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“Irreverente como los Beatles”

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La mayoría del público argentino conoce Amadeus por la genial película de Milos Forman con Tom Hulce y F. Murray Abraham que en 1985 se alzó con nueve Oscar, incluyendo mejor película, director y actor. Sin embargo, la película se basaba en la obra teatral escrita por Peter Shaffer y estrenada en Londres en 1989, sobre la que se hizo una versión local dirigida por Cecilio Madanes en 1983 –un año antes del estreno del film–, también con Oscar Martínez, con la diferencia de que en aquella interpretaba al joven Mozart y ahora al veterano Salieri.
—¿Qué le aporta esta versión a la historia?
DLS: Creo que la puesta de una gran dinámica, de una precisión y belleza conmovedora.
Oscar, hiciste esta obra hace treinta años, ¿lo vivís como una obra diferente o una especie de reposición?
M: Pablo Kompel (uno de los productores de la obra) me habló de este proyecto hace unos dos años y no me entusiasmó, porque tengo el prejuicio de no repetir obras. Después me convenció y pensé: pasaron treinta años, es otro personaje, el texto está aggiornado y acotado; la que hicimos con Cecilio duraba tres horas y esa menos de dos.
—¿Qué desafío te presenta Salieri?
M: Hacer un villano, porque son personajes muy atractivos. Hay que tratar de que no sean obvios, que no tengan un cartel en la frente que diga “mirá qué malo que soy”. Por eso Salieri logra su propósito, porque consigue que Mozart, que era un ser superior con una gran intuición, se haga su amigo. Hasta quedó como protector de uno de los hijos de Mozart.
—¿Cómo trabajaron la época?
DLS: Esta profesión tiene la magia de permitirte bucear no sólo personalidades sino también épocas. Yo hice a San Martín o Alberto Granado. En este caso nos queda lejos Viena en el siglo XVIII. Ponerte el vestuario, los zapatos, la peluca, eso te coloca, articulás diferente, te ayuda mucho.
M: A su vez tuvimos gente que nos asesoró con el protocolo.
DLS: Claro. No hablás igual con el emperador que con Salieri.
M: El único que rompe eso, por ser tan irreverente, es Mozart. Es como Los Beatles entrando al Palacio de Buckingham.



L.M.