Pepe Arias, aunque los más jóvenes recordarán a Tato Bores, porque la televisión le dio más popularidad. Confeso admirador de la comedia griega, al igual que de Aristófanes, Pinti busca que sus espectadores reflexionen sobre la actualidad. Expone bajo su mirada feroz nuestro pasado y él se ubica como argentino “típico” empujado por los cambios políticos de este país.

El espectáculo contó con dos actores que lo ayudan en sus cambios para mantener la atención del público. Tanto Martín Salazar (siempre recordado “macoco”) como Martin Sipicki demuestran excelencia en todas las aéreas requeridas. Cada uno del equipo que integran Sandro Pujia (luz), Gastón Brisky (sonido), Elizabeth de Chapeaurouge (coreografía), Gregorio Vatenberg (música original) y Ana Carfi (coros) suman aciertos. La escenografía de Oria Puppo propone un paralelismo con un libro, pintando cambios de tiempos y lugares con dibujos significativos. El vestuario de Renata Schussheim una vez más sorprende con colores y diseños que van ilustrando las distintas épocas.

La historia la hacen los pueblos, y quienes están sentados lo saben. Quizás Pinti sea hoy por hoy uno de los pocos artistas capaces de conseguir ese silencio palpable en un público dispuesto a ser recriminado. Incluso su presencia sin artilugios, sólo su palabra, con su tan característico decir acelerado (técnica ya usada por los griegos en sus comedias) consigue esa magia escénica, subrayada con el conmovedor final, al cantar Quedan los artistas.



Ana Seoane