ESPECTACULOS TELEVISION


La edad de oro de las series, en jaque

Todos los indicios dan cuenta de que nunca hubo un mejor momento para las ficciones en la pantalla chica. Pero la industria, o parte de ella, piensa que nos encontramos en una burbuja que está pronta a estallar.

Trio. Estocolmo debutará en Netflix. Magnífica 70 y House of Cards, exponentes de la nueva edad de oro.
Trio. Estocolmo debutará en Netflix. Magnífica 70 y House of Cards, exponentes de la nueva edad de oro.
Foto:Cedoc Perfil
Ya en 2013, Steven Spielberg sostenía: “Si pensamos que es un parámetro de lo que sucede en la cultura hoy, la televisión ha tomado el control de la conversación que solían ocupar las películas. Es una segunda edad dorada de la televisión, lo cual es muy bueno para los espectadores… Si te gusta que tus historias sean profundas y tengan peso, la televisión es lo que excita hoy”.

Spielberg, años antes de patalear contra el Súper Hollywood basado prácticamente en franquicias, dejaba claro el sendero que después pisarían nombres que creíamos puro cine, como Martin Scorsese, Oliver Stone, Steven Soderbergh, Michael Mann, Baz Luhrman y ahora Woody Allen, confirmando su llegada como director y actor a Amazon. No hay dudas: la televisión manda, al menos en la conversación cultural del siglo XXI y series novedades como Stranger Things o The Night Of devienen, con razón o no, tótem culturales de las redes sociales. Y, claro, clásicos como Los Sopranos, The Wire, Mad Men, Sherlock, House of Cars u Oz adquieren estatus de “invencibles” al mismo tiempo que los capítulos de The Walking Dead y Game of Thrones, las dos series pop del momento, llegan a costar casi 10 millones de dólares cada uno. ¿Cómo será la televisión cuando los episodios cuesten 20 millones cada uno? ¿O no llegaremos a ese instante debido a eso que se llama “el fin de la TV”?

Aquel modelo que comenzó con HBO, que decidió a comienzos de los 90 que como servicio Premium de cable su valor neto sería la calidad, y que fue seguido por AMC (Mad Men, Breaking Bad) y Showtime (Homeland, Dexter) y se bifurcó con la llegada de Netflix, que eliminó al cableoperador para ofrecer sus servicios a través de la conexión a internet, es, sin dudas, la segunda edad dorada de la televisión. La idea fue la misma siempre: ofrecer aquello que lo mainstream no se animaba a producir, ir un poco más allá. Si antes el modelo económico se basaba en la publicidad, y poco importaba que los espectadores la odiaran, entonces HBO tomó ventaja de ese odio y lo monetizó. Netflix duplicó la apuesta y modificó otro asunto central: el horario obligado. Y sólo hablamos de un aspecto, porque suceda lo que suceda en los próximos diez años es obvio que la televisión, las series, no pueden volver a aquel lugar donde se producía basura tan sólo para llenar espacios entre shows o sitcoms que son un éxito.

La edad dorada, la segunda, es cuantificable: entre 2009 y 2015, en Estados Unidos, las ficciones, a diferencia de realities, deportes o noticias, prácticamente se duplicaron. Pasaron de ser 200 a ser 409. Casi un 105% de incremento. Netflix sólo produce casi 600 horas de televisión original, y gasta 5 mil millones en programación, incluyendo sus compras de derechos. Pero esa edad dorada ha generado odios, terrores y una pregunta: ¿este sistema puede durar mucho tiempo más o estamos a punto de verlo caer ante su propio peso? ¿Morirá la televisión el día que los deportes y las noticias se pasen al streaming?

Natpe es la Asociación Nacional de Ejecutivos de Programas de TV, una entidad que se reúne anualmente y es un mercado vital para la venta de series. En su encuentro anual en el pasado enero, se habló mucho de un concepto: el fin de la edad dorada. El presidente de FX Network, John Landgraf, le dijo a la Television Critics Association: “Simplemente hay demasiada televisión”.
En términos de calidad, es difícil pensar en un fin cercano. Todos esperan la nueva gran serie con el nuevo gran nombre. Pero del lado de la industria hay malestares varios que apuntan a ese supuesto instante de crisis: incluso se ha comparado el boom de las series con el boom de las startups a comienzos de 2000. El presidente de programación de FX, Eric Schrier, se quejó de la naturaleza de los servicios de streaming, que nunca dan números de su público y hasta pagan un 20 o 30% más a los talentos y rubros técnicos: “Cuando competís contra un negocio que no tiene que mostrar sus ganancias y que puede pagar lo que quiere, eso infla el mercado en términos de cuáles son los costos generales”.

La mitad de los integrantes de Natpe cree que la tendencia de generar más series va a crecer en los próximos dos años, pero nada se sabe del después. Y no hay que olvidar la forma en que servicios de streaming como Netflix, globalmente, y Hulu y Amazon, tienen un rol clave en el futuro del entretenimiento. “Nuestra entrada en la programación original dio inicio a la explosión más grande de producciones originales en la historia del medio”, dijo el jefe de contenidos de Netflix, Ted Sarandos, a la revista Fortune en octubre de 2015. Y tiene razón. Pero esa expansión (Netflix tuvo en el último cuatrimestre de 2015 más estrenos que en todo 2014, y es parte de un plan que implica el gasto de 5 mil millones en programación original) ha traído problemas. En julio, el gigante de Netflix declaró que tan solo habían tenido 1,7 millones de nuevos miembros, cuando en su proyección se creía que habría 2,5 millones de nuevos miembros. Y fue un número menor a los 3,3 millones de nuevos miembros que había visto en 2015. Se habló de la forma en que los medios cubrieron el aumento del costo del servicio, las Olimpíadas y las dificultades que implica la expansión global de la compañía. Bajaron sus acciones y el miedo por “el fin de la televisión” apareció.

Netflix, Hulu y Amazon, los grandes del streaming, han cambiado las normas: hoy el valor está en el cliente, y no en la publicidad. Son compañías que anularon la monetización posterior (ventas a otros países, por ejemplo, o sindicalización dentro de Estados Unidos), y se quedan con los derechos globales, es decir, que modificaron la forma de economizar un show, anulando las regalías que antes hacían millonarios a showrunners, guionistas y actores. Pero también se habla de una inflación de costos, generando un mercado irreal dentro de la industria, que no podrá sostenerse en el largo plazo. Algunos piensan que ese gasto sin control está llevando a un punto de quiebre: la producción de más televisión de la que la gente puede ver, y una industria donde el streaming, y no la televisión por cable, dictaría los términos. Un nuevo modelo que todavía no está perfeccionado.

Pero hay una razón por la cual las cadenas le temen al nuevo modelo así como los cines le temen a internet: lo cierto es que nunca nadie les había peleado mano a mano determinadas franjas de público. Por lo pronto, las series viven una edad dorada. ¿Cuánto más durará?

Juan Manuel Domínguez